RESUMEN
Ejecutivo (*)
Entre 2006 y 2008 se han cultivado en EEUU 381 millones de hectáreas
de maíz, soja y algodón modificados genéticamente
(MG) resistentes los herbicidas (RH). La soja RH representaba las dos
terceras partes de esta superficie.
Se
han cultivado también 145 millones de hectáreas de variedades
de maíz y de algodón MG insecticida (Bt), representando
el maíz el 79% de esta superficie.
Contabilizando
la superficie sembrada de cada uno de estos rasgos, entre 1996 y 2008
se habrían cultivado unos 526 millones de hectáreas de
cultivos RH y Bt (hectáreas/rasgo), representando los cultivos
HT el 72% de esta superficie. La superficie real sembrada con soja,
maíz y algodón MG en este periodo, no obstante, es considerablemente
inferior a los 526 millones, debido al predominio de variedades de maíz
y de algodón que exhiben ambos rasgos transgénicos.
Impacto sobre el uso de pesticidas
En los primeros 13 años de utilización a escala comercial,
los cultivos MG han incrementado en 144,4 millones de kilos el uso total
de pesticidas con respecto a la cantidad de estos productos que hubiera
sido aplicada seguramente de no disponerse de semillas RH y Bt.
Este
incremento de 144,4 millones de kilos representa una media de 0,28 kilos
adicionales de ingrediente activo pesticida por hectárea/rasgo
MG plantado en los primeros 13 años de cultivo de variedades
transgénicas a escala comercial.
Durante
este mismo periodo, el maíz y el algodón Bt han conseguido
reducciones en el uso de insecticidas que ascienden a un total de 29,1
millones de kilos. La utilización de maíz Bt ha reducido
el uso de insecticidas en 14,8 millones de kilos, es decir alrededor
de 0,1 kilos por hectárea, mientras que el algodón Bt
ha reducido el uso de insecticidas en 14,3 millones de kilos, es decir
alrededor de 0,4 kilos por hectárea.
Durante
los 13 años de cultivo los cultivos RH han incrementado el uso
de herbicidas en 173,5 millones de kilos. De este total, la soja RH
ha aumentado el uso de herbicidas en 159 millones de kilos (unos 0,62
kilos por hectárea), representando el 92% del incremento total
de empleo de herbicidas en los tres cultivos RH.
La
utilización de herbicidas en la superficie cultivada con variedades
RH ha experimentado recientemente un aumento muy acusado, representando
el incremento en el uso de herbicidas de las temporadas 2007 y 2008
el 46% del aumento total de los tres cultivos en estos 13 años.
De 2007 a 2008 el uso de herbicidas en los cultivos RH aumentó
un significativo 31,4%.
En
los tres primeros años de cultivo a escala comercial (1996-1998),
las variedades MG lograron una reducción anual de los pesticidas
utilizados en la agricultura del 1,2%, 2,3% y 2,3%, pero en 2007 habían
incrementado su utilización en un 20%, y en 2008 en un 27%.
Esta
tendencia a un aumento cada vez mayor de la diferencia entre el volumen
de herbicidas utilizado para controlar las malezas en los campos cultivados
con variedades RH con respecto a los campos cultivados con semillas
convencionales, se debe a dos factores principales:
La
aparición y rápida expansión de malezas resistentes
al glifosato y crecientes reducciones en el volumen de herbicidas aplicado
en la superficie cultivada con variedades no MG.
Malezas resistentes
La
adopción muy extendida de algodón, maíz y soja
RoundupReady (RR) resistente al glifosato (RG) ha aumentado enormemente
la utilización de productos con este componente herbicida. La
excesiva dependencia de glifosato ha generado una creciente plaga de
malezas resistentes a este compuesto herbicida, al igual que un empleo
excesivo de antibióticos puede provocar la proliferación
de bacterias resistentes a los antibióticos.
Las
malas hierbas RG eran prácticamente desconocidas antes de la
introducción de los cultivos RR en 1996. Hoy día, sin
embargo, al menos nueve malezas RG infestan millones de hectáreas
de la superficie agrícola estadounidense. Miles de campos albergan
dos o más malas hierbas resistentes. Este problema está
afectando más a las comarcas del sur, aunque se está extendiendo
rápidamente al medio oeste y el norte de EEUU, hasta Minnesota,
Wisconsin y Michigan. En general, los agricultores tienen cinco opciones
para responder a la aparición de malas hierbas resistentes en
los campos plantados con cultivos RH: Aplicar herbicidas adicionales,
Incrementar
la dosificación del herbicida (o herbicidas) utilizados,
Realizar aplicaciones múltiples de herbicidas que antes sólo
se aplicaban una vez,
Incrementar el laboreo para control de malas hierbas, o bien
Eliminar las malas hierbas manualmente.
