Una
empresa culpable, por supuesto. Pero también una sociedad indiferente
¿De
dónde viene la terrible reputación de la empresa Monsanto,
líder mundial de la industria de la biotecnología?
Una periodista del diario inglés The
Guardian se lo preguntó, haciendo una pequeña historia
de esta empresa. A la conclusión que esta llega, es que Monsanto
es responsable pero también enfatiza en la importancia en el
contexto social y económico en el cual se desarrollan este tipo
de multinacional.
Al inicio de sus negocios, en 1901, Monsanto distribuía sacarina,
un sustituto del azúcar. Después de esta experiencia,
la empresa se centró en productos químicos agrícolas.
En la segunda Guerra Mundial, las necesidades de la reconstrucción
y de las nuevas esperanzas de desarrollo en el mundo occidental permitieron
a Monsanto intensificar su crecimiento, con productos con el herbicida
Roundup de los años setentas.
A su vez, Monsanto tuvo que enfrentarse a numerosos procesos judiciales
con respecto a su participación en la utilización del
Agente Naranja,
durante la Guerra de Vietnam, y a la fabricación y almacenamiento
de PCB
(Bifenilos Policlorados).
Hoy, Monsanto trata de mejorar su imagen, a pesar de las sospechas legítimas
que existen sobre los
cultivos transgénicos.
El hecho de que Monsanto sea culpable de sus acciones a través
de su historia, es obvio. Sin embargo a pesar de los numerosos cuestionamientos,
esta multinacional sigue existiendo, y más poderosa que todos
sus competidores.
Tal vez esta situación se deba a las “necesidades creadas
del nivel de vida de los consumidores”, y el poco poder de los
pueblos en cambiar una situación, si ella es peligrosa.
La existencia de Monsanto está en manos de los gobiernos que
aceptan los riesgos que impone la empresa en los distintos países
y que nada tiene que ver con las necesidades reales que tienen los pueblos.
RAPAL Uruguay
8 de setiembre 2011