Zika,
mosquitos transgénicos y la teoría del shock
En Uganda,
los bosques de Zika son un lugar calmado, rico en flora y fauna, y que
dio nombre a la enfermedad que está causando revuelo en América
Latina: la fiebre del zika.
Naomi Klein
en su libro La Teoría del Shock analiza como el capitalismo aprovecha
situaciones extremas para crear escenarios propicios para incidir en
decisiones que favorecen a los grupos de poder, y que de otra forma
sería imposible implementar. Eso está sucediendo con la
emergencia de enfermedades transmitidas por vectores como el zika y
el dengue. En 2015 sucedió con el ébola y antes con la
gripe “porcina”. En todos estos casos, se gestaron grandes
fortunas sin que en realidad se abordaran las causas de estas epidemias,
ni se les diera solución.
En las últimas
semanas los medios de comunicación se inundaron con noticias
de la emergencia de esta nueva epidemia, porque se supone que el virus
tiene la capacidad de afectar a los bebés en el útero.
En Brasil se ha insistido en los medios que el virus zika está
relacionado con un incremento de casos de microcefalia.
El zika es
una enfermedad viral transmitida por varias especies de mosquitos, incluyendo
el Aedes aegypti, vector también del dengue y la chikungunya.
Para transmitir la enfermedad, uno de estos mosquitos debe picar primero
a una persona enferma y luego a una persona sana.
El virus
fue aislado por primera vez en 1947 en Uganda en monos, cuando un grupo
de científicos investigaba la fiebre amarilla. A pesar de los
estragos que está produciendo en nuestra región, sólo
ha habido dos casos en Uganda en 70 años, tal vez porque la gente
allá desarrolló defensas inmunológicas al virus.
Las primeras infecciones humanas se detectaron en 1952 en Uganda y Tanzania.
A partir de 2007, se presentaron casos en Oceanía. Ahora se presenta
como una epidemia en América Latina.
El 3 de marzo
del 2016, la Organización Mundial de la Salud produjo un documento
con una cartografía de la cartera de investigación y desarrollo
para atacar el zika, y convocó al Grupo Asesor en Enfermedades
Transmitidas por Vectores (VCAG), para que evaluara las nuevas herramientas
propuestas, que incluyen métodos de diagnóstico, medicinas
profilácticas, vacunas y control del vector. Tras la mayoría
de ellas, hay empresas farmacéuticas. El objetivo final es que
la OMS dé prioridad a los productos médicos y a los enfoques
que deberían ser adoptados siguiendo una vía rápida,
para su desarrollo y adopción.
Muchas
de estas propuestas se basan en el control del vector
Un enfoque
de combate a la enfermedad centrado en el control del mosquito a costa
de todo, implica el uso de químicos peligrosos, como el larvicida
piriproxifen que fue introducido en Brasil en 2014; un inhibidor del
desarrollo que produce alteraciones endócrinas y es teratogénico.
Otro químico usado es el malathión, un insecticida organofosforado
considerado por la Agencia Internacional para la Investigación
sobre el Cáncer (IARC) como potencialmente cancerígeno
para los seres humanos. Es decir que se está envenenando a la
población pobre para controlar el mosquito, y sin que tengamos
seguridad que baje la incidencia de la enfermedad.
Siguiendo
este mismo abordaje, uno de los temas que evaluará el Grupo Asesor
en Enfermedades Transmitidas por Vectores es el uso del mosquito transgénico
OX513A para reducir la población del vector.
El mosquito
transgénico OX513A fue desarrollado por Oxitec, una empresa formada
con investigadores de la Universidad de Oxford, y que fue adquirida
en 2015 por Intrexon, una empresa especializada en biología sintética.
Oxitec ha
manipulado genéticamente sepas del mosquito para que el macho
deje descendencia no viable cuando se cruza con una hembra silvestre.
Es una especie de “mosquito terminator”. Teóricamente
sólo se libera al macho (que no transmite el virus porque no
pica). La separación entre hembras y machos en el laboratorio
es manual, basándose sólo en el tamaño de los mosquitos,
por lo que la posibilidad de que hembras transgénicas se infiltren
y sean liberadas, es alta.
