Modelo
neocolonial: acaparamiento de tierra, monocultivos y exclusión
social
13/11/10
Por GRR
De haber sido un importante proveedor de carnes y cereales para Europa
durante gran parte del siglo XX, y siendo autosuficiente de los alimentos
que consumía su propia población, en la actualidad, la
Argentina ha pasado a ser un país básicamente productor
de transgénicos y exportador de forrajes. Se redujo, cuando no
se eliminó por completo, la producción de otros cultivos,
provocando serios deterioros en la seguridad alimentaria. Por otra parte,
como consecuencia directa del poder en los mercados de las corporaciones
transnacionales, la producción de alimentos ha quedado subordinada
a los cultivos de transgénicos para la exportación, originando
un fenómeno de dependencia del país respecto de los mercados
globales, las empresas exportadoras y otras corporaciones que, como
Monsanto, no sólo proveen la semilla, sino también el
paquete tecnológico, que integran fertilizantes y agrotóxicos.
El
modelo de agro exportación de commodities, una agricultura extractivista
y minera que actualmente se ha impuesto en la Argentina, suma veinte
millones de hectáreas sembradas con soja transgénica,
lo cual representa más de la mitad de la superficie agrícola
del país. Esta agricultura de monocultivo industrial, que ya
lleva veinte años, tuvo como objetivo, en principio, proveer
forrajes para las producciones de carnes en encierro tanto en Europa
como en China, así como harinas y subproductos industriales de
la producción de aceites. Tras dos décadas de padecer
este monocultivo, las consecuencias económicas, sociales, culturales,
ambientales y sanitarias para la Argentina, son devastadoras. Es un
modelo de agricultura, que impone la exclusión o la marginalidad
social y la pobreza. El modelo de sojización ha afectado, no
solamente los agro ecosistemas mas frágiles en el norte, sino
que, algunos estudios indican también, importantes pérdidas
de fertilidad en la pampa húmeda. Estas tierras que históricamente
han caracterizado la riqueza de la Argentina y han construido en el
imaginario de nuestro pueblo y del mundo, una idea de opulencia alimentaria,
ya están convirtiéndose en un mero mito, gracias a la
sobre exigencia a que se encuentran sometidos sus suelos, que ayudados
por las recurrentes sequías y vientos, consecuencias de la deforestación,
del maltrato productivista y de los cambios climáticos, amenazan
convertirse en un nuevo Dust Bowl, tormentas de tierra en sequía
y por agriculturización excesiva, con desaparición de
la cobertura vegetal autóctona protectora del suelo, uno de los
desastres ecológicos más importantes del siglo XX.[1]
La
producción de commodities se complementó con la instalación
de los agronegocios como eje de poder que reconfiguró la economía.
Los agronegocios son uno de los principales núcleos de poder
de las corporaciones que dominan el Cono Sur. Estas corporaciones comparten
el territorio con las transnacionales mineras y petroleras. Las actividades
de los agronegocios y las industrias extractivas, constituyen el eje
estructural y el origen de los principales conflictos sociales y ambientales
en la región sudamericana. Los agronegocios son el motor que
mueve la violencia y la criminalización de las comunidades campesinas
e indígenas que luchan por su tierra. Ellos se extienden con
estrategias que conducen a la destrucción de las mismas bases
de vida de la población rural y de las generaciones venideras.
El
boom de la soja transgénica ha provocado la especialización
en la producción y exportación de unos pocos productos
primarios, subordinando el país a los vaivenes de la economía
mundial y del capital financiero especulativo. Y aunque los commodities
fueron favorecidos en los mercados, el futuro continúa siendo
imprevisible. La creciente dependencia a los mercados globales ha generado
una sociedad de servicio y de gran inseguridad alimentaria, en que los
planes sociales reemplazan el trabajo productivo. De haber sido un importante
proveedor de carnes y cereales para Europa durante gran parte del siglo
XX, y siendo autosuficiente de los alimentos que consumía su
propia población, en la actualidad, la Argentina ha pasado a
ser un país básicamente productor de transgénicos
y exportador de forrajes. Se redujo, cuando no se eliminó por
completo, la producción de otros cultivos, provocando serios
deterioros en la seguridad alimentaria. Por otra parte, como consecuencia
directa del poder en los mercados de las corporaciones transnacionales,
la producción de alimentos ha quedado subordinada a los cultivos
de transgénicos para la exportación, originando un fenómeno
de dependencia del país respecto de los mercados globales, las
empresas exportadoras y otras corporaciones que, como Monsanto, no sólo
proveen la semilla, sino también el paquete tecnológico,
que integran fertilizantes y agrotóxicos.