En
el periodo cubierto por este informe las tres primeras han sido con
mucho las respuestas más comunes, incrementando así el
volumen de herbicidas aplicado en la superficie sembrada con variedades
RH.
El
amaranto (Amaranthus palmeri) resistente al glifosato se ha extendido
espectacularmente por el sur de EEUU desde que las primeras poblaciones
resistentes fueron confirmadas en 2005, y representa ya una importante
amenaza para la producción de algodón estadounidense.
En algunos casos el grado de infestación es tan grave que los
productores de algodón se han visto obligados a abandonar las
tierras o a recurrir a la práctica pre-industrial de eliminar
las malas hierbas mecánicamente con una hazada.
La
coniza o erígero (Conyza canadensis) resistente es la maleza
resistente al glifosato más extendida. Apareció por primera
vez en Delaware en 2000, y ha invadido actualmente varios millones de
hectáreas en al menos 16 estados del Sur y del Medio Oeste, sobre
todo Illinois. La proliferación de coniza y de otras ocho malezas
resistentes al glifosato no sólo está originando incrementos
considerables en el uso de glifosato, sino también un aumento
del empleo de herbicidas más tóxicos, incluido el paraquat
y el 2,4D, un componente del Agente Naranja utilizado en la guerra de
Viet Nam como producto defoliante.
En
un futuro previsible resulta actualmente inevitable una creciente dependencia
de herbicidas más viejos y con mayores riesgos para el manejo
de malas hierbas resistentes en los cultivos RH, que aumentará
notablemente la huella ecológica y sanitaria del manejo de malezas
en más de 40 millones de hectáreas de superficie agrícola
en EEUU. Esta huella se acentuará y se hará más
diversa, abarcando un creciente riesgo de defectos de nacimiento y de
otros problemas reproductivos, impactos más graves en los ecosistemas
acuáticos, y episodios mucho más frecuentes de daños
por herbicida en la vegetación y cultivos cercanos a campos RH
debido a la dispersión no intencionada del herbicida en el entorno.
El
gráfico 1.1. muestra la tendencia al alza de los kilos de glifosato
aplicados anualmente para cada uno de los tres cultivos RH. Los datos
del Servicio Nacional de Estadísticas Agrícolas del Ministerio
de Agricultura de EEUU (USDA NASS) muestran que desde 1996 la cantidad
aplicada por temporada de cultivo se ha triplicado en las fincas de
algodón, se ha duplicado en el caso de la soja y ha aumentado
un 39% en el maíz. El incremento anual medio de kilos de glifosato
aplicados por hectárea en el algodón, la soja y el maíz
ha sido de 18,2%, 9,8% y 4,3% respectivamente desde la introducción
de los cultivos RH.
Utilización
de dosis menores de herbicidas en los cultivos convencionales
El
segundo factor clave que ha llevado a un creciente margen de diferencia
en el uso de herbicidas en los cultivos RH respecto a los cultivos convencionales,
es el avance de la industria de herbicidas en el descubrimiento de componentes
activos más potentes, cuya eficacia permite una aplicación
en cantidades cada vez menores. Como resultado de estos avances, el
volumen de herbicidas por hectárea utilizado en los cultivos
convencionales ha bajado a un ritmo constante desde 1996. Por el contrario,
el glifosato/Roundup es un herbicida que requiere aplicaciones a dosis
relativamente altas, y el volumen utilizado de glisofato ha aumentado
rápidamente en la superficie sembrada con cultivos RH, como es
evidente en los datos de NASS presentados arriba.
El
volumen de herbicidas aplicado en los cultivos convencionales de soja
descendió de 1,3 kilos de ingrediente activo por hectárea
en 1996 a 0,55 kilos en 2008. La reducción constante del volumen
de herbicida aplicado en la soja convencional representa aproximadamente
la mitad de la diferencia en el uso de herbicida en los cultivos de
soja MG con respecto a los convencionales. El incremento del volumen
de herbicidas aplicado en los cultivos de soja RH, de 1 kilo en 1996
a 1,85 kilos en 2008, representa la otra mitad de la diferencia.
En
los insecticidas se ha registrado una tendencia similar. El volumen
de insecticidas aplicados para el control del gusano de la raíz
del maíz (Diabrotica virgifera) ascendía a unos 0,8 kilos
por hectárea a mediados de la década de 1990 y a unos
0,2 kilos una década después. La excepción a esta
regla de caída espectacular en el volumen de pesticidas utilizado
son los insecticidas utilizados para controlar el complejo del heliotis/gusano
del algodón (Helicoverpa armigera/H. zea), habiendo descendido
en este caso de forma marginal, de 0,62 kilos a 0,53 kilos por hectárea.
