Problemática de la Sojización y la soberanía nacional.*
Por Alberto J.Lapolla**
Enero 2009
Argentina Sojizada
Hemos dado en llamar Sojización al
proceso de expansión desmedida e incontrolada del monocultivo
de soja transgénica forrajera, conocida como sojaRR. Esto implica
el cultivo, ya en 17 millones de hectáreas, de esta soja genéticamente
modificada por la multinacional Monsanto, que la hace resistente al
herbicida glifosato, cuyo nombre comercial es Round-up, a cuya resistencia
hace mención el agregado RR (Round-up Ready). Este sistema implica
un paquete tecnológico compuesto por la aplicación reiterada
del herbicida glifosato –y otros-, la siembra de semilla transgénica
de sojaRR, mediante el sistema de Siembra sin labranza denominada Siembra
Directa. La expansión de este sistema de cultivo, más
allá de cualquier consideración ecológica, ambiental,
agronómica, de salud pública, social o macroeconómica
es el proceso que hemos dado en llamar Sojización para caracterizar
un cambio radical del agroecosistema nacional y por ende de todo nuestro
sistema agropecuario. El cultivo de soja transgénica forrajera
ocupa ya más del 50.% de la producción de granos y el
55% de la superficie agrícola sembrada. Pero si en realidad consideráramos
la superficie agrícola original de este proceso, allá
por 1995, la expansión es muchísimo mayor. La superficie
sembrada hoy con sojaRR, supera a toda el área sembrada existente
en 1995. Esto implica que para llegar a los 35 milloones de hectáreas
actuales, se debió ocupar una enorme cantidad de tierras históricamente
destinadas a la ganadería, a la lechería, al monte frutal,
a la horticultura, al monte virgen, a la apicultura, a la producción
familiar, y a otros cultivos que fueron desplazados por la soja como
el girasol, el maíz, la batata y el algodón. La superficie
sojizada crece año a año a costa de otras producciones.
Así en 2004, la superficie agrícola total era de 27 millones
de has, mientras que hoy ya superamos las 35 millones de has, cifra
equivalente al 12.5% de la superficie del país. El pool sojero
multinacional que controla y domina el 'negocio', estima que para el
año 2017 la cifra de la superficie agrícola argentina
debe orillar las 120 millones de has. Algo así como el 43% de
la superficie nacional, un verdadero disparate ambiental y agronómico.
La Sojización desenfrenada de la nación, lejos de ser
un hecho saludable, constituye un verdadero problema en expansión
para la economía nacional y la protección de nuestro ecosistema
agrícola. Pero lo es también para la vida misma de nuestros
habitantes. Este hecho ha sido señalado correctamente varias
veces por la Presidenta de la Nación a partir de la sanción
de la resolución 125, que tenía como objetivo encomiable
poner freno a esta expansión. Sólo 19 naciones en el mundo
permiten el cultivo de variedades transgénicas -es decir modificadas
genéticamente (OGM)- de manera libre y sólo 5 lo permiten
en gran escala, la Argentina es una de ellas, siendo la que posee la
mayor superficie relativa de OGM sembrada de manera abierta en el mundo.
Mientras otros países toman medidas para reducir o prohibir la
superficie sembrada con sojaRR, la Argentina sigue expandiendo la frontera
sojera sin límite ni precaución alguno. Peor aun, el 99%
de la soja sembrada en nuestro país es transgénica (sojaRR).
Siendo la soja una especie de polinización cerrada o autógama
en un porcentaje del 95 al 99%, es dable suponer que la soja no transgénica
(la llamada soja orgánica) es muy difícil que se encuentre
en nuestro territorio. Este sólo hecho ya constituiría
un grave problema debido a la expansión descontrolada de OGM.
El saber científico actual, aportado por el estudio del genoma
humano ha demolido la teoría de base de la transgenia: 'un gen
una proteína', sumiendo a los científicos empleados de
las multinacionales en el desconcierto y el ocultamiento. De hecho desconocemos
qué efectos puedan producir los OGM en el ecosistema global y
en la salud humana, a mediano y largo plazo. La OMS ha señalado
que desde 1995, fecha en que los cultivos transgénicos hicieron
su irrupción en el mercado, el 65 % de las afecciones de la población
mundial, está relacionado con la alimentación. Este hecho,
de por sí gravísimo, es apenas el primero de una larga
lista de efectos nocivos que la sojización arroja sobre nuestra
población.