Este
modelo es responsable de la desaparición de la agricultura familiar
y de los trabajadores rurales. Miles de ellos son expulsados violentamente
de sus tierras y de sus fuentes de trabajo para imponer el paquete tecnológico
de la siembra directa y las semillas GM, y son criminalizados por resistir
los desalojos y el avance de la soja. Considerando la expulsión
de trabajadores rurales y campesinos de los territorios donde se cultiva,
el promedio de trabajadores que quedan, sumado a los del brevísimo
trabajo temporario de los de los contratistas de maquinaria agrícola,
no es más de un trabajador cada 500 Has. Condenados al éxodo
rural, las poblaciones pasan a engrosar los cordones de pobreza de las
grandes ciudades, convirtiéndose en consumidores rehenes de lo
que el mercado les impone a través de las cadenas agroalimentarias
y el supermercadismo a la vez que transformándose en cautivos
del asistencialismo clientelar y una enmarañada red de punteros
políticos, crimen organizado, trata de personas e iglesias destinadas
a la contención y al control social de las periferias de pobreza
extrema.
El
crecimiento de la soja está íntimamente ligado al deterioro
ambiental. Su expansión está ocasionando la deforestación
de extensas áreas, en particular en las provincias del norte.
Cada año se desforestan en la Argentina más de 200 mil
hectáreas de monte nativo, debido al avance de los monocultivos
que afectan grave e irremediablemente a la Biodiversidad. Muchos hábitats
naturales, tales como bosques, humedales o estepas, junto con especies
de plantas y animales, fueron eliminados o corren peligro de extinguirse.
Otras de las consecuencias de la deforestación, son el importante
aumento en la incidencia de varias enfermedades zoonóticas como
consecuencia de que los vectores y patógenos quedaran sin sus
hábitats naturales y han debido colonizar los poblamientos urbanos.
Ahora, esas enfermedades, afectan a las economías familiares
y a los presupuestos en salud del Estado, agregando un factor de estrés
y de gastos que es ignorado y permanece invisible dentro de las ecuaciones
del mercado.
El
empobrecimiento sistemático de nuestros suelos y la creciente
desertificación, es otra de las graves secuelas que deja la soja,
los otros cultivos genéticamente modificados y las zonas con
forestación implantada y en escala. Pero la consecuencia más
siniestra siguen siendo los modos en que este modelo de monocultivos
ha impactado en la salud de cientos de miles de pobladores que viven
cercanos a los campos de soja. Nuestra población está
siendo afectada en forma directa por las fumigaciones de agrotóxicos
produciéndose cáncer, leucemia, lupus, púrpura,
alergias de todo tipo, malformaciones en recién nacidos, abortos
y demás enfermedades vinculadas a la afectación del sistema
inmunológico. A esto se suma el caso de numerosas muertes producidas
por intoxicaciones. Esta situación se repite a lo largo de todo
el Cono Sur, los relatos acerca de envenenamientos y desalojos, amenazas
y asesinatos se producen no sólo en la Argentina, también
en Brasil y Paraguay.
Según
ensayo “Agricultura, alimentación, biocarburantes y medio
ambiente” de diversos autores, en la Revista económica
ICE de Madrid: “La agricultura y la alimentación se configuran
globalmente como un reto pendiente de solución: la sexta parte
del mundo pasa hambre y la población mundial y el cambio en las
dietas van a elevar sustancialmente la demanda de materias primas agrarias.
El mundo, pese a todo, cuenta con recursos suficientes, tierra y agua,
para alimentarse, pero requiere más inversión en capital
y tecnología, una regulación mejor y más justa
del comercio y la mitigación de las causas de la pobreza. La
producción de biocarburantes comporta una nueva demanda para
la agricultura, compitiendo por los mismos recursos con la producción
de alimentos”.[2] Lo que con seguridad incrementará
la expansión del actual modelo de agricultura industrial y semillas
GM, es el cada vez mayor interés de los países ricos por
cortar su petróleo con combustibles provenientes de la agricultura.