El futuro del maíz, la soja y el algodón MG
En
2010 la inmensa mayoría del maíz, de la soja y del algodón
cultivado en EEUU se sembrará con semillas MG. Esta predicción
dista mucho de ser osada, pues el suministro de semilla no transgénica
es actualmente tan escaso que la mayoría de los agricultores
tendrá que comprar semillas MG durante los próximos años,
quiera o no quiera.
De
mantenerse la tendencia actual, las semillas de maíz, de soja
y de algodón MG plantadas en los próximos 5 a 10 años
llevarán incorporado un número creciente de rasgos transgénicos
(normalmente 3 o más), su precio por hectárea será
bastante más elevado, y plantearán riesgos excepcionales
de gestión de resistencias, sanidad vegetal, seguridad alimentaria
y ecológicos. Los cultivos RH seguirán generando un aumento
en el uso de herbicidas, y este incremento seguirá superando
en un futuro la reducción del uso de insecticidas lograda en
los cultivos Bt.
Un punto de inflexión en los cultivos RoundupReady (RR)
El
año 2009 marcará probablemente varios puntos de inflexión
en la tendencia de los cultivos RR. La superficie de soja RH descendió
un 1% respecto al año anterior, y seguramente volverá
a descender varios puntos porcentuales adicionales en 2010. En varios
estados la demanda de soja convencional está superando la oferta,
lo que ha llevado a las universidades a trabajar con compañías
semilleras regionales para intentar cubrir esta carencia.
Las razones argumentadas por los agricultores para abandonar el sistema
RR incluyen el coste y los problemas inherentes al control de malas
hierbas resistentes al glifosato, el rápido aumento del precio
de las semillas, los ventajosos precios de venta de la soja no-MG, un
rendimiento de la soja RR2 inferior al esperado y al prometido en 2009,
y la posibilidad de guardar y resembrar semillas convencionales (una
práctica tradicional que la compra de semillas RH/RR convierte
en ilegal).
En
las regiones donde los agricultores están luchando ya contra
malezas resistentes, especialmente el amaranto (Amaranthus palmeris)
y la coniza (Conyza canadensis), expertos de universidades proyectan
incrementos de hasta 200 dólares por hectárea en costes
asociados a los cultivos RH en 2010. Este aumento representa un considerable
28% de los ingresos por hectárea de soja respecto a los costes,
según las previsiones optimistas de la USDA sobre ingresos para
el cultivo de soja en 2010 (rendimiento medio 42 bushels; precio medio,
unos 9,90 dólares). .
El
panorama económico es mucho más sombrío para los
agricultores con un rendimiento de soja (36 bushels) y precio de venta
(6,50 dólares por bushel) medios que tengan que combatir malezas
resistentes a los herbicidas. Este tipo de condiciones medias generará
alrededor de 578 dólares de renta bruta por hectárea.
El incremento de costes por hectárea de 198 dólares estimado
para la soja RH representaría en este caso una tercera parte
de los ingresos brutos por hectárea, siendo los costes totales
de funcionamiento superiores a los 494 dólares por hectárea,
dejando solo 84 dólares para cubrir los gastos de mano de obra,
gestión, intereses, tierras y demás costes fijos. Un escenario
así deja poco o ningún margen de beneficios para el agricultor.
El manejo de resistencias sigue siendo clave para mantener la
eficacia de los cultivos Bt
El
futuro de los cultivos transgénicos Bt es más prometedor,
pero únicamente siempre y cuando se evite la aparición
de resistencias. La industria de semillas, la Agencia de Protección
Ambiental (EPA) y científicos de las universidades han colaborado
eficazmente durante los últimos 13 años, esforzándose
para vigilar atentamente y evitar la aparición de poblaciones
de insectos resistentes a los cultivos Bt.
Pero
en la actualidad algunos expertos argumentan que pueden relajarse las
medidas de prevención de resistencias en cultivos Bt, señalando
que la tendencia de la industria semillera a incorporar varias toxinas
Bt a una misma variedad de maíz o de algodón debería
reducir el riesgo de aparición de este problema. Aparentemente
este argumento ha convencido a la EPA, puesto que recientemente ha autorizado
la comercialización de varios cultivos Bt con unas disposiciones
mucho menos estrictas sobre manejo para prevención de resistencias.
La
experiencia indica que es prematuro disminuir la atención dedicada
a la prevención de resistencias. Los insectos que dañan
al maíz y al algodón tardaron entre 10 y 15 años
en desarrollar resistencia a cada uno de los tipos nuevos de insecticida
utilizados para control de plagas.