¡Ay Felipe!
La multinacional Monsanto culminó
el proceso de estabilización de la sojaRR en 1993, ya en 1994
fue aprobada por el organismo correspondiente al control alimentario
de los EEUU, con la oposición de las Agencia Nacional Ambiental
(USDA). Las fuertes presiones de la empresa lograron que al año
siguiente, la USDA aprobara la liberación de la sojaRR. Entre
la estabilización de la soja RR, y su lanzamiento al ecosistema
mundial apenas transcurrieron dos o tres años, lapso insuficiente
para evaluar efectos ambientales, sobre el conjunto del ecosistema global
a corto, mediano y largo plazo. Cabe señalar que la transgenia
implica una fuerte alteración de los mecanismos de la selección
natural, con implicancias directas en la biosíntesis de proteínas
y en cuestiones relacionadas con el sistema inmunológico y el
cáncer. Pero lo más grave que nos compete, es que en ese
mismo año, 1995, el entonces secretario de Agricultura del menemato,
el Ing. Felipe Solá autorizó la liberación de la
sojaRR en nuestro país, sin ningún estudio previo que
avalara dicha decisión. De allí en más nada la
ha detenido, produciendo graves efectos ambientales, sociales, sanitarios
y estructurales. En principio la sojización ha transformado a
nuestra producción agropecuaria casi en un monocultivo, hecho
peligroso desde el punto de vista ambiental y respecto de la estructura
productiva de la nación. Todo modelo basado en el monocultivo
es esencialmente no sustentable y estructuralmente débil. Sin
embargo la expansión del monocultivo de soja transgénica,
trae aparejada otros serios problemas. El más importante radica
en la degradación de nuestro sistema productivo: hemos dejado
de ser un país productor de alimentos, para pasar a ser un enclave
productor de forraje, para que otras naciones –las más
industrializadas o en vías de serlo- produzcan carne. Ya no somos
el 'granero del mundo' en este revival del modelo agroexportador de
cuño británico –ahora chino- posterior a Pavón,
sino que somos productores de 'pasto-soja', para que China, India y
la Unión Europea puedan criar de manera subsidiada –por
los argentinos- a sus cerdos, aves y vacunos. En 17 millones de has,
de las mejores tierras agrícolas del mundo, los argentinos (es
decir los 80.000 sojeros) no producimos alimentos, producimos 'pasto-soja'
para exportar a China, la India y la UE. En este planteo neocolonial
hemos llegado al extremo de venderle soja en grano a Chile para que
produzca carne aviar y porcina y la exporte, mientras nosotros importamos
ambos productos debido a la reducción drástica de las
áreas y los stocks ganaderos y cárnicos producidos por
la sojización. Pese a lo que señalan los defensores del
modelo sojero, la exportación de granos, aceite, torta, u otros
derivados de soja equivale a exportar forraje puro, es decir 'pasto
soja'.
'Feed lot' y sojización.
Contaminación al por mayor
Hemos reducido nuestra producción
de carne -al disminuir el área, el número de cabezas y
la calidad de los campos destinados a la misma- para producir 'pasto-soja',
debiendo apelar a la altamente peligrosa herramienta del feed-lot, pasando
a producir carne de pésima calidad y con bajísimo nivel
de seguridad alimentaria, en el país que alguna vez tuvo la 'mejor
carne del mundo'. Destinamos nuestras mejores tierras a producir forraje
-y ahora también agro-combustibles-, para que otros países
produzcan y exporten carne, en lugar de hacerlo nosotros. Esto repercute
no sólo en la mala calidad de lo que comemos, sino marcadamente,
en el precio de los alimentos al verse reducida su oferta por disminución
de la superficie sembrada y por el aumento del costo de oportunidad
de su producción. El aumento del precio de los alimentos de primera
necesidad como las hortalizas, las frutas, los lácteos y los
diferentes productos cárnicos –la carne ovina pasó
de ser un sustituto barato de la carne vacuna a ser un producto de lujo-
tiene relación directa con la disminución constante del
área destinada a su producción, ante el avance arrollador
de la soja forrajera. Ya el objeto de nuestra producción agrícola
no es la de producir alimentos para el consumo de nuestra población,
exportando el remanente, sino que todo el sistema agrícola del
país está puesto al servicio de producir 'pasto-soja',
para la exportación a los países industrializados o en
vías de desarrollo, que poseen políticas estatales nacionales.