Con el surgimiento del mercado de agrocombustibles, el futuro de la
producción agrícola se torna todavía más
pavoroso porque nos amenaza conducirnos a una catástrofe de carácter
irreversible. Múltiples organizaciones sociales han expresado
su preocupación por las consecuencias que puede generar este
nuevo modelo de energía, donde la agricultura estará el
servicio de producir alimentos para motores. En el Cono Sur de la América
Latina, el sector sojero se promociona como el gran abastecedor de biodieseles
para el mercado europeo. Para América Latina esta actual ola
de expansión de la agricultura industrial, amenaza lo que resta
de población rural y las últimas zonas de producción
de alimentos. Una de las consecuencias directas de estas políticas,
es que cada vez, mayores sectores de la población de menores
o escasos ingresos, tienen acceso a una alimentación adecuada
debido a los altos precios de los alimentos básicos (frutas,
verduras, carne, leche).
La
soja no es un mero cultivo, la soja es un sistema global que condiciona
e impone políticas de Estado. Lo que en un momento se denominó
como agricultura sin agricultores, en realidad fue el comienzo de un
arrebato masivo del territorio por parte de las corporaciones y que
actualmente culmina en la desolación de un pueblo privado de
sus suelos y del arraigo a la tierra, de su seguridad alimentaria y
en consecuencia, de su Soberanía Alimentaria.
La
tierra en América Latina: el talismán de las corporaciones
La
crisis alimentaria mundial y la crisis financiera de 2008, reconfiguraron
el mapa mundial de los más poderosos. Los negociantes de los
mercados globales salen a buscar nuevos objetos de especulación,
especialmente tierras fértiles, agua y alimentos, además
del oro, metales estratégicos y cuencas hidrocarburíferas.
Son capitales corporativos que no sólo buscan dar respaldo tangible
a sus divisas vacías de valor, sino que, adictos a las fábulas
del “crecimiento”, descubren ahora que no pueden alimentar
a su propia población y buscan enclaves en propiedad o arriendo.
Es el caso de China. Sus tierras agrícolas están desapareciendo
ante el avance industrial y sus suministros de agua se encuentran en
estado crítico. Con más de 1.8 billones de dólares
de reservas en divisas, China cuenta con bastante dinero para invertir
en su propia seguridad alimentaria en el extranjero. Y es lo que está
haciendo, no sólo en Asia y en África. Ahora también
logró instalarse en la Argentina.
La
provincia de Río Negro en la Patagonia argentina, le asegurará
de esa manera a China la provisión de comida durante 20 años,
según lo acordó el gobernador rionegrino, Miguel Saiz,
en su reciente visita a ese país, con una de las mayores empresas
de alimentos, la estatal Beida Yuang. El convenio consiste en que Río
Negro alquile a productores de su provincia campos para que allí
Beida Yuang instale sistemas de riego que permitan la plantación
de soja, trigo y colza, entre otros cultivos que la empresa se encargará
de comercializar en la provincia china de Heilongjiang. En una primera
etapa experimental, que comenzará de inmediato, Beida Yuang invertirá
20 millones de dólares para irrigar y producir en 3000 hectáreas
de campos alquilados. Pero el proyecto consiste en llegar a una inversión
de 1.450 millones en 20 años y sobre 320.000 hectáreas.
Beida Yuang quiere asegurarse alimentos e insumos para producción
de carnes en China por 20 años, donde sólo el 10 por ciento
de las tierras son productivas y en el que cada año millones
de personas se van del campo a la ciudad.
La
jugada de China se ajusta a una época de Globalización
en la que los precios de los alimentos son altos y los de la tierra
son bajos. El negocio sería el de tener control sobre muchas
de las mejores tierras cercanas a suministros de agua. La tierra será
la nueva fuente de lucro y, el objetivo: controlar la producción
de alimentos e insumos alimentarios para la producción de carnes
en su territorio. Es en este punto donde el sector privado juega un
rol esencial. No serán pocas las transnacionales y corporaciones
que se lancen a la caza de tierras fértiles para la producción
de lo que el mercado global les demande, ya sean alimentos o Agrocombustibles.
Según nos informa Infobae del 14 de Octubre de este año,
otro tanto estaría haciendo Qatar que, está implementando
conversaciones preliminares con el Gobierno argentino, para instalar
proyectos agrícolas destinados a la producción de cereales
a fin de asegurarse el abastecimiento de alimentos, y está dispuesto
a comprar tierras en Argentina por valor de unos 100 millones de dólares.
