Declaración
de la Red por una América Latina libre de Transgénicos
a la COP 20 del Convenio marco de Cambio Climático
Rechazamos la agricultura climáticamente inteligentes como
forma de “mitigar” el cambio climático
La
producción de cultivos transgénicos se enmarca en el sistema
agro-productivo industrial que ha contribuido con cambio climático
Los
cultivos transgénicos forman parte del entramado urbano-industrial
responsable del calentamiento global. Los grandes conglomerados urbanos,
incapaces de producir sus propios alimentos, dependen de la producción
agrícola a gran escala y ocupan vastas zonas rurales, para cubrir
sus necesidades básicas.
Esta
agricultura industrial es una fuente importante de emisiones de gases
que contribuyen a incrementa el efecto invernadero. De acuerdo al informe
al V informe del IPCC, la agricultura industrial es responsable
del 24% de la generación de estos gases, y de casi la
mitad de las emisiones de metano, que a pesar de persistir en la atmósfera
menos tiempo, es aproximadamente veinte veces más potente que
el CO2 en su acción de efecto invernadero. A esto se suma que
los alimentos son producidos en lugares cada vez más distantes,
y en su transporte se genera grandes cantidades de CO2.
En
este modelo productivo se insertan los cultivos transgénicos.
Los cultivos transgénicos demandan de más plaguicidas
y fertilizantes que los cultivos convencionales, ambos derivados de
la petroquímica. Más del 75% de los cultivos transgénicos
están destinados a la producción de piensos para la cría
masiva de pollos, cerdos, ganado vacuno y acuacultura. La ganadería
intensiva representa aproximadamente la 1/4 de las emisiones de metano.
Además genera el 65% del oxido nitroso de origen antropogénico,
el 37% del metano y el 64%del amoniaco que contribuye de forma significativa
a la lluvia ácida.
La
producción ganadera industrial emite un 18% más de gases
de efecto invernadero (medidos en su equivalente en dióxido de
carbono -CO2)- que el sector del transporte. Este cálculo incluye
la energía usada en la producción de piensos, es decir,
monocultivos de soja y maíz (la mayoría de ellos transgénicos),
los fertilizantes nitrogenados, la deforestación para abrir pastizales
y campos de cultivos para la alimentación animal, la energía
utilizada en el procesamiento industrial, tratamiento de residuos, el
transporte, etc.
Otro
porcentaje importante de los cultivos transgénicos son usados
como aditivos en los alimentos procesados, comida chatarra consumida
por las sociedades urbanas.
A
pesar de la complejidad del problema, los mismos grupos de poder que
son responsables del cambio climático, han desarrollado una serie
de nuevas tecnologías para mitigación el cambio climático,
que son en realidad falsas soluciones para enfrentarlo, y que significan
nuevas fuentes de generación de riqueza para estas industrias.
Entre ellas se incluye la agricultura climáticamente inteligente.
Para
potenciar esta propuesta, se lanzó la iniciativa “Global
Alliance for Climate-Smart Agriculture” (Alianza Global por la
Agricultura Climáticamente Inteligente), conformada por varios
gobiernos (entre ellos Costa Rica y México), corporaciones transnacionales
(entre las que se incluyen las dos más grandes productoras de
fertilizantes Mosaic y Yara) y algunas organizaciones intergubernamentales
(IICA, FAO, PMA, UICN) y organizaciones no gubernamentales (como The
Nature Conservancy el grupo de la industria Consejo Mundial de Desarrollo
Sostenible).
Como
parte de los planes de adaptación a los cambios en el clima,
las empresas biotecnológicas ya están trabajando en el
desarrollo de semillas transgénicas tolerantes a las sequías.
Por ejemplo Monsanto, en colaboración con BASF lanzó su
maíz con tolerancia a las sequías, que fue ensayado en
Kenia con muy pobres resultados, y trabaja además con soja, canola
y algodón. Bayer trabaja en un trigo transgénico tolerante
a las sequías y Dupont con soja y maíz. Por otro lado,
en Argentina se anunció que se concedió una patente a
una soja también resistente a sequía y se ha anunciado
en Paraguay que este verano se iniciarán ensayos con soja que
pueda adaptarse al suelo chaqueño.
Los
cultivos adaptados a condiciones climáticas extremas son el fruto
del trabajo campesino de selección, mejoramiento genético,
manejo tecnológico y cultural de las semillas, y de procesos
evolutivos en los que están involucradas varias características
genética. Por eso, no es posible desarrollar estas semillas “milagrosas”.
Si eventualmente las empresas obtuvieran semillas tolerantes a sequías,
será por el trabajo de adaptación realizado previamente
por los campesinos.
Lejos
de enfrentar las principales causas del cambio climático (extracción
y quema de combustibles fósiles o su transformación en
productos petroquímicos destinados a la agricultura industrial,
la mecanización del campo, la industria, la pérdida de
bosques y otros ecosistemas naturales), lo que se conseguirá
con este tipo de soluciones con base en semillas transgénicas,
en caso de que funcionaran, es expandir la agricultura industrial a
zonas donde antes era imposible o muy difícil hacerlo; territorios
de comunidades tradicionales que han aprendido a vivir en ese tipo de
ecosistemas, y aumentar el problema climático.
Este
abordaje no considera los impactos de los monocultivos en zonas que
antes no eran consideradas aptas para la agricultura industrial, en
términos de erosión genética de semillas criollas
o nativas adaptadas a las condiciones ambientales imperantes, las prácticas
agrícolas asociadas, la soberanía alimentaria local, así
como los cambios en la tenencia de la tierra.
Existen
varias formas de abordar el problema del cambio climático que
no pasan por el desarrollo de nuevas tecnologías, controladas
por las empresas. Nos hacemos eco de la declaración de La Vía
Campesina, que sostiene que la agricultura campesina enfría
al planeta, ya que han adaptado sus semillas y sus sistemas
productivos a las alteraciones del clima. Si los consumidores se alimentan
con alimentos de temporada, con producción
campesina local agroecológica; si se rediseñan
las urbes para que sean más amigables con el ambiente, el clima
y la propia gente; si se sustituyen los insumos de origen sintéticos
y transgénicos y se frena la urbanización salvaje, habremos
dado un paso gigantesco para enfrentar el calentamiento global.
La
Red Por Una América Latina Libre de Transgénicas rechaza
las falsas soluciones al calentamiento global propuestas por las mismas
industrias que han generado las crisis climáticas, y de manera
particular los llamados cultivos “climáticamente inteligentes”.
Además
hace un llamado a la COP 20 para que los cultivos transgénicos
se añadan a la lista de actividades antropogénicas que
aceleran el efecto invernadero y que causan los desastres climáticos.
RAALT
Lima,
diciembre 2014