Bonos
de carbono para la siembra directa y la sojización
¿Qué
es lo que tendría que hacer entonces, un sojero argentino para reclamar
próximamente bonos de Carbono y añadirlo a sus enormes ganancias actuales?
Sorprendentemente, casi lo mismo que ha hecho durante los últimos
13 años. Los nuevos acuerdos solamente le requieren haber rotado soja
y maíz en los últimos tres periodos, y que haya usado inoculantes,
tales como los que recomienda habitualmente el INTA".
Los gobiernos acordaron en el año 1997 el Protocolo de Kyoto, denominado
de manera oficial como Convenio Marco sobre Cambio Climático de las
Naciones Unidas. El acuerdo entró en vigor el 16 de febrero
de 2005 , después que lo ratificaron 55 naciones que suman
el 55% de las emisiones de gases de efecto invernadero. En la actualidad
el Convenio Marco cuenta con el respaldo de 166 países. El Protocolo
de Kyoto, incluye entre otros acuerdos, y como artículo 12, el Mecanismo
de Desarrollo Limpio (MDL), que habilita a los países industrializados
para adquirir certificados de reducción de emisiones, comprando acciones
en proyectos que supuestamente, secuestran o reducen las emisiones
producidas.
En la práctica, estos mecanismos habilitan a los países del hemisferio
norte a contaminar en la medida en que inviertan bonos verdes en zonas
captadoras de carbono, en los países del hemisferio sur. En junio
de 2005, el entonces Secretario de Medio Ambiente de Argentina, Atilio
Savino, en una reunión habida sobre Cambio Climático en la ciudad
de Buenos Aires, recibió a las principales entidades que representaban
a los productores sojeros y maiceros. En la misma reunión participó
Hernán Carlino, jefe de la Oficina Argentina del Mecanismo de Desarrollo
Limpio y presidente desde el 2005 hasta el 2007 de la mesa de acreditación
de proyectos que aspiraban a inversiones de los MDL de las Naciones
Unidas (recordemos que de bonos de carbono para la agricultura se
comienza a hablar de manera oficial recién en Balí, en Diciembre del
2007).
El funcionario, [1] que impulsaba las políticas de
Estado del modelo sojero biotecnológico, explicó en ese encuentro,
las posibilidades que se generaban para los agrocombustibles a partir
de la implementación del protocolo de Kyoto: “Al crearse
una restricción del carbono, aparecen alternativas comerciales muy
interesantes”, manifestó, alentando el optimismo de la
audiencia agroempresarial. El Ingeniero Santiago Lorenzatti, Coordinador
General de AAPRESID, por aquel entonces a cargo del Proyecto de certificación
de la siembra directa, sacó a luz la gran preocupación que animaba
a los sojeros, cuando preguntó, acerca de qué posibilidades había
de proponer a los cultivos agrícolas industriales, como una de las
alternativas en materia de secuestro de carbono, para poder entrar
en el comercio de las emisiones. El funcionario Hernán Carlino respondió,
que: “esa propuesta no contó hasta ahora con “socios”
internacionales de peso, pero que se intentará reabrir el debate,
dado el interés que reviste para el país, líder mundial en siembra
directa”.
AAPRESID ha creado actualmente, la marca registrada “Agricultura
Certificada” cuyo titular es justamente, el mismo Santiago
Lorenzatti, el mismo que en el 2005 preguntara sobre las posibilidades
de que los monocultivos de soja entraran en el comercio de las emisiones.
En el año 2008, el mismo personaje, se anticipaba al futuro al manifestar:
“Buscamos entrar al mercado de bonos de carbono, pero luego
vimos que en el protocolo de Kyoto no estaba reconocida la siembra
directa como actividad secuestrante... Se optó entonces por un esquema
proactivo, apuntando a diferenciarse y a diseñar un protocolo para
llegar a una certificación de las buenas prácticas contenidas en un
sistema que la Argentina ha logrado exportar a otros países. Al cabo
de 30 años de siembra directa, se comienzan a ver los frutos...Somos
conscientes que adoptamos un sistema superador y sustentable. Hay
que contabilizar que no más del nueve por ciento de la superficie
mundial está bajo siembra directa; tenemos la oportunidad de posicionarnos
para retener y capturar ese valor”.
En Agosto de 2009 los lobbistas sojeros respaldados siempre por el
Estado argentino y en particular por el Ministerio de Relaciones exteriores,
donde se ha producido un extraño ensamble funcionarial entre gente
influida por las corporaciones, setentistas y estalinistas, parece
que están logrando al fin su objetivo. La Oficina de Naciones para
el Cambio Climático, acaba de introducir una nueva metodología para
los créditos de carbono desde la agricultura, que beneficiará a la
siembra directa química y a los monocultivos de soja. La metodología
consiste en otorgar créditos de carbono a los cultivos que incluyan
la inoculación de la soja y el maíz. Según los analistas financieros
el inoculante beneficiado será el producido y patentado por Becker
Underwood. Justamente, en el 2008, la compañía Becker Underwood firmó
un acuerdo con Monsanto por el cual trabajarán en conjunto para la
producción de tratamientos de las semillas de maíz, soja y algodón.
