SI SE APRUEBA LA LEY DE
PROMOCIÓN DE LA BIOTECNOLOGÍA SE LEGITIMA EL MODELO NEOCOLONIAL
AGROEXPORTADOR DE LA REPUBLIQUETA SOJERA
El Senado de la Nación tratará
entre los primeros proyectos de Ley de este período de sesiones,
tres que quedaran pendiente del año anterior y que promocionan
la Biotecnología. Ellos son el Expediente 429 del Poder Ejecutivo,
el 657 de Diputados y el 1070 del Senado, todos del año 2005.
Recordemos que el primer proyecto fue presentado en un salón
de la propia casa Rosada por el Ministro de Economía Lavagna
y con la presencia en primera fila de importantes empresarios de la
nueva burguesía gerenciadora de proyectos sojeros tales como
Gustavo Grobocopatel. Estos proyectos que se proponen, y que en su conjunto
podríamos llamar la Ley MONSANTO, intentan legitimar, darle un
marco y promover aún más todavía al modelo impuesto
a nuestro país desde los años noventa como resultado de
la Deuda Externa, y para satisfacer las necesidades de forrajes de los
países europeos primero, y luego de la República de China.
Con ese modelo, la Argentina, que
alguna vez pretendiera denominarse la granja del mundo, hoy ha devenido
en una Republiqueta forrajera y no tiene la capacidad de alimentar a
su propia población, ni puede resolver el gran problema de la
falta de empleo, porque su economía está diseñada
para favorecer a las exportaciones primarias. Con cerca de 16 millones
de Hectáreas de cultivos transgénicos, nos hemos transformado
en el segundo productor de Soja del mundo y esa elección, que
prioriza el crecimiento al desarrollo, y que opta por mantener un modelo
de enormes monocultivos, posibilita mediante las retenciones a la Soja
el crecimiento de las prácticas parasitarias y clientelares desde
el Estado, y que más allá del reclamo de algunos productores
insaciables, dibujan una sociedad que se supedita a los proyectos de
las grandes corporaciones cerealeras.
En un país donde los cambios
no ya de partidos políticos en el ejercicio del Gobierno, sino
también el reemplazo en puestos de gobierno de líneas
internas de un mismo partido e inclusive de meros funcionarios enfrentados
por cuestiones personales, implican cambios totales de las políticas,
en un país donde existe absoluta falta de continuidad de las
políticas públicas, atadas cuando mucho a la posibilidad
de una reelección presidencial, el modelo de la Soja expresa
en cambio claramente una política de Estado. Una política
de Estado que permanece más allá de los reemplazos, de
los discursos y de los cambios ideológicos, y que tiende a profundizarse
en un modelo de país que jamás fue consensuado públicamente
ni siquiera asumido como destino por los mismos que llegados al ejercicio
de los cargos públicos que, con otras promesas, ahora lo respaldan.
Esta política de Estado es la que se va a legitimar con la Ley
MONSANTO que se nos propone.
El modelo de la Soja ha despoblado
el territorio, liquidando las poblaciones rurales y destruyendo la tradición,
la cultura y el arraigo de millones de argentinos a la tierra. Este
modelo ha convertido nuestras ciudades en megalópolis inseguras
y al borde del colapso. Ha barrido nuestros bosques nativos, contaminado
por agrotóxicos las grandes cuencas hidráulicas, ha deteriorado
los suelos y amenaza gravemente nuestra biodiversidad y nuestros patrimonios
filogenéticos. Desde perspectivas epidemiológicas el modelo
ha impactado fuertemente sobre las poblaciones, no solo con hambre e
indigencia, no solo con las consecuencias propias de extendidos estados
de desnutrición infantil que para peor, se intentan paliar con
la ingesta de la misma soja transgénica que los ha provocado
y que añade entonces a los muchos males del modelo los desequilibrios
hormonales, la osteoporosis y la madurez prematura de las niñas.
El modelo ha provocado disturbios profundos e imprevisibles en los ecosistemas
y al barrer con los hábitats silvestres ha obligado a los pájaros
y a los roedores a encontrar nuevos hábitat en la ciudad, empujando
sobre las poblaciones enfermedades como el chagas, la lechmaniasis,
diversas parasitosis y todo tipo de nuevas plagas como consecuencia
de la destrucción ambiental y de los profundos desequilibrios
provocados en el medio ambiente. Todo ello es lo que va a legitimar
la Ley MONSANTO que se nos propone.
Pero el avance de los monocultivos
no sólo ha barrido las poblaciones rurales, ahora se extiende
sobre los cinturones semirurales donde antes crecían las quintas
y los tambos, y asedia a las poblaciones urbanas sometiéndolas
a los devastadores impactos de las aerofumigaciones con los paquetes
agroquímicos que acompañan a las Sojas y a los Maíces
de MONSANTO. Millares de pobladores inadvertidos han sido víctimas
de cánceres y de enfermedades terminales y son contaminados cada
día porque la agricultura industrial alcanza las primeras calles
de los barrios periurbanos y el afán de lucro en los sojeros
les lleva a cerrar los ojos ante el creciente genocidio que provocan.
Esto también va a ser legitimado por la Ley MONSANTO de promoción
a la Biotecnología que se nos propone.
Pero hay mucho más todavía.
El modelo de país neocolonizado que provee piensos a los grandes
rodeos europeos y chinos, ese país primarizado cuyas principales
exportaciones son actualmente la soja, el petróleo crudo y los
zumos de limón, no cierra con las expectativas de una clase política
que provista de un discurso progresista y hasta de izquierda, ambiciona
tener algún reconocimiento en los marcos del Capitalismo Globalizado.
