LAS
PATENTES A PLANTAS NO "PROTEGEN" NUESTRA BIODIVERSIDAD
por Elizabeth Bravo, Acción Ecológica
En las negociaciones que mantienen los países andinos con Estados
Unidos para desarrollar un "Tratado de Libre Comercio", han
surgido dos propuestas en el campo de la propiedad intelectual.
La primera, hecha por Estados Unidos es que se patenten las plantas.
La segunda mantenida por los países andinos es que se patente
la biodiversidad y los conocimientos tradicionales asociados a la biodiversidad.
Algunos negociadores y observadores apoyan la idea de que se patentes
las plantas, porque consideran que este es un mecanismo para que se
proteja nuestra biodiversidad. Nada más alejado de la realidad.
Estados Unidos ha obligado a todos los países con los que ha
firmado Tratados de Libre Comercio, a que adopten el sistema de patentes
para "proteger" las plantas. Esto en la práctica significa
que empresas estadounidenses podrán patentar las nuevas variedades
biotecnológicas, de manera particular las semillas transgénicas,
y quieren que las reinvindicaciones de sus patentes se incluya los transgenes.
De esta
manera podrán cobrar regalías hasta por aquellos cultivos
que han sido contaminados por "sus transgenes patentados".
Este fue el argumento por el cual el agricultor canadiense Percy Schmeiser
fue enjuiciado por
Monsanto cuando sus "espías genéticos" identificaron
que sus cultivos de colza tenían el transgen de Monsanto, aunque
se demostró que se trataba de una caso de contaminación
genética. Monsanto quería cobrar hasta por el producto
de la cosecha, que es algo que no está permitido, por ejemplo,
en el ordenamiento andino de propiedad intelectual.
Un caso diferente es el de la biodiversidad y de los conocimientos tradicionales
asociados. Hasta el momento no existe ningún mecanismo de "protección"
de los mismos, aunque desde hace años se está negociando
en
la Organización Mundial de Propiedad Intelectual un sistema sui
generis que los proteja. Estados Unidos y la Unión Europea sistemáticamente
han bloqueado estas negociaciones.
Los tres países andinos la han defendido.
En las negociaciones del TLC Andino, Estados Unidos está dispuesto
a entrar en un sistema contractual para el acceso a recursos genéticos,
pero no están dispuestos a reconocer patentes sobre la biodiversidad.
En este punto cabe preguntarse qué ganan los pueblos si finalmente
se llega a "proteger" la biodiversidad y los conocimientos
tradicionales asociados desde la perspectiva de la propiedad intelectual.
Realmente
tienen más que perder que de ganar. Pierden control sobre sus
recursos y sus conocimientos, se producirán divisiones en el
seno de las comunidades, pues siempre habrán personas que se
opongan a negociar con
su patrimonio cultural y otros que estén a favor, y sobre todo,
se estarían violando sus derechos colectivos, pues los conocimientos
no les pertenece de manera exclusiva a ellos ni a esta generación,
es el producto de un trabajo de creación intergeneracional y
colectiva.
Y los Gobiernos recogerán las migajas que les dejen las empresas.
Por lo tanto, debemos oponerse tanto al reconocimiento de patentes sobre
plantas, como a nuestra biodiversidad.