El otro elemento de extrema gravedad producido por la sojización,
radica en la altísima contaminación ambiental que produce
el sistema, ya que el mismo se basa en el uso masivo de agrotóxicos
–principalmente herbicidas- en forma permanente. No sólo
glifosato, sino una larga lista de productos de altísima toxicidad,
algunos prohibidos en los países centrales. En la última
campaña se usaron alrededor de 220 millones de litros de glisfosato,
de 23 a 29 millones de litros de 2-4-D, cerca de 7 millones de litros
de endosulfán y casi el mismo volumen de atrazina y un volumen
menor diquat y paraquat, llegando a un total de alrededor de 150 mil
toneladas de plaguicidas y 1.3 millones de Tn de fertilizantes, con
efectos acumulativos y exponencialmente crecientes desde 1996 hasta
la fecha. Tanto el 2-4-D, el diquat, el paraquat, el endosulfán
sumados a los coadyudantes y acompañantes del glifosato, son
productos altamente cancerígenos. Recientes estudios del Instituto
Curie francés, llevados adelante por el Dr R. Bellé, confirman
que el glifosato en su forma comercial más habitual, el Round-up,
es disparador de los mecanismos formadores del cáncer.(1) En
estos días se han hecho públicos los graves casos del
Barrio Ituzaingó Anexo en Cordoba, donde la justicia ha prohibido
las fumigaciones después de 10 años de reclamos(7). El
caso de Loma Sené en Formosa, nos hizo famosos en el mundo.(8)
Y los miles de casos de cáncer de la cuenca sojera pampeana,
detectados en un estudio multidisciplinario realizado en la zona y que
sufre fortísimas presiones para su publicación.(2) Todos
estos productos, utilizados sin ningún control por parte de las
reparticiones provinciales o municipales correspondientes, son cancerígenos,
producen alergias, malformaciones, reacciones en la piel, afecciones
respiratorias, afectan los embarazos, producen abortos espontáneos
y han disparado la tasa de cáncer en la Argentina respecto de
las cifras de 1995. Es necesario señalar que la sojaRR está
presente como complemento, en infinidad de alimentos locales desde hamburguesas,
jugos, golosinas, fiambres y chocolates, por lo que los efectos tóxicos
se multiplican.
Súper malezas
Otro aspecto de gravedad ambiental inusitada
desarrollado por la sojización, refiere a que en términos
ecológicos y ambientales, todo el sistema de Siembra directa-sojaRR-glifosato,
no es más que un gigantesco experimento, de selección
de malezas resistentes y contaminaciones genéticas verticales
y horizontales irreversibles, a través de transgenes y uso masivo
de herbicidas, con efectos futuros apenas entrevistos. Ya hay aproximadamente
treinta especies con resistencia al glifosato. Recientemente se ha sumado
la aparición de Sorgo de Alepo, lo cual puede transformarse en
un grave problema. Otro aspecto del problema, radica en la pérdida
de la fertilidad de nuestros suelos que el sistema implica. Además
de la ausencia de rotaciones de cultivos y del retorno de los suelos
a la pastura como restauración natural de su fertilidad, y de
saneamiento, cada cosecha implica una enorme extracción de nutrientes
que salen con los granos y que no son repuestos. Para producir una Tn
de grano la soja extrae 16 kg/ha de calcio, 9 kg de magnesio, 7 kg de
azufre, 8 kg de fósforo, 33 kg de potasio, y 80 kg de nitrógeno.
Esta exacción permanente afecta de manera directa la fertilidad
actual del suelo y al repetirse en un ciclo continuo y prolongado, afecta
también la fertilidad potencial de los mismos. Con el agravante
que la fertilización química produce contaminación,
que eutrofiza y contamina los cursos y reservorios de agua, mientras
que la restauración natural de la fertilidad no produce ninguna
contaminación y tiene mucho menor costo. El costo de reposición
de las unidades de fertilzante exportados en N, P y S de la última
cosecha, implicaría un desembolso superior a 1500 millones de
USS.
La soja destruye empleo
y producción
Cada 500 has de sojaRR se genera un solo
puesto de trabajo, destruyendo 9 de cada 10 puestos de trabajo efectivo.