[3]
Las
semillas de Monsanto y los pooles de siembra: una nueva agricultura
El
argentino Gustavo Grobocopatel, fundador y presidente de la compañía
Los Grobo, considerado el empresario número uno y referente indiscutido
a nivel mundial en el terreno de la soja, hace dos años pasó
a formar parte de Sollus Capital, un grupo de inversión que tiene
por finalidad adquirir tierras cultivables en el Cono Sur. Conocido
como “el rey de la soja”, Grobocopatel cultiva más
de 280.000 hectáreas, de las que unas 120.000 son en la Argentina
y el resto en Brasil, Uruguay y Paraguay. Hoy sus ventas superan probablemente
en mucho el millar de millones de dólares en cada campaña.
La familia Grobocopatel, de origen ruso-judío llegó a
la Argentina en 1912, proveniente de Berasabia, al sur de Rusia. Se
instalaron en una colonia judía de Carlos Casares, un pueblo
a 300 kilómetros de Buenos Aires. Allí comenzaron a realizar
distintas tareas como contratistas agropecuarios. En el año 1984,
Gustavo Grobocopatel funda junto a su padre Los Grobo Agropecuaria.
En ese entonces era tan sólo una empresa familiar, en donde trabajaban
4 personas en la administración, disponían de un camión
y una oficina en un taller reformado, que cumplía funciones de
depósito, en la localidad de Carlos Casares.
En
1986 se produjeron dos hechos concurrentes y vitales para la expansión
de la empresa familiar: inflación e hiperinflación y paralelamente
la inundación en la zona oeste de la provincia de Buenos Aires.
Ambos eventos dejaron secuelas agronómicas y económicas
financieras. En esos años muchos productores abandonaron la producción
y muchos campos se ofrecieron en alquiler. La experiencia agronómica
y de relaciones comerciales consolidada en Los Grobo Agropecuaria facilitó
el desarrollo de una incipiente red de agronegocios por contratos. Esta
experiencia los motivó a seguir sembrando fuera de los campos
propios. Así fue que los efectos de la hiperinflación
y las secuelas de las inundaciones les permitió a los Grobocopatel,
realizar diversas operaciones de compra y venta de campos. Pero el verdadero
salto cualitativo se produce durante los años noventa. Con la
llegada a la presidencia de Carlos Menem en 1989, se inaugura lo que
luego se conocería como neoliberalismo. Las privatizaciones y
el desmantelamiento del Estado generan el campo propicio para la expansión
de los agronegocios. El propio Gustavo Grobocopatel sintetizó
así lo que significó la década del noventa para
su mega empresa: “El único camino posible fue el crecimiento
en escala y la eficiencia. La década de la convertibilidad originó
inmensas oportunidades anticipándose a los acontecimientos. Los
aumentos de precios de granos se aprovecharon porque estábamos
muy posicionados en la producción. La caída de muchos
competidores, primero acopios locales y la liberación de tierras
de muchos productores que se retiran de la actividad, se tradujo en
oportunidad para nosotros”.
Con
la incorporación del sistema de siembra directa primero, y con
la de las semillas transgénicas después, Gustavo Grobocopatel
comienza a ser portavoz de lo que él denomina el nuevo paradigma:
“la sociedad del conocimiento”. En esos años la empresa
eleva exponencialmente su producción de granos. En el año
2001 la familia Grobocopatel funda “el Grupo Los Grobo”
y se consolida como uno de los principales grupos económicos
de la Argentina. Los Grobo es una empresa que produce granos, los acopia,
los procesa y presta servicios para la producción y la industria
alimentaria en el MERCOSUR. Dentro de la cadena de valor de la actividad,
la empresa está vinculada desde la investigación biotecnológica
y la genética vegetal, hasta la comercialización de harinas
y subproductos de la molienda. Su principal característica es
que no compra tierras sino que las arrienda, es decir que usa la tierra
de otros, bajo el convencimiento de que en una época de capitales
líquidos no tiene sentido congelarlos en la propiedad de tierras
sino dinamizarlos en el uso. De esta manera nacen los llamados pooles
de siembra que rápidamente se extienden por todo el territorio
de la sojización, imponiendo la escala y el abaratamiento de
costos. Pero asimismo expresa Grobocopatel en estas prácticas
y desde el principio, un claro liderazgo, una vocación de sumar
a muchos a un proyecto que denomina nueva agricultura y sociedad del
conocimiento. Él mismo lo explica: “…La nueva agricultura,
con campesinos transformados en emprendedores, en proveedores de servicios,
con hijos en las universidades o escuelas técnicas, con condiciones
de trabajo calificadas, creo que es lo mejor para toda la sociedad.
