Informe
de ISIS (Institute for Science in Society), Londres, 26 enero 2011
Victoria
para la ciencia independiente
Mae-Wan
Ho (ALAI, 27/1/11)
Un
científico muy renombrado por su investigación acerca
de los riesgos de los transgénicos acaba de ganar un proceso
contra asociaciones de biotecnología que habían desencadenado
una campaña para desacreditarlo.
Gilles-Eric Séralini, docente de biología molecular en
la Universidad de Caen, en Francia y presidente del Consejo Científico
de Investigación Independiente en Ingeniería Genética
(CRIIGEN, por su sigla en francés), es un investigador de primera
línea acerca de los riesgos de los transgénicos. No hay
mucha sorpresa que él y su equipo se convirtieran en blanco de
una concertada campaña difamatoria en la cual fueron muy activos
Monsanto, EFSA (la Autoridad de Seguridad Alimentaria de Europa), y
asociaciones científicas representando la biotecnología
en Francia, la Asociaciòn Francesa de Empresas de Biotecnología
y el Consejo Superior Francés en Biotecnología. [1]
Este ataque fue gatillado a partir de que el equipo coordinado por Séralini
reanalizó escrupulosamente la información que había
puesto Monsanto a disposición con motivo de obtener la autorización
comercial en Europa de tres líneas de maíz transgénico,
MON 863, MON810 y NK603, permisos sobre las cuales la mencionada EFSA
había dado su dictamen favorable. El equipo en cuestión
publicó sus conclusiones estableciendo que “los datos disponibles
revelan toxicidad hepatorrenal, posiblemente a causa de los nuevos pesticidas
diseñados específicamente para cada maíz transgénico.
Sumado a esto se observan consecuencias metabólicas directa o
indirectamente provocadas, para las cuales la modificación genética
no puede ser excluida.”
Séralini y sus colegas recibieron un amplio apoyo de científicos
y desde la sociedad civil. Pero Séralini se decidió a
demandar por calumnias: estaba convencido de que los investigadores
Claude Allegre, Axel Kahn y Marc Fellous, estaban manejando desde las
sombras la campaña de insidia e intimidación que se desplegaba
en Francia y ése fue el motivo por el cual demandó judicialmente
a Fellous, miembro pleno de la Asociación Francesa de las Biotecnologías
Vegetales (AFBV, por su sigla en francés). Séralini argumentó
que la campaña había dañado su reputaciòn
y con ello habían disminuido sus oportunidades laborales y sus
posibilidades de obtener fondos para investigación. [2]
El 18 de enero la corte judicial de París dictó sentencia
y lo hizo a favor de Séralini, en medio de una sorpresa generalizada.[3]
Durante el juicio salió a luz que Fellous, que se presentaba
a sí mismo como un científico “neutral” sin
intereses personales en juego y que acusaba a quienes critican u objetan
a los productos transgénicos de ser “ideológicos”
y “militantes”, en verdad poseía patentes de productos
genéticamente modificados, de su propiedad, a través de
una empresa con base legal en Israel. Esta compañía le
vende patentes a corporaciones transnacionales como Aventis. El abogado
de Séralini demostró que varios otros miembros de la AFBV
también tienen estrechos vínculos con compañías
de agribusiness, con lo cual su pregonada imparcialidad científica
y su integridad profesional quedaron muy bajo la lupa.
El juez sentenció a AFBV a una multa de mil euros, a un euro
de compensación por reclamo del demandante y a 4000 euros en
costas.
Corinne Lepage, presidente de CRIIGEN, estaba entusiasmada con la victoria
judicial, sobre todo porque no era muy optimista del resultado luego
de la primera sesión que habían tenido el 23 de noviembre
[info para argentinos en particular y probablemente latinoamericanos
en general: del 2010; n. del trad.]. “La vida te da sorpresas:
es la primera vez que un alborotador (soplón) [whistleblower]
no está a la defensiva sino a la ofensiva.”
Comentando el triunfo judicial, Pete Riley de la organización
UK’s GM Freeze [“Congelar” los transgénicos
en el Reino Unido; suspenderlos definitivamente] declaró: “Saludamos
calurosamente este juicio y estamos encantados con el profesor Séralini.
Esperemos que ahora empecemos a ver el fin de este tipo de campañas
sucias y vacías que hemos visto en este caso y en otros en la
última década, aproximadamente. La libertad de los científicos
independientes para desafiar los hallazgos científicos financiados
por una industria que procura vender semillas y agroquímicos
constituye un elemento vital para cualquier sociedad. La historia de
desastres tecnológicos nos dice que la industria y los reguladores
estatales son los últimos que reconocen o admiten que hay un
problema. Apoyamos plenamente el derecho de Séralini a proseguir
sus investigaciones sobre semillas transgénicas y le deseamos
más capacidad de decisión.”
El médico Brian John de FM-Free Cymru dijo: “Éste
es un desenlace más que gratificante ante un caso que jamás
tendría que haberse planteado si los industriales de la biotecncología
hubiesen seguido las tradiciones de larga data de respeto a los investigadores
y hubiesen aceptado honestos debates con académicos cuyos puntos
de vista y hallazgos en la investigación no coinciden con los
propios de la industria. Hace ya años que la industria de la
biotecnología y sus apologistas han tenido la lengua suelta para
calumniar e intimidar a quienes han tenido la temeridad de cuestionar
la seguridad de los productos genéticamente modificados…
algunos señorones académicos trabajando para la industria
biotecnológica se han comportado más como thugs[miembros
de una secta de la India, a la que se le atribuyen asesinatos por fanatismo]
que como científicos. Su filosofìa ha sido siempre: ‘maten
al mensajero’. La lista de víctimas es larga: Arpad Pusztai,
Ignacio Chapela y David Quist, Irina Ermakova, Judy Carman, Manuela
Malatesta, Andrés Carrasco y muchos otros.
”Felicitamos al profesor Séralini por haber tenido el coraje
de mantenerse firme ante la campaña y de haber devuelto el golpe.
Esperemos que su triunfo haga que las compañías transnacionales
de biotecnología y los reguladores públicos le otorguen
a los investigadores independientes el respeto que merecen.”
Y lo más importante, que nuestros reguladores presten mucha atención
a los hallazgos de Séralini y de aquellos científicos
independientes que alrededor del mundo luchan persistentemente contra
la introducción subrepticia de alimentos transgénicos
en la gente.
[1]
Ho, M.-W. y Saunders, P.T. “Defend Gilles-Eric Séralini
and transparency in GMO risk assessment”. Science in Society,
no 46, 4, 2010.
[2] “Séralini vs Fellous: a GMO libel case over independent
expertise and science”. Corporate Europe Observatory, 9 dic. 2010
<http://www.corporateeurope.org/agribusiness/content/2010/12/séralini-vs-fellous-gmo-libel-case>.
[3] “Investigador independiente de ingenierìa genética
gana juicio por difamación, GM Free Cymru, noticia de prensa
del 19 de enero de 2011. Fte.; GM Watch <www.gmwatch.org>.