La razón radica en el diferente Tiempo Operativo de Labranza
(TOL), entre los sistemas Tradicional y SD. El TOL del sistema SD-sojaRR
es de 40 minutos/hombre/Ha, contra 180 minutos/hombre/Ha del sistema
tradicional. Por el contrario 100 Has destinadas a la agricultura familiar
producen 35 puestos de trabajo reales, sin contaminación ambiental
alguna. Esta bajísima demanda laboral explica que hoy los trabajadores
rurales apenas lleguen a 1.3 millones, con el agravante de que sólo
un tercio trabaja en blanco. Otro aspecto que se suma al anterior, es
la destrucción de la pequeña producción, que lleva
adelante la sojización. Ante los márgenes de ganancia
de la sojaRR y sin intervención estatal que cambie la ecuación
–el 'mercado' jamás lo hará- dejan de ser viables
la huerta, el monte frutal, la apicultura, la ganadería, el monte
artificial, la producción lechera, porcina o apícola.
Algunas por competencia, otras simplemente por cercanía a los
vuelos u aplicaciones terrestres de glifosato que por ser un herbicida
total destruye todo tipo de plantaciones por deriva. De igual manera,
a simple dominio de mercado no son viables la ganadería en pequeña
escala –imprescindible para recuperar la economía de escala
familiar- ni las producciones mencionadas. Tampoco es rentable la sojaRR
para superficies menores de 300, 350 y hasta 500 has según la
región, por lo cual los pequeños y medianos agricultores
deben arrendar o vender sus campos. Esto ya produjo la desaparición
de casi 180.000 productores entre 1990 y 2002. Por el mismo motivo y
por las políticas macro aplicadas desde 1976, se produjo un aumento
de la concentración de la tierra con cifras similares a las del
apogeo de la 'República' conservadora. Entre 1966 y 2002 desaparecieron
la mitad de los productores, pasando de tener 650.000 a menos de 330.000,
con el agravante que el 49.7% de la tierra (la mitad de la superficie
del país) pertenece a 6900 propietarios, y más de 40 millones
de has (el 14% del territorio nacional), están en manos extranjeras
incluidas áreas de frontera, cursos de agua y zonas estratégicas.
Otro aspecto que produce la sojización, es el robo 'legal' de
la propiedad ancestral y la expulsión manu militari de gente
del campo, en particular campesinos pobres y comunidades de los pueblos
originarios. La sojización hace posible la producción
de 'pasto-soja' en regiones y lugares donde antes la agricultura no
era posible. Por lo que las tierras marginales que antes se despreciaban
y servían para refugio y alimento de los más pobres, ahora
tienen valor. Más allá de los graves riesgos ambientales,
que implica trasladar el sistema de la agricultura pampeana a regiones
de enorme fragilidad ecológica en un planteo de agricultura permanente,
como lo son el NOA, o el NEA, el hecho produce la perversión
de expulsar de sus tierras a las comunidades ancestrales o de escasos
recursos, que vivían en ellas de la producción familiar
o de los frutos del monte. Expulsados como sea, mediante la conspiración
mafiosa de gobiernos provinciales y comunales, estudios jurídicos
gangsteriles, fondos de inversión al servicio del capital financiero
o mediante el simple y expeditivo sistema de mandar la gendarmería
de noche, para echar a humildes y pacíficos pobladores, matándoles
los animales y echándolos a la ruta. Se producen así nuevas
áreas de 'agronegocios' de espantosa eticidad. Consorcios de
cara oscura y oculta, se apoderan de enormes extensiones de tierras,
robadas a sus verdaderos dueños. Este hecho ilegítimo,
que arrasa con derechos escritos en la Constitución Nacional
debe ser resuelto exactamente de la manera inversa: es necesario repoblar
el campo y desarrollar políticas de desconcentración de
la tierra, creando miles de nuevos productores familiares, 'nuestros
paisanos los indios'(4) los primeros. Por último, la sojización,
ha arrasado el monte nativo, hasta prácticamente su eliminación
total. Según señalara el Ing. C. Merenson en 1914 poseíamos
105 millones de hectáreas de bosques nativos, lo que equivalía
a más de un tercio de la superficie nacional, pero ya en 1994
sólo restaban 35 millones de has, luego entre 1984 y 2002, con
la expansión de la sojaRR, el área boscosa se redujo en
otro millón de has. Por su parte el Dr. M. Altieri, señaló
que la sojización ha producido en América Latina la pérdida
de 21 millones de has de bosque de los cuales 14 millones corresponden
a la Argentina. A lo dicho debemos sumarle la febril depredación
producida en 2007 y 2008, dado que las empresas temiendo la aprobación
de la Ley de bosques salieron a arrasar lo que quedaba. De tal forma
creemos como el Dr. Morello que 'el bosque nativo en la Argentina es
cosa del pasado. Hoy ya no existe'(6)
¿Cómo salir
de la trampa?