Hay más empleo, pero alocados en diferentes lugares, menos productores,
más proveedores de servicios, más industrias. El impacto
sobre la sociedad está estudiado incipientemente, pero los primeros
resultados son optimistas. En un reciente trabajo encargado por Naciones
Unidas se comprobó que diferentes grupos de interés vinculados
con Los Grobo han ganado en autonomía, empleabilidad (que para
mí es más importante que el empleo), enprendedurismo y
liderazgo. Una sociedad más libre, más creativa, con más
capacidad de adaptarse a los cambios, con más acceso al conocimiento.
Por supuesto que esto no basta. Tenemos que tener un Estado e instituciones
fuertes, robustas, que faciliten, que estimulen, que den igualdad de
oportunidades.”[4]
La mejor definición del Grupo Los Grobo se encuentra descripta
en su publicación en Internet denominada Visión[5],
donde se destaca que la compañía es una empresa de producción
y procesamiento de granos, pero fundamentalmente, de servicios. La empresa,
desde la localidad de Carlos Casares en la pampa argentina: Los Grobo
Agropecuaria S.A Argentina, año 1984, se ha extendido agresivamente
a los EEUU y a Brasil. En el 2008, el Grupo Los Grobo S.A. informó
que los capitales del Fundo de Investimento em Participações
PCP (Brasil) y PCP LP (Islas Cayman) ingresaron como accionistas del
Grupo Los Grobo. “El grupo argentino Los Grobo comenzó
el proceso de unificación de sus operaciones de granos en Brasil.
Con presencia en ese mercado desde el año pasado, el Grupo concentrará
su actividad en CEAgro, que pasará a ser su marca en el país.
Fortalecido por la incorporación de dos nuevas actividades, CEAgro
se propone facturar unos u$s 360 millones en 2010. Con la reestructuración
y una inversión no revelada, considerada "poco significativa"
para el grupo, Los Grobo Brasil se convirtió en el principal
accionista de CEAgro. La cuota inicial del 35%, adquirió a mediados
del año pasado, se amplió a 59,5%. El paranaense, Alberto
Paulo Fachin, que fundó la CEAgro en 1994, obtiene el otro 40,5%,
y sigue como presidente de la compañía. El 66,6% de las
acciones de Los Grobo Brasil están en manos de Grupo Los Grobo,
en el que la participación de la familia Grobocopatel es mayoritaria
con un 76,64%. Vinci Partners, a través del fondo PCP, dos ex
socios del Banco Pactual, tienen el 21,56% del Holding y el 33,3% de
Los Grobo Brasil”.[6]
La
expansión sobre el Cono Sur de los grandes grupos sojeros argentinos
ligados a las empresas agroexportadoras como Cargill y Bunge, se produce
durante la llamada Crisis del Campo, en el transcurso del segundo semestre
del año 2008[7]. En su libro sobre la mafia
Judía, Fabián Spollansky nos dice sobre el grupo Elsztain
lo mismo que podría afirmarse sobre otros grandes grupos y pooles
sojeros: “La gran masa de productores en negro, aquellos a los
que el propio fisco no incorpora deliberadamente, se ve obligada a realizar
operaciones a pérdida que para intermediarios, acopiadores y
cerealistas exportadores son ganancia redonda. Eso motivó el
larguísimo paro granario en rechazo a la política fiscal
del gobierno, que a los cerealistas no les significó absolutamente
ningún riesgo ni mucho menos, costo adicional. Encabezados por
la mafia Elsztain, trajeron 4 millones de toneladas de saja del Paraguay
que llegaron a Rosario en convoyes de balsas por la Hidrovía
del Paraná. La larga huelga agraria produjo desabastecimiento
y, a la vez, un tremendo desprestigio del gobierno, pero los grandes
cerealistas silenciosamente, siguieron ganando dinero y consolidaron
su expansión en todo el MERCOSUR. La mafia Elsztain avanza rápidamente
en el territorio sojizado. Lo obtenido como ganancia extraordinaria
con la crisis lo utilizará para extender sus latifundios en Goiás
y en el Matto Grosso. Pero así como se sirve del fisco para extorsionar
a los más débiles del circuito productivo, pasa por sobre
este cuando se trata de lavado de dinero. El domingo 22 de junio del
2008 se conocieron detalles del lavado de divisas de la Argentina, realizado
por grandes capitalistas, noticia que fue difundida por el diario Crítica,
en una nota del director de ese medio, Jorge Lanata, que reproducimos
íntegra en el apéndice. Uno de los principales lavadores
de dinero es Marcos Marcelo Mindlin, socio y amigo de Elsztain. Operaba
por medio de JP Morgan, y uno de los ejecutivos de esta banca, Hernán
Arbizu, denunció las maniobras en Estados Unidos y en la Argentina.[8]
Los
Grobo: posicionándose en las nuevas tecnologías
Asimismo
el Grupo los Grobo ha generado una empresa líder en el área
de Biotecnología y clonación de animales que se denomina
Bioceres, una sociedad inversora en la que agrupa y lidera a más
de doscientos emprendedores agropecuarios. Asimismo, mediante Bioceres
y más precisamente mediante INDEAR, un instituto de agro biotecnología
dependiente de Bioceres, ha concertado importantes acuerdos con las
instituciones científicas del Estado Argentino para determinar
las políticas oficiales en el área de investigación
y desarrollo, a la vez que capitalizar esos avances científicos
para el sistema de agronegocios biotecnológicos que lidera.