Esta clase política necesita un proyecto a la miserable medida
de sus ambiciones de casta parasitaria, un proyecto pensado para darle
un rol en el mundo a su propia descendencia, aunque el resto de la población
argentina sea condenada al hambre y la indigencia. Ese proyecto de clase
que ellos denominan pomposamente del Poder del Conocimiento, es la Biotecnología
y más concretamente aún, la ingeniería genética.
Se trata de un nicho en la privatización y apropiación
de la ciencia y de las tecnologías que, en estrecha alianza con
las grandes corporaciones, les permita ser reconocidos y poder asociarse
con el Poder globalizado. Se propondría una privatización
empresarial de nuestras instituciones científicas y técnicas,
instituciones que, como el INTA, el CONICET y muchos ámbitos
académicos, se supeditarían paulatinamente a los proyectos
de Biotecnología. Esa política de sumisión del
Estado a las grandes corporaciones, también será legitimada
por la Ley MONSANTO.
Esta Ley legitimará a la
Republiqueta sojera y también al pretencioso proyecto científico
empresarial de una supuesta Biotecnología Nacional, quimera pseudo
científica que no hace sino encubrir el ofrecimiento miserable
del propio país como laboratorio y a la propia población
como masa de ensayos para todo tipo de eventos provenientes de la ingeniería
genética. Al legitimar este modelo se estrechan las posibilidades
de recuperar nuestra Soberanía Alimentaria, se cierran caminos
para el ejercicio pleno de una Democracia participativa en que sea la
población quien decida el propio destino y se ocluyen las posibilidades
para todo tipo de debates sobre los proyectos de país que queremos
para nuestra descendencia.
Las actuales disputas con la empresa
MONSANTO por el pago de regalías del gen RR y la demanda de la
empresa en Europa a importadores de granos argentinos, disputas menores
que empañan el modelo de neocolonización de la Republiqueta
Sojera, se resolverán en el marco de la nueva legitimación
que se nos propone porque aceptaremos reordenar nuestra dependencia
en los marcos globales de los sistemas de respeto y de subordinación
a los grandes sistemas de patentamiento. Por ello también, es
que insistimos en denominar a esta ley como una Ley MONSANTO.
Es redituable electoralmente para
la dirigencia política abrir, asimismo, polémicas con
la Sociedad Rural Argentina y con otros exponentes de las viejas oligarquías
pastoriles, tal como se hace en estos días, cuando en realidad
esos sectores solo guardan poder en el imaginario colectivo, mientras
tanto se entrega el destino nacional a los grandes sojeros y a los agroexportadores
que son hoy los verdaderos dueños del País. Este cambio
en las relaciones del Poder político y económico, también
será legitimado por la Ley MONSANTO que se nos propone.
Una Argentina agro exportadora que
ha permitido el desarrollo de inmensos monocultivos transgénicos,
que ha posibilitado cientos de proyectos de minería por cianurización
a lo largo de la zona cordillerana, que impulsa monocultivos de eucaliptos
y de pinos para pasta de papel, en reemplazo de los ecosistemas nativos,
y que además imagina para una minoría de técnicos
y científicos un rol de investigación y de producción
de transgénicos en alianza con las transnacionales, es una Argentina
neocolonial que ha optado por un rol de subordinación al Capitalismo
Globalizado y que ha renunciado a toda opción ética que
conduzca a modelos de independencia y de soberanía. Y esto es
lo que habrá de legitimar la Ley MONSANTO que se nos propone.
Denunciamos como GRR este proyecto
de país que a nuestro entender se gestó en la penumbra
de los despachos oficiales y a espaldas de nuestro pueblo, y que hoy
amenaza con legalizarse en el Senado de la República a través
de la Ley que se nos propone. Anticipamos que estamos aún en
la antesala de males mayores que sobrevendrán inevitablemente
por el propio desarrollo del modelo. Hacer de la agricultura una fuente
de Biodisel para exportación cuando millones de argentinos se
van a dormir sin haber saciado su hambre y cuando Repsol se sigue llevando
nuestro petróleo crudo, es parte de una configuración
propia del modelo neocolonial. Promover la extensión de procesos
de ingeniería genética a la pequeña empresa y a
los desarrollos locales para desarrollos de enzimas, levaduras, fermentos
o medicamentos transgénicos, es una estrategia perversa que como
en Brasil trata de ampliar los agronegocios con agronegozinhos que compliquen
a sectores más amplios de la población. Ser laboratorio
de eventos GM es otra de las situaciones que se agudizarán con
la aprobación de la Ley de Biotecnología y en momentos
en que en los foros internacionales las empresas presionan para liberar
el gen “Terminador” de MONSANTO, gen inhibidor de la germinación
de las semillas, presentado ahora como una solución a la pavorosa
contaminación de transgénicos que se ha producido en el
mundo, consecuencia de la determinación de las corporaciones
de aumentar sus lucros a todo riesgo de la vida sobre el Planeta.
Por todo lo anterior queremos hacer
conocer a los Señores Senadores y al Pueblo en general, nuestra
posición y anticipar lo que viene inexorablemente por el camino
que fija la Ley MONSANTO. Estamos convencidos que la legitimación
de este modelo provocará males mayores y acrecentará la
resistencia y la rebeldía de las innumerables víctimas
que aumentan a diario, porque las corporaciones y las empresas sojeras
son insaciables.
Debemos reinstalar la idea de la
Soberanía, de la justicia social y de un desarrollo independiente
del capitalismo globalizado, porque estamos convencidos que ese país
es posible y que más allá de que se intente legitimar
el modelo impuesto, continuaremos luchando para hacer realidad el sueño
de una Argentina con Soberanía Alimentaria.
GRR Grupo de Reflexión Rural
Febrero de 2006
www.grr.org.ar