Un nuevo
estudio encargado por el Gobierno noruego a una reconocida autoridad
científica sobre la seguridad de las Biotecnologías, concluye
que los datos científicos disponibles sobre los cultivos transgénicos
son insuficientes para demostrar su seguridad.
El Informe
científico fue encargado por la Agencia Noruega de Medio Ambiente,
y publicado el pasado mes de junio por el Centro para la Bioseguridad
GenØk, ubicado en la Universidad del Ártico de Noruega.
El Centro GenØk es el centro nacional de referencia en temas
de Bioseguridad.
Falta
de pruebas
El nuevo
estudio analiza un Informe del gigante Biotecnológico Monsanto
que presentó al Gobierno brasileño, y también realiza
un revisión exhaustiva de la literatura científica disponible
en otras fuentes.
Su atención
recae en la soja transgénica Intacta Roundup Ready 2 Pro de Monsanto,
que se cultiva en Brasil, y también se ha autorizado en Argentina,
Paraguay y Uruguay, y probablemente también esté presente
en Bolivia, debido a su introducción ilegal desde los países
vecinos.
El Informe
titulado “Evaluación de la sostenibilidad de los cultivos
transgénicos tolerantes a los herbicidas”, concluye que,
debido a las grandes lagunas existentes en la literatura científica,
no es posible dar un veredicto científico sobre su seguridad.
En el Informe de Monsanto se aprecian una serie de debilidades metodológicas
y se pone de relieve el problema de la falta de información que
se puede extraer de las investigaciones sobre los cultivos transgénicos
disponibles en la literatura científica.
Según
Monsanto, los transgénicos no dañan la salud humana o
animal, y por lo tanto no tienen ningún efecto adverso en los
cultivos ni en el medio ambiente.
Pero
de acuerdo con el nuevo estudio noruego
“En
contra de esta afirmación, la literatura científica sí
ofrece indicios de efectos nocivos y perjudiciales para el medio ambiente
y la salud (tanto animal como humana), afectando también a las
condiciones socioeconómicas, sobre todo a medio y largo plazo”.
El nuevo
estudio ha sido realizado por Georgina Catacora-Vargas, investigadora
del Centro de Agroecología (AGRUCO) en la Facultad de Agricultura,
Ganadería y Ciencias Forestales de la Universidad de San Simón,
Cochabamba, Bolivia. Catacora-Vargas fue hasta hace poco asesora de
Bioseguridad del Viceministerio de Medio Ambiente, Agua y Gestión
Forestal de Bolivia.
“Las afirmaciones sobre la seguridad de los cultivos transgénicos
se basan principalmente en la ausencia de evidencias de daños
en las pruebas específicas de investigación, en lugar
de evidencias reales sobre su seguridad”, dijo Catacora-Vargas.
“La
ausencia de evidencias de daño es un estándar demasiado
bajo para una adecuada protección de la salud humana y el medio
ambiente… Por otra parte, hoy en día, la mayoría
de los estudios sobre los cultivos transgénicos se basan en estudios
a corto plazo, que tienen una inherente debilidad metodológica,
insuficiente para detectar sutiles pero significativos efectos que sí
se detectan en los estudios a largo plazo. Otra debilidad muy común
– como se indica en mi Informe- es la falta de rigor analítico
suficiente como para extraer conclusiones significativas”.
Según
este Informe, la gran cantidad de estudios que muestran una ausencia
de efectos negativos de los cultivos transgénicos, son cuestionables
debido a esas limitaciones metodológicas, y que en gran medida
ignoran posibles efectos a largo plazo y utilizan un conjunto de indicadores
reducido y repetitivo.
La mayor
parte de estas investigaciones no comparan los cultivos transgénicos
con otros sistemas de producción, como el MIP (Manejo Integrado
de Plagas), la agricultura ecológica; se centran exclusivamente
en un solo rasgo de las plantas transgénicas, en lugar de algo
más realista: “los efectos combinados y aditivos de múltiples
rasgos presentes en los cultivos transgénicos”; por otra
parte, son experimentos que no se adecúan a las condiciones de
campo reales.
“Estas
limitaciones”, concluye el Informe noruego, “explican en
parte las conclusiones expuestas por el solicitante (Monsanto): ninguno
de ellos muestra efectos adversos en contraste con una parte muy importante
de la literatura científica”.
Monsanto
responde
Mark Buckingham,
portavoz de Monsanto, rechazó las conclusiones de este Informe.
“Estamos
seguros de que los cultivos transgénicos han sido y están
siendo evaluados adecuadamente sobre su seguridad y que los cultivos
transgénicos utilizados por los agricultores son tan seguros,
y en algunos casos más seguros, que los cultivos y los alimentos
convencionales”, dijo.
De acuerdo
con un compendio resultado de una investigación financiada por
la UE y publicado por la Comisión Europea en 2010, “A fecha
de hoy, no hay evidencias científicas de que los transgénicos
supongan mayores riesgos para el medio ambiente o para la seguridad
de los alimentos y piensos que las plantas y organismos convencionales”.
Buckinghan
añadió que los cultivos transgénicos son “diseñados
para ser seguros” por los científicos y fitomejoradores,
y que las Agencias de Regulación tanto nacionales como internacionales
desarrollan la tarea de “comprobar que un cultivo sea seguro para
proteger a los consumidores” y certifican convenientemente los
transgénicos.
“Dado que los cultivos transgénicos se empezaron a cultivar
a gran escala hace 19 años, a mediados de 1990, miles de millones
de veces se han consumido… No se han observado efectos en la salud,
por lo que los cultivos transgénicos tienen un amplio historial
de seguridad”, dijo el portavoz de Monsanto.
La autora
del nuevo estudio, sin embargo, no está de acuerdo. A petición
de la Agencia Noruega de Medio Ambiente, el Informe se centró
en el análisis de los rasgos tolerantes a los herbicidas de los
cultivos Intacta de Monsanto.
“En
la literatura científica reciente hay una serie de estudios científicos
que señalan posibles efectos adversos”, dijo Catacora-Vargas,
observando que el comentario de Monsanto sólo hacía referencia
a la resistencia de los insectos de Intacta.
“Al
centrarse únicamente en algunos impactos de sus cultivos, Monsanto
y otras empresas de Biotecnología están engañando
al público”.
Agregó
que el compendio de la UE de 2010, que se cita en el nuevo estudio noruego,
“es una de las pocas investigaciones específicas sobre
Intacta. Estos pocos documentos son insuficientes para afirmar que Intacta
sea seguro para el medio ambiente y la salud humana. Si el análisis
integral de la sostenibilidad de los cultivos transgénicos está
incompleto, es sólo porque los conocimientos de que disponemos
sobre la seguridad de los transgénicos y su sostenibilidad son
también incompletos. Hay más incógnitas que evidencias
sobre la seguridad de los cultivos transgénicos”.
El
herbicida más emblemático de Monsanto, condenado por la
OMS
La aparición
del nuevo Informe noruego coincide con una serie de malas noticias para
la Industria Biotecnológica. Un estudio realizado durante dos
años para comprobar la capacidad del trigo transgénico
para repeler los áfidos ( también conocidos como pulgones),
llevado a cabo por Rothamsted Research, fracasó espectacularmente
y no consiguió los resultados deseados.
La mayoría
de los cultivos transgénicos contienen el rasgo de tolerancia
al herbicida Roundup, los denominados Roundup Ready, patentados por
Monsanto. Pero el pasado mes de marzo, una evaluación de la OMS
(Organización Mundial de la Salud) publicada en The Lancet, concluía
que Roundup es “probablemente cancerígeno para los seres
humanos”.
En este estudio
se revisaron las evidencias de la exposición humana a Roundup
desde el año 2001, sobre todos de los trabajadores agrícolas
de Estados Unidos, Canadá y Suecia. Es alarmante lo que se ha
encontrado: “evidencias limitadas de carcinogenicidad en humanos
en lo que se refiere al linfoma no Hodgkin”, junto con “pruebas
convincentes de que el glifosato puede causar cáncer en los animales
de laboratorio”.
Según
la Dra. Helen Wallace, de la organización GeneWatch, los cultivos
transgénicos de Monsanto “están fracasando debido
a la aparición de las denominadas supermalezas resistentes al
herbicida Roundup, que se aplica sobre los cultivos transgénicos”.
A pesar de
la “alta tasa de fracasos de los cultivos transgénicos
experimentales”, GeneWatch percibe una fuerte “colaboración
entre los científicos financiados por el Gobierno, las autoridades
gubernamentales y la Industria para desarrollar una estrategia de relaciones
públicas para seguir manteniendo los cultivos transgénicos
y debilitar las normas de regulación”.
La Industria
y los Gobiernos destinan grandes cantidades de dinero para incentivar
estudios científicos sobre los cultivos transgénicos que
favorezcan a la Industria, minimizando los efectos adversos.
La autora
de este nuevo estudio, Catacora-Vargas, dijo que de acuerdo con los
conocimientos que tenemos actualmente “resulta prematuro afirmar
que los cultivos transgénicos son seguros. Cuantas más
investigaciones se realizan sobre este tipo de cultivos, más
preguntas se nos plantean y mayores son las incertidumbres”.
Otras técnicas
de cultivo no basadas en los transgénicos, tales como la agricultura
con un uso muy reducido de productos agrícolas, los enfoques
agroecológicos, e incluso la agricultura familiar, no están
recibiendo suficiente atención por parte de los Gobiernos.
Los sistemas
de producción con cultivos no modificados genéticamente
“han demostrado su capacidad para producir suficientes alimentos
y piensos, saludables y seguros, además de consumir menos energía
y ser menos exigentes en recursos. Todavía tenemos un largo camino
por recorrer en el diseño de investigaciones científicas
que proporcionen las evidencias necesarias para asegurar que los cultivos
transgénicos son seguros y que sus beneficios son mayores con
respecto a otros sistemas de producción”.
Estos resultados
se suman a la creciente preocupación pública sobre la
presencia de cultivos transgénicos en la cadena alimentaria,
y el papel de la Industria en el silenciamiento de las investigaciones
científicas que contradicen sus afirmaciones.
Nafeez Ahmed
El Dr. Nafeez Ahmed es periodista de investigación, autor reconocido
y experto internacional en seguridad. Escribió en The Guardian,
y ahora lo hace en Sytem Shift y columnista del Middle East Eye.
Ganador del
Premio Proyecto Censurado 2015, conocido como el Premio Pulitzer Alternativo,
a la mejor investigación periodística por su trabajo en
The Guardian, y fue seleccionado por Power 1000 como uno de los londinenses
más influyentes a nivel mundial.
Nafeez también
ha escrito en The Independent, Sydney Morning Herald, The Age, The Scotsman,
Foreign Policy, The Atlantic, Quartz, Prospect, New Statesman, Le Monde
diplomatique, New Internacionalist, Counterpunch, Truthout, entre otros.
Es investigador visitante en la Facultad de Ciencia y Tecnología
en la Universidad Anglia Ruskin.
Nafeez es
autor de Guía del usuario para la Crisis de la Civilización,
y cómo ahorrar (2010), y la novela de suspense Zero Point, entre
otros. Su trabajo sobre las causas y las operaciones encubiertas del
terrorismo internacional contribuyeron a que formasen parte de la Comisión
11/9 y 07/07 de indagación forense.
14 de julio
de 2015
Procedencia
del artículo