Concluyendo, este conjunto de factores trae
aparejadas la destrucción de la fertilidad de los suelos, elimina
la bioregulación, destruye la biodiversidad de nuestro agroecosistema,
y produce fuertes afectaciones a la flora y la fauna, realizando la
contaminación masiva del suelo, los cursos de agua, las napas,
los ríos y el hábitat general de nuestros habitantes.
También acarrea la miseria, la expulsión y la destrucción
de la producción familiar y de los trabajadores del campo. Todo
ello para producir riqueza para un sector munúsculo de la población:
80.000 productores sojeros, sobre 330.000 productores agrarios y 40
millones de argentinos. Sector minúsculo que unido al complejo
sojero multinacional, se enriquece a costa de la devastación
y de la postración nacional. Creemos necesario un Plan Nacional
Agropecuario que organice una salida gradual de la sojización,
basado en el repoblamiento rural, con entrega de tierras. Con políticas
activas de apoyo, estímulo y protección de la producción
familiar y de la pequeña producción, recuperando la producción
natural de alimentos como base del campo argentino, hacia un modelo
de desarrollo rural en función de los intereses nacionales y
populares. Debemos aspirara a tener cientos de miles de nuevos productores
agrarios, que produzcan alimentos sanos en cantidad y calidad suficiente
para alimentar a toda nuestra población y exportar el remanente.
Además de aplicar justas retenciones, es necesario penalizar
la exportación de grano, aceite o torta de soja, estimulando
la producción de carne y la agregación de valor, apelando
al desarrollo local como forma de recuperar producciones arrasadas por
la soja, estimulando todas las producciones debilitadas como la ganadería,
la lechería y la horticultura. Se deben prohibir las fumigaciones
cercanas a los poblados y se deben reducir drásticamente las
aplicaciones excesivas e innecesarias de herbicidas y pesticidas en
general, generando políticas de depuración y recuperación
ambiental regionales. Este primer paso obligaría a alternar rotaciones
agrícolas-ganaderas y rotaciones de cultivos, mejorando la situación
ecológica en general. Es necesario reducir año a año
el área de sojaRR, así como comenzar a sanear zonas contaminadas
por transgenes y pesticidas a granel, mientras se estimula el uso de
prácticas no contaminantes, especialmente vinculadas al enorme
potencial de la agroecología y la economía familiar. Los
argentinos no necesitamos la sojaRR para nuestro desarrollo, su expansión
descontrolada ha sido una imposición del 'mercado mundial', en
una nueva etapa de división internacional del trabajo que está
llegando a su fin de manera estrepitosa. Es posible recuperar una política
soberana de desarrollo nacional y agropecuario insertado, en la necesaria
reindustrialización de la nación, distribuyendo la brutal
concentración de la riqueza producida desde 1976 en adelante.
NOTAS
1.- Reportaje en Ecuador a Robert
Bellé, la investigación fue publicada en Toxicological
Sciences Nº 82, 2004,
2.- Ver Federación
Agraria Argentina, Informe Semanal N° 197, 29 de diciembre de 2005
e Informe presentado por los Ing. Agr. Alberto Gelín y Javier
de Souza, en el 2º Encuentro 'Suelos, Fundamentos... organizado
por CTERA, ANSAFE y el PAS, en San Jenaro Norte Santa Fe 19-20-05-2006.
3.-Altieri Miguel (Profesor
de Agroecología Universidad de California, Berkeley) La tragedia
social y ecológica de la producción de biocombustibles
agrícolas en América. Marzo- 2007
4.- Frase con que el General
San Martín se refería nuestros compatriotas originarios.
5.- Conferencia del Dr. Miguel
Altieri en Bs. As., el 21-3-07,
6.- Conferencia del Dr. J.
Morello en Bs. As., el 21-3-07
7.- Página 12, 12-1-09
8.- Ver Sue Brandford, La
cosecha amarga de la Argentina, publicado por New Scientist. 17-04-04.
*Un resumen de este trabajo fue publicado
por Página 12, el 1 de febrero de 2009 en Cash
**Ingeniero Agrónomo genetista. Director
del Instituto de Estudios y Formación de la CMP. Referente de
la Corriente Participativa Soberanía y Liberación