Grobocopatel
se ha definido públicamente a sí mismo como un “sin
tierra” ya que sólo es dueño del veinte por ciento
del total de las tierras que cultiva, el resto son arrendadas. Con respecto
al éxodo rural al que se ven arrastrados miles de campesinos
como consecuencia del avance de los agronegocios, el llamado “rey
de la soja” sostuvo que “La agricultura sin campesinos es
parte de un nuevo paradigma vinculado con trasformaciones en la sociedad.
Es un proceso que observamos desde la década del ’40, no
está asociado a una ideología y no afecta sólo
al campo; también hay muchas industrias con menos obreros. Por
supuesto que las políticas aceleran o retrasan el proceso y lo
pueden hacer más o menos equitativo, pero es inevitable y, desde
mi punto de vista, positivo más allá de los temores que
despierte”.
Hoy
Los Grobo se han posicionado como el cuarto grupo molinero del país
detrás de Cargill, Navilli y Lagomarsino y el tercer grupo exportador
a Brasil. A partir del año 2008, con la incorporación
de socios extranjeros, se transformó en una verdadera transnacional.
En Febrero del 2008 el holding de Los Grobo incorporó, a través
de un aumento de capital por 100 millones de dólares, al fondo
de inversión Fundo de Investimento em Participações
PCP, ex propiedad del banco suizo UBS, y actualmente perteneciente al
grupo financiero brasileño Pactual Capital Partners, ahora denominado
Vinci Partners. En mayo del 2008 el Grupo Los Grobo, junto a PCP y a
Touradji Capital Management se unieron para formar parte del grupo de
inversión Sollus Capital. Touradji Capital Management es una
administradora de hedge funds (Fondos de Cobertura, fondos de inversión
especulativos de algo riesgo que buscan elevadas rentabilidades) con
sede en Nueva York y especialista en investigación fundamental
e inversiones activas en commodities y valores vinculados a ellos. Actualmente,
la empresa administra activos de más de US$ 3,5 mil millones.
La página web oficial de Sollus Capital define así esta
sociedad: “La alianza entre PCP, Touradji y el Grupo Los Grobo
es una combinación poderosa con una posición única
para capitalizar la atractiva dinámica de tierras agrícolas
en América del Sur”.
Y
más adelante señala lo que se puede considerar un resumen
del principal objetivo de esta alianza: “Sollus Capital está
estructurada para capitalizar la valorización potencial de tierras
de cultivo en Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay. Sollus pretende
identificar y adquirir tierras a través de una completa red de
agentes de campo de los recursos propios de Los Grobo y Sollus. La empresa
pretende adquirir tierras subdesarrolladas, comenzar su desarrollo y
dejar que Los Grobo aumenten su valor con la implementación o
mejora del "ecosistema" regional de agronegocios. Este "ecosistema"
incluye servicios de consultoría, tecnología, infraestructura
utilizada para el almacenamiento y distribución de insumos, financiamiento
y servicios de hedging (cobertura), y apoyo logístico ofrecido
a agricultores de las regiones aledañas. Después de mejorar
el ecosistema de agronegocios y de que el valor creado sea reconocido
en los precios de las tierras, la empresa pretende venderlas y lucrar
con su valoración”.
Los
Grobo no están solos… siguen sumando aliados
Según
el diario La Nación del 31 de Octubre de 2010: “El buen
momento que viven las commodities agrícolas despertó el
interés de los inversores internacionales por el campo argentino.
Una semana después de que la empresa Los Grobo sumara un socio
minoritario brasileño, Cresud, la compañía agropecuaria
del grupo IRSA, anunció una ampliación de su capital con
la que busca captar 300 millones de dólares. Ayer, Eduardo Elsztain,
el número uno del grupo IRSA, y su hermano Alejandro, presidente
de Cresud, encabezaron la presentación formal de la oferta pública,
tras obtener la aprobación de la Comisión Nacional de
Valores y la Securities and Exchange Commission (SEC), el organismo
regulador de los mercados de capitales en los Estados Unidos. Durante
la presentación, los Elsztain adelantaron que los fondos obtenidos
con la ampliación de capital serán destinados a financiar
el plan de expansión de Cresud en el mercado argentino y a potenciar
su presencia en el exterior. Hasta el momento, la división de
negocios agropecuarios del grupo sólo está presente en
Brasil y su objetivo es extender sus operaciones a otros países
de la región, como Uruguay, Paraguay y Bolivia”.
A
su vez Brasil Agro[9], había anticipado hace
pocas semanas la intención de la empresa CRESUD, propiedad del
hombre más rico de la Argentina, Eduardo Elsztain[10],
a su vez tesorero del Consejo Judío Mundial, de sumarse como
empresa a las actividades que desarrollan Los Grobo y Sollus Capital.
La noticia dice lo siguiente: “…Cresud construye un puente
entre BrasilAgro y Sollus. A argentina Cresud está plantando
a semente de uma operação que poderá dar origem
à maior controladora de propriedades agrícolas do país.
O cultivo começou a ser feito há dois meses, com o aumento
da sua participação no capital da BrasilAgro. Após
comprar as ações em poder da Tarpon Investimentos e se
tornar o maior sócio individual da companhia, com 40% das ordinárias,
o grupo portenho caminha agora na direção do conterrâneo
Gustavo Grobocopatel, um dos principais nomes do agronegócio
na Argentina. O objetivo da Cresud é costurar a associação
entre a BrasilAgro e a Sollus, controlada por Grobocopatel, pelo fundo
Pactual Capital Partners (PCP) e pelo private equity norte-americano
Touradji. Um dos caminhos para a fusão entre as duas empresas
seria um cruzamento societário entre os atuais acionistas, sem
a necessidade de aporte financeiro. Do lado da BrasilAgro, além
da própria Cresud, outro personagem importante neste enredo é
o empresário Elie Horn, dono da Cyrela e um dos principais acionistas
da empresa. Seu imprimatur seria decisivo para a negociação.
Horn, um dos fundadores da BrasilAgro, tem forte ascendência sobre
a miríade de fundos de investimento que integram o capital da
empresa. Procuradas pelo RR - Negócios & Finanças,
a BrasilAgro e a Sollus negaram a associação.
A
fusão entre BrasilAgro e Sollus resultaria em uma empresa com
mais de 240 mil hectares de terras no país. Levando-se em consideração
o plano de expansão já em curso nas duas companhias, esta
nova holding poderia chegar ao fim do ano com uma carteira de mais de
340 mil hectares em propriedades rurais, superando a atual líder
do setor, a Tiba Agro. A empresa teria ainda terras na Argentina, com
o carry over dos ativos da Los Grobo e dos irmãos Alejandro e
Eduardo Elsztajn, donos da Cresud. A eventual associação
é um reflexo do poder que a Cresud ganhou ao aumentar sua participação
no capital da BrasilAgro. Além da aproximação com
Gustavo Grobocopatel, o grupo argentino é também um dos
idealizadores da emissão de ADRs programada pela companhia. Independentemente
da operação com a Sollus, dentro da própria BrasilAgro
a expectativa é que a maior ingerência da Cresud vai se
refletir na gestão da companhia, inclusive com a possível
troca de executivos indicados pela Tarpon Investimentos (Relatório
Reservado, 6/7/2010).
La
sumatoria y la articulación entre las fuerzas de Eduardo Elsztain,
Gustavo Grobocopatel y sus respectivas empresas en la Argentina y en
el Cono Sur, pueden ser trágicas para el porvenir de nuestros
países y sumamente difíciles de contrarrestar, en especial
debido al respaldo que estas Corporaciones suelen contar por parte de
los diversos gobiernos progresistas de la América Latina.