Es decir, que el nuevo paquete tecnológico contendrá el glifosato
y las bacterias de la Becker Underwood. Públicamente Becker Underwood
admite que esa metodología fue diseñada por miembros de la propia
compañía. De esa manera, la sojaRR podrá entrar en el mercado de carbono
por el solo mérito de inocular las semillas. En estos días los lobbistas
apuntan a que la siembra directa sea reconocida como secuestradora
de carbono y así, es muy probable que en pocos meses, los territorios
sojeros participen de la gigantesca ruleta financiera y subsidiaria,
que se inaugurará a partir de fines del año, con el comercio internacional
de los Bonos de Carbono. [2] La gran diferencia entre
el tratado de Kyoto y la próxima Conferencia sobre Cambio Climático
que se realizará en el mes de Diciembre en Copenhague, será que Estados
Unidos habrá de aceptar por primera vez, la necesidad de bajar las
emisiones de dióxido de carbono. Recientemente, y casi en paralelo
con la aprobación, por parte de la Oficina de las Naciones Unidas,
de la metodología de bonos de carbono para la inoculación de semillas,
que beneficiaría a la siembra directa en la agricultura, el Gobierno
norteamericano aprobó con media sanción, la Ley Climática, “climate
bill” o Ley del clima.
Esa legislación, de ser aprobada por el Senado, legitimaría y posibilitaría
una ingeniería financiera monumental vinculada al mercado de los bonos
de carbono. El New York times, anticipándose, refiere específicamente
a un mercado de emisiones, en que probablemente, circulará un trillón
de dólares y que sin lugar a dudas, aportará a restablecer los equilibrios
financieros. Es evidente que, los políticos norteamericanos, en concertación
con los lobistas de la industria biotecnológica, están haciendo lo
posible para que la agricultura industrial sea la gran beneficiaria
de los créditos de carbono, o sea, de los subsidios encubiertos para
la siembra directa. Monsanto es la corporación que ha realizado mayores
inversiones hasta la fecha en los procedimientos de lobby a los políticos
que aprobaron el Climate Bill. La prensa norteamericana toma la delantera
de esa manera a favor de los nuevos escenarios a los que abre el mercado
del carbono aplicado a la agricultura, escenarios que habrán de implicar
altas inversiones y en las que el riesgo especulativo será importante.
[3] Parte de esa especulación financiera, actualmente
en crisis después de la debacle de los prestamos hipotecarios, conocidos
como sub/prime, se reciclará entonces con los bonos de Carbono y sus
nuevos mercados.
De hecho, las nuevas burbujas ya comienzan a constituirse en los mercados
globales. El titular de la Comisión de Agricultura de la Cámara de
Diputados norteamericana Collin Peterson, en su reciente ponencia
a los sojeros norteamericanos, les dijo que, con el climate bill,
el precio de los granos aumentara de 1.8 a 4.6%. [4]
¿Qué es lo que tendría que hacer entonces, un sojero argentino para
reclamar próximamente bonos de Carbono y añadirlo a sus enormes ganancias
actuales? Sorprendentemente, casi lo mismo que ha hecho durante los
últimos 13 años. Los nuevos acuerdos solamente le requieren haber
rotado soja y maíz en los últimos tres periodos, y que haya usado
inoculantes, tales como los que recomienda habitualmente el INTA.
Los productores deberán ofrecer asimismo datos fiables y verificables
sobre la cantidad de urea utilizada, al menos en los últimas tres
rotaciones completas de maíz y soja. Los controles muy probablemente
los hagan los mismos sojeros desde AAPRESID, o acaso se pergeñarán
mecanismos perversos a los efectos, desde la misma Mesa Redonda de
la soja responsable, que conducen las Corporaciones y sus socios nativos.
O sea que, una vez más, los zorros cuidarán del gallinero.
Con los bonos de carbono y los recientemente aprobados mecanismos
de desarrollo limpio, la agricultura química de siembra directa, podrá
iniciar su “revolución verde transgénica” en áfrica y
en otras partes del planeta, donde todavía los Agronegocios no son
hegemónicos. De esa manera, y contra toda lógica de un discurso preocupado
por los cambios climáticos, las Naciones Unidas están haciendo posible
un avance sin precedentes en la mercantilización global de los alimentos
y de la agricultura, a la vez que, legitimando concentraciones abrumadoras
de las cadenas agroalimentarias que permitirán gigantescos negocios
corporativos.
El próximo tratado de Cambio Climático a celebrarse en el próximo
mes de Diciembre en Copenhague, si es que no podemos detener estas
tendencias políticas, ahondará la extensa situación de desruralización,
descampesinización y desterritorialización del mundo rural. Las consecuencias
de estas políticas serán las de incentivar hasta límites inimaginables
la emigración forzosa hacia los países ricos y hacia las ciudades,
acentuar el despoblamiento masivo de inmensos espacios del Planeta
y provocar un hacinamiento cada vez más gigantesco en todas las grandes
urbes transformadas en megalópolis inmanejables y al borde del colapso.
Por último, reafirmamos: que la Soberanía Alimentaria continúa constituyendo
el eje principal de toda alternativa frente a las amenazas del modelo
de los Agronegocios biotecnológicos; que es posible generar modelos
productivos amigables con el entorno, que respeten los bienes comunes
y que sean capaces de preservarlos para las próximas generaciones;
que alimentarse, se ha convertido de manera creciente, en un acto
político, un acto de conciencia, de insubordinación y resistencia,
así como en una práctica que propicie redes rebeldes de comercialización
a escala humana y de producciones familiares y de autosuficiencia
alimentaria. GRR.
Grupo de Reflexión Rural www.grr.org.ar
[1]
http://cdm.unfccc.int/
El funcionario inicia la política de créditos para la incorporación
de inoculantes en el 2007 cuando era el chair del accreditation borrad.
[2] http://www.seedquest.com/
[3]
http://www.reuters.com/
[4]
http://www.greenpacks.org/