Monsanto en problemas
Carmelo
Ruiz Marrero
La
compañía de biotecnología estadounidense Monsanto,
la mayor empresa semillera del mundo, podría acabar teniendo
que pagar $7.500 millones a cinco millones de sembradores de soya
brasileños que están demandando la compañía
por regalías.
Monsanto, una de las corporaciones más detestadas del mundo,
se ha convertido en los ojos de muchos en el más fácilmente
reconocible símbolo del control corporativo sobre los alimentos
y la agricultura. Sus tácticas de mano dura para cobrarle regalías
a agricultores por sus semillas patentadas han sido documentadas en
las películas Food Inc, y El Mundo Según Monsanto.
A esta corporación, tan acostumbrada a demandar y amedrentar
a agricultores, se le ha virado la tortilla en Brasil, donde ahora
es demandada por agricultores.
Brasil es el segundo productor a nivel mundial de cultivos transgénicos
o genéticamente modificados (GM), superado solamente por Estados
Unidos. La vasta mayoría de esta área cultivada consiste
de soya que ha sido alterada genéticamente por Monsanto para
resistir al herbicida Roundup, producto de la misma compañía.
Brasil exporta la mayor parte de su cosecha de soya a Europa y China
para uso como biodiesel o como alimento para ganado. Se estima que
el 85% de la soya brasileña es GM. No se sabe la proporción
exacta porque la soya de Monsanto fue contrabandeada desde Argentina
comenzando en 1998. En 2005 el presidente brasileño Lula, al
verse frente a una situación de hechos consumados, legalizó
la siembra de soya GM en el país.
Una vez legalizada su soya, Monsanto comenzó a cobrar a los
cultivadores brasileños un impuesto de 2% por su producción
de soya GM. La compañía también mercadea soya
no GM y les requiere a los agricultores mantener ambas variedades
estrictamente separadas. Si se encuentra soya transgénica en
un cargamento de soya que se supone que no sea GM, se le penaliza
al agricultor con un cobro de 3%.
En 2009 un grupo de sindicatos rurales del estado brasileño
de Rio Grande do Sul demandaron a Monsanto, acusando que la soya GM
y no GM son prácticamente imposibles de separar y que por lo
tanto el “impuesto Monsanto” es injusto.
Esta alegación contradice directamente uno de los principales
puntos de propaganda de la industria de la biotecnología: que
las semillas y plantas transgénicas nunca aparecerán
donde no se supone que estén. Esta ocurrencia, conocida como
contaminación genética, es negada rotundamente por las
compañías. Cuando esto ocurre, lo niegan, pero cuando
la evidencia es demasiado contundente como para negarla, le restan
importancia o le echan la culpa al agricultor.
“El problema es que segregar la soya GM y convencional es difícil,
dado que la soya GM es altamente contaminante”, declaró
João Batista da Silveira, presidente del Sindicato Rural de
Passo Fundo, uno de los principales demandantes en el caso.
El pasado mes de abril un juez de Rio Grande Do Sul determinó
que los cobros de Monsanto son ilegales y notó que la patente
de la semilla de soya GM de la compañía estaba expirada
en el país. Le ordenó a la empresa a dejar de cobrar
regalías y también a devolver todas las regalías
cobradas desde 2004- estamos hablando de $2 mil millones.
Monsanto está apelando, pero recibió otro golpe el 12
de junio cuando el Tribunal Supremo de Brasil decidió unánimemente
que lo que decida la judicatura de Rio Grande do Sul deberá
aplicarse al país entero. Esto sube la suma en cuestión
a $7.500 millones. Ahora los agricultores demandantes son cinco millones.
En un terso comunicado, Monsanto declaró que seguirá
cobrándole regalías a los sembradores brasileños
hasta que termine de resolverse el caso.
En 2008 la revista científica Chemical Research in Toxicology
publicó un estudio por el científico francés
Gilles-Eric Seralini, especialista en biología molecular y
profesor de la Universidad de Caen, que indica que el Roundup es letal
para células humanas. Según su investigación,
dosis mucho menores que las utilizadas en cultivos de soya provocan
muerte celular en solo unas horas.
En 2010 la misma revista publicó un estudio revisado por los
pares de la autoría del embriólogo argentino Andrés
Carrasco, investigador principal del Consejo Nacional de Investigaciones
Científicas y Técnicas (Conicet) y director del Laboratorio
de Embriología Molecular de la Universidad de Buenos Aires,
que determina que el glifosato, ingrediente activo del Roundup, es
extremadamente tóxico a embriones de anfibios aún en
dosis hasta 1.540 veces menores que las utilizadas en las fumigaciones
agrícolas.
Ruiz Marrero es autor, periodista y educador ambiental. Dirige el
Proyecto de Bioseguridad de Puerto Rico (http://bioseguridad.blogspot.com/search/label/es).
Su cuenta Twitter es @carmeloruiz
Para más información sobre Monsanto: http://bioseguridad.blogspot.com/search/label/Monsanto