En una prueba
hecha en las Islas Caimán con el mosquito transgénico
se encontró que el 0.5% de los mosquitos liberados eran hembras.
Aunque estos porcentajes son bajos, el número total de mosquitos
hembra transgénicas liberados o el número de crías
que sobreviven puede ser alta. En Brasil se producen más de 2
millones 500 mil mosquitos adultos transgénicos por semana, el
0.5% de estos mosquitos serán hembras: 12 mil 500 mosquitos hembra,
con capacidad de picar, podrían ser liberadas cada semana. Este
número se irá incrementando en cada estación.
Por otro
lado, si el mosquito transgénico logra eliminar o disminuir las
poblaciones silvestres de Aedes aegypti, dejará el nicho desocupado
para que otro mosquito que también es vector del zika y del dengue,
Aedes albopictus lo ocupe, pues disminuirá la competencia por
los sitios de reproducción y alimento.
Otro problema
es que el mosquito OX513A sobrevive en presencia de tetraciclina. En
su presencia, los mosquitos pueden reproducirse y perdurar por varias
generaciones. Recordemos que la tetraciclina es un antibiótico
muy usado en la industria avícola, acuícola, en medicina
humana y veterinaria, por lo que ahí hay un riesgo adicional.
La empresa
ya llevó a cabo experimentos con estos mosquitos en Panamá,
en las Islas Caimán, en Malasia y en el estado de Bahía
en Brasil. Sus resultados son muy discutibles. En un informe hecho sobre
las liberaciones del mosquito OX513A en Panamá, se evidenció
que ésta no es una zona donde el dengue sea un problema epidemiológico,
pues de acuerdo a la directora del Centro de Salud de Nuevo Chorrillo
(lugar donde se hizo la liberación del mosquito transgénico),
el último brote de dengue se había dado cinco años
antes, y en 2014 se habían registrado sólo cinco casos,
por lo que resulta difícil asegurar que el mosquito transgénico
haya sido un éxito en la lucha contra el dengue.
En todo caso,
la evaluación hecha por el grupo de control de vectores de la
OMS, en su reunión de marzo de 2016, concluyó que
el mosquito transgénico no está listo para su comercialización,
pues no se ha comprobado que esta técnica reduce verdaderamente
la enfermedad
Según
el experto Julius Lutwama, el virólogo jefe del Instituto de
Investigación de Virus de Uganda, otro problema de estrategias
de control de una enfermedad basada en el control de los vectores, es
que existen 3 mil 500 especies conocidas de mosquitos y la mayoría
de ellas no molesta en absoluto a los humanos: viven de las plantas
y el néctar de la fruta. Sólo 6% de las hembras chupa
sangre a humanos, y de éstas, sólo la mitad son portadoras
de parásitos que pueden causar enfermedades.
Además,
las estrategias basadas en combatir al vector, no abordan las causas
subyacentes que dan lugar a estas epidemias.
La Asociación
Brasileña de Salud Colectiva Abrasco al referirse al problema
de la microcefalia, epidemia en ese país, evalúa que las
estrategias de control de la enfermedad del dengue han fracasado, pues
hubo un crecimiento exponencial de la epidemia de dengue (en el año
2015, el Ministerio de Salud registró 1 millón 649 mil
008 casos probables del virus en el país y hubo un aumento de
82.5% de las muertes respecto del año anterior).
Según
los científicos de Abrasco la mayoría de madres de niños
con microcefalia viven en las zonas más pobres donde los sistemas
de saneamiento ambiental son deficientes, hay una creciente degradación
ambiental, una inmensa presencia de los residuos sólidos de los
hogares y deficiencias en el drenaje de agua de lluvia. Su acceso al
agua es intermitente, y por eso las familias tienen que almacenarlo,
lo que no sólo daña su calidad, sino que es un nicho ideal
para la reproducción del mosquito Aedes aegypti.
Enfermedades
como el zika, dengue, malaria se incrementarán a medida que se
agudiza el fenómeno del Niño, que es otro de los factores
que ha influido en la proliferación de estas epidemias. Mientras
se mantenga el sistema que prioriza la generación del capital
a costa de la salud y la naturaleza, será difícil.
Elizabeth
Bravo
Abril 2016