Nuevos
transgénicos: cáncer y toxicidad
Crispr-Cas9 es un nuevo método de ingeniería genética
al que se atribuye ser más preciso que los transgénicos
anteriores. Varios estudios científicos recientes muestran
lo contrario: dos señalaron que puede provocar cáncer
y otro más mostró efectos no deseados, entre ellos la
eliminación o reordenamiento accidental de largas secuencias
de ADN y el silenciamiento o activación de genes que no se
pretendía modificar, todo ello con potencial patógeno.
El artículo más reciente, del equipo de Allan Bradley
en el Wellcome Sanger Institute de Reino Unido, fue publicado en la
revista científica Nature Biotechnology el 16 de julio de 2018
(aquí).
Crispr-Cas9
es un constructo enzimático artificial que actúa como
tijeras moleculares con GPS: encuentra el lugar donde se quiere manipular
el ADN y corta las dos hebras de la hélice, inhibiendo la expresión
del gen intervenido y/o insertando nuevo material genético,
creando un organismo transgénico.
El
estudio de Bradley y otros, realizado con células humanas y
de ratones, mostró que Crispr-Cas9 frecuentemente produce efectos
adicionales no deseados, como eliminar largas secuencias de ADN (de
cientos a miles de bases) o su reordenamiento, pero lejos del sitio
de corte. Concluyen que estos cambios pueden generar alguna enfermedad.
Bradley
expresó que este tipo de efectos secundarios han sido subestimados
en estudios anteriores, aunque había indicaciones sobre ellos
probablemente porque no aparecían en los análisis, ya
que en general se revisan secuencias de ADN cercanas al lugar de intervención
con Crispr-Cas9, pero los cambios se muestran en secuencias distantes.
En cuanto a la eliminación o el reordenamiento, dado que no
se busca este fenómeno, puede pasar inadvertido en el laboratorio,
pero tiene efectos potenciales dañinos en seres humanos y otros
organismos.
Aunque
los estudios se refieren sobre todo al uso de Crispr-Cas9 en medicina,
el problema se manifiesta también en la manipulación
de cultivos: los mismos efectos se producen en plantas, lo que lleva
a impactos imprevistos en los plantíos y también en
su consumo, porque la activación o desactivación de
genes y la eliminación o reacomodo de secuencias puede causar
alergias y otras formas de toxicidad.
El
estudio del equipo de Bradley aumentó la alarma que crearon
dos artículos anteriores: uno del reconocido Instituto Karolinska
de Suecia, el cual señaló que Crispr-Cas9 incrementa
el riesgo de cáncer en pacientes a quienes se insertan células
modificadas con este método (aquí).
Esto se debe a que la acción de Crispr-Cas9 no es eficaz ante
la reacción del gen p53, que es una especie de botiquín
de primeros auxilios de las células, asociado a la prevención
de muchas formas de cáncer. Este gen trata de reparar el corte
que produce Crispr-Cas9, y si no consigue hacerlo, instruye a la célula
a morir para no reproducir la anomalía. Cuando el p53 no actúa,
Crispr-Cas9 es mucho más efectivo, por lo que los científicos
seleccionan las células en las que no actúa este gen,
pero podrían estar insertando en los organismos células
que serán cancerosas, como una bomba de tiempo.
Consultado
por la organización GMWatch, el doctor Michael Antoniu, del
King’s College de Londres, explicó que la reacción
de los organismos de reparación ante el corte de Crispr-Cas9
es un mecanismo natural de defensa y, por tanto, no se trata de ajustar
las nuevas biotecnologías, ya que el mecanismo seguirá
actuando. Seleccionar las células donde éste no actúa
implica efectos secundarios graves, como cáncer o, en el caso
de plantas, problemas serios de inocuidad alimentaria. Antoniu plantea
además que otras nuevas biotecnologías, como Talen o
mutagénesis de un solo nucleótido, posiblemente generen
los mismos efectos y por tanto deberían hacerse estudios sobre
éstas también. Cuestiona que otros métodos de
mutagénesis, como la radiación, podrían estar
causando toxicidad que no se ha asociado a ellas, con impactos en
la inocuidad y seguridad de los alimentos (aquí).
Oportunamente, a días de la publicación de los estudios
referidos, el tribunal de justicia de la Unión Europea dictaminó
–luego de un proceso iniciado por una demanda legal de La Vía
Campesina, Amigos de la Tierra y otras organizaciones de Francia–
que los productos de las nuevas biotecnologías (que incluyen
mutagénesis y Crispr) son organismos genéticamente modificados,
es decir, transgénicos, y deben pasar por los análisis
de riesgos de las leyes de bioseguridad y su consideración
debe basarse en el principio de precaución. Esto fue una victoria
de las organizaciones campesinas, ambientalistas y de consumidores
frente a la insistencia malintencionada de la industria biotecnológica
de que las nuevas biotecnologías no necesitan pasar por evaluación
de bioseguridad (aquí).
Esta
misma absurda posición de la industria es la que defiende Víctor
Villalobos, anunciado secretario de agricultura de Andrés Manuel
López Obrador, para quien las organizaciones campesinas piden
destitución anticipada (aquí).
Los nuevos estudios desmienten contundentemente que estos nuevos transgénicos
no tengan riesgos.
Silvia
Ribeiro - Investigadora del Grupo ETC
Fuente:
La
Jornada