El
algodón Bt lleva ya cultivándose 14 años, pero
la superficie plantada no alcanzó la tercera parte del cultivo
total de algodón hasta el 2000. Además, en 2003, aproximadamente
justo cuando los expertos habían predicho que aparecería
la resistencia en campo, fueron descubiertas las primeras poblaciones
del gusano del algodón (H. zea) resistentes al Bt en campos de
algodón en Mississippi y Arkansas en 2003.
Las
variedades Bt para control del gusano de la raíz del maíz
se han sembrado en una superficie importante desde hace solo 3 años
(2007-2009), mientras que los híbridos de maíz Bt para
control del barrenador oriental ocupan todavía solo algo más
de la mitad de la superficie nacional. Para ambos tipos de maíz
Bt, y especialmente en el caso del maíz Bt para control del gusano
de la raíz, es demasiado pronto para afirmar con cierto grado
de confianza que la aparición de resistencias ha dejado de ser
un riesgo importante.
Tendencias futuras
Hasta
ahora las empresas de biotecnología agrícola han dedicado
la parte del león de sus recursos de I+D al desarrollo de solo
dos rasgos biotecnológicos: la tolerancia a herbicidas y la resistencia
a insectos. Los sistemas de control de plagas basados fundamentalmente
en estas dos características están en peligro, en términos
biológicos y económicos, por la sencilla razón
de que fomentan una dependencia casi exclusiva de estrategias basadas
en un solo componente -temporada tras temporada, año tras año,
y en superficies muy extensas de cultivos. Estas condiciones representan
una “tormenta perfecta” para la evolución y propagación
de resistencias.
Nadie
cuestiona seriamente que los cultivos RR hayan alcanzado una gran popularidad,
en su mayor parte hayan sido eficaces, y casi neutros en términos
presupuestarios para los agricultores. Pero han promovido una dependencia
sin precedentes del glifosato para control de malas hierbas, y esta
sobre-dependencia ha generado una creciente plaga de malezas resistentes
y tolerantes al glifosato.
Dos
de los principales actores de esta industria -Monsanto y Syngenta- ofrecen
actualmente a los agricultores descuentos del orden de 30 dólares
por hectárea por fumigar con herbicidas cuyos componentes actúen
de modo diferente al glifosato. El programa de Monsanto incluso pagará
a los agricultores por comprar herbicidas vendidos por la competencia,
lo que indica hasta que punto Monsanto percibe que es muy grave la amenaza
que pende sobre sus líneas de producción más rentables.
Mientras
que para los productores de maíz, de soja y de algodón
la expansión de malezas resistentes es una catástrofe
anunciada que socava su balance económico, la industria de semillas
y de plaguicidas vislumbra nuevas oportunidades de mercado y de ganancias
tras la aparición de malas hierbas resistentes. Gran parte de
las inversiones de la industria en I+D se están destinando al
desarrollo de nuevos cultivos que resistirán dosis más
altas de glifosato, o que tolerarán aplicaciones adicionales
de herbicidas, o ambas cosas. En resumen, la respuesta de la industria
es más de lo mismo.
Una
importante empresa biotecnológica ha presentado y conseguido
una solicitud para una patente sobre cultivos RH que pueden ser fumigados
con productos de siete o más familias distintas de herbicidas
químicos. Estas próximas generaciones de cultivos RH probablemente
serán fumigadas con dos o tres veces el número de herbicidas
aplicado habitualmente hoy día en los campos sembrados con variedades
RH, lo que hará que siga aumentando el volumen total de herbicidas
aplicados en este tipo de cultivos, así como el coste de los
herbicidas.
Esta
forma de abordar el problema de la rápida emergencia de malezas
resistentes a los herbicidas es tan disparatada como rociar de gasolina
un fuego con la esperanza de sofocar las llamas.
En
vez de fumigar más, los agricultores deberían diversificar
sus tácticas de manejo de malas hierbas, modificar las rotaciones
de cultivos, seguir escrupulosamente los planes de manejo de resistencia
a herbicidas recomendados, y utilizar más agresivamente el laboreo
para enterrar las semillas con tolerancia a los herbicidas a una profundidad
suficiente para evitar que germinen.
Los
objetivos inmediatos más urgentes para agricultores, científicos
y la industria semillera incluyen desarrollar sistemas de manejo de
malas hierbas capaces de llevar la delantera a las malezas resistentes,
asegurar que no se da marcha atrás al compromiso para conservar
la eficacia de las toxinas Bt, y ampliar la oferta y la calidad de las
semillas convencionales de maíz, de soja y de algodón.
Este último objetivo probablemente termine siendo el más
fundamental, puesto que la productividad de nuestro sistema agrícola
y la calidad de gran parte de nuestro suministro de alimentos empieza
por y depende de las semillas.
*
Traducido por Isabel Bermejo
Para acceder al documento
completo clik aquí: http://www.rapaluruguay.org/transgenicos/Prensa/13Years20091126_FullReport.pdf