Especulación
con los alimentos y avalancha del acaparamiento de tierras
Con
el acaparamiento de tierras por parte de las corporaciones, los agricultores
y las comunidades locales inevitablemente perderán el acceso
a la tierra para la producción local de alimentos. Se está
entregando la base misma sobre la cual construir la Soberanía
Alimentaria. En marzo de 2010 el GRAIN difundió un documento
en el que afirma que: “Se dice como excusa que en muchos casos
las tierras no se venden sino que se rentan, pero qué propicia
más la devastación sin miramientos de las tierras: ¿que
se vendan, o que se renten por… noventa y nueve años? Al
final de tales contratos, los “inquilinos” regresarán
a una tierra agotada, erosionada, contaminada, a la cual será
muy difícil recuperarle su fertilidad, y ellos simplemente se
mudan a nuevas tierras “disponibles”.
Este
proceso que hemos descripto amenaza convertirse en una verdadera catástrofe
para nuestros pueblos, en la medida en que las corporaciones transnacionales
redireccionan el flujo de capitales financieros errantes desde la crisis
de los mercados inmobiliarios, hacia las zonas de agricultura en América
del Sur y en África. La consecuencia será la devastación
de los ecosistemas naturales sometidos a procesos productivos que agotan
rápidamente los frágiles equilibrios en zonas como la
Patagonia y el Norte argentino. Otra consecuencia importante será
la pérdida de la soberanía nacional sobre vastos espacios
que funcionarán como enclaves extra territoriales a la vez que,
como bolsones de producción sometidos a las demandas de intereses
externos, en detrimento de los Estados nacionales y de sus responsabilidades
de mantener la integridad y la soberanía de sus propios espacios.
La decisión sobre la vida y los bienes comunes quedarán
en ese caso, en manos de quienes concentran el manejo de las producciones,
constituyéndose gobiernos paralelos, a la vez que mutilándose
el cuerpo de la Nación.
Con
estas nuevas formas de apropiación se acentúa la tendencia
al despojo de las poblaciones criollas, campesinas e indígenas
que por decenas de años han estado arraigadas en esos territorios
y que las obligará a migrar a las periferias de los centros urbanos.
Las fronteras nacionales se desdibujarán como consecuencia del
acaparamiento de las tierras agrícolas, tornando inaplicables
las leyes y reglamentaciones que protegen nuestros espacios, desertizando
vastos territorios y agotando las escasas fuentes de agua. En el documento
de las FAO: Perspectivas para el medio ambiente, podemos leer: “…
parece probable que el calentamiento global beneficie a la agricultura
de países desarrollados situados en zonas templadas y que tenga
efectos adversos sobre la producción de muchos países
en desarrollo situados en zonas tropicales y subtropicales. Por tanto,
el cambio climático podría aumentar la dependencia de
los países en desarrollo de las importaciones y acentuar las
diferencias existentes entre el norte y el sur en cuanto a seguridad
alimentaria”.[11]
Este
sombrío panorama constituye una realidad en marcha. Los mega
emprendimientos agroindustriales se unen y consolidan avanzando sobre
los territorios y sobre nuestras vidas, mientras las burguesías
y los gobiernos operan como meros facilitadores del despojo, obnubilados
por las ganancias inmediatas y sin considerar las graves consecuencias
que soportarán las generaciones de argentinos aún no nacidas.
El acaparamiento de tierras es en definitiva, la nueva etapa de un proceso
de neocolonización que en su momento nos obligó a producir
forrajes y aceites de soja, más tarde a producir agrocombustibles
para los automotores de Europa, y que ahora se manifiesta y profundiza
sobre los amplios territorios despoblados por el modelo anterior, con
la constitución de enclaves agro productivos, por parte de ciertos
países necesitados de solucionar su crisis alimentaria, en este
caso a costa del hambre, del desarraigo de nuestras propias poblaciones
y en detrimento de nuestra Soberanía Nacional.
GRR
Grupo de Reflexión Rural - Octubre - Noviembre de 2010
Referencias:
[1]
http://es.wikipedia.org/wiki/Dust_Bowl
[2] http://www.revistasice.com/cmsrevistasICE/pdfs/....
[3] http://www.infobae.com/notas/nota.php?Idx=541491&IdxSeccion=101275
[4] http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-151221-2010-08-13.html
[5] http://www.losgrobo.com.ar/nuestra-empresa/vision.html
[6] http://www.losgrobo.com/index.php/news/view/id/32
[7] http://www.haceteamigo.com.ar/web-@PW-conflicto-campo-agro....
[8] http://www.fabianspollansky.com.ar/novedades.php
[9] http://www.brasilagro.com.br/index.php?noticias/detalhes/9/28824
[10] http://www.taringa.net/posts/noticias/5714157/El-Hombre-Mas....
[11] http://www.fao.org/docrep/004/y3557s/y3557s11.htm