RED POR UNA AMERICA LATINA LIBRE DE
TRANSGENICOS - BOLETIN 129
La
publicitaron como el alimento estrella. La soya no solo destruye bosques
y agricultores pequeños - también puede ser perjudicial
para su salud.
En una fría mañana de invierno
en Belfast, la Dra. Lorraine Anderson estaba a punto de terminar su
proyecto final de investigación para su doctorado. Ella había
pasado semanas pegada a un microscopio mirando muestras de esperma.
Anderson intentaba averiguar la causa de por qué algunos espermatozoides
se movían más lentamente que otros. Como especialista
en medicina reproductiva en la Maternidad Real de Belfast ella estaba
particularmente interesada por qué algunas muestras eran tan
inactivas a tal punto que no podían alcanzar y fertilizar al
óvulo. Anderson sabía que la 'movilidad' de un espermatozoide
era uno de los factores críticos para la fertilidad. 'No importa
cuánto esperma puede producir un hombre; si no pueden ir de A
a B simplemente hay pocas probabilidades de que haya reproducción,'
señala.
El momento 'eureka' de Anderson llegó
cuando un análisis complejo de las muestras en las que ella estaba
trabajando reveló que el líquido seminal que rodeaba a
los espermatozoides lentos contenía unas sustancias químicas
llamadas isoflavonas. Estos compuestos también se conocen como
fito – estrógenos o estrógenos vegetales porque
se parecen mucho al estrógeno, la poderosa hormona femenina.
Estos compuestos altamente activos se encuentran
en grandes concentraciones en la soya. De hecho, se encuentran en tales
dosis que si una mujer toma dos vasos de leche de soya al día
durante un mes, experimentará alteraciones en su ciclo menstrual.
Se ha estimado que los infantes alimentados exclusivamente con fórmula
a base de soya ingieren una cantidad de estrógeno equivalente
a cinco píldoras anticonceptivas cada día.
Para un número cada vez mayor de
científicos la pregunta es: Si un compuesto biológicamente
activo tan fuerte se encuentra en la soya, ¿cuál podría
ser su efecto en los seres humanos que comen o beben regularmente productos
a base de esta leguminosa?
En años recientes la industria alimenticia
no ha perdido tiempo en publicitar los supuestos beneficios de la soya
en la salud humana, afirmando que puede bajar el colesterol, ayudar
durante la menopausia, evitar la osteoporosis e incluso reducir los
riesgos de algunos cánceres. Sin embargo, aparte de las investigaciones
que vinculan a la soya con una fertilidad masculina reducida, ahora
algunos estudios relacionan a los fitoestrógenos encontrados
en las plantas con un mayor riesgo a otros tipos de cáncer. También
se ha descubierto que afecta a la función cerebral en los hombres
y causa anormalidades ocultas en el desarrollo de los infantes. Algunos
incluso atribuyen el inicio temprano de la pubertad en mujeres occidentales
a una mayor presencia de soya en sus dietas.
Ciertamente, la Dra. Anderson no tiene
ninguna duda sobre las conclusiones de su propia investigación:
cuanto más soya coma un hombre, ella cree, más dificultad
tendrá en fertilizar un óvulo. El jefe del departamento
de Anderson, el profesor Neil McClure, es uno de los expertos sobre
fertilidad en Gran Bretaña y él ya está tomando
cartas en el asunto. “Si una pareja tiene problemas en concebir
y el esperma del hombre es parte de este problema y después de
haber visto suficiente evidencia a partir de estos estudios, yo les
aconsejaría hacer un cambio en su dieta reduciendo al mínimo
el consumo de soya”.
Pero es más fácil hablar
que hacer. Actualmente, la soya no es solo la base de la comida vegetariana
o asiática, sino también un ingrediente invisible en casi
todo lo que comemos, desde las empanadas de cerdo y los cereales para
el desayuno hasta la mayonesa y las margarinas. La soya se utiliza 'como
relleno' y para ligar muchos alimentos procesados, tales como salchichas,
lasañas, hamburguesas y alitas de pollo, lo cual permite a las
empresas alimenticias decir que sus alimentos poseen un mayor contenido
proteico. Algunos estudios estiman que la soya está presente
en más del 70% de todos los productos del supermercado y es ampliamente
utilizada por la mayoría de cadenas de comida rápida.
La razón de su rápida popularidad es que es una fuente
de proteína muy barata y - cuando está molida –
es una fuente de aceite vegetal de alta calidad.
No se pierde ninguna parte de la leguminosa.
Incluso la cáscara se utiliza como fuente de fibra en panes,
cereales y bocaditos. El aceite de soya es el aceite vegetal más
consumido del mundo y se utiliza en margarinas, salsas para ensaladas
y aceites de cocina. Las etiquetas simplemente ponen en vez de aceite
de soya, aceite vegetal.
Durante la extracción del aceite,
la leguminosa también produce una sustancia llamada lecitina.
Ésta es un emulsificante muy valorado que ayuda a mezclar las
grasas con el agua. Es un ingrediente esencial en la panadería
y confitería, pues evita que los ingredientes en los alimentos
se separen. De esta manera, las etiquetas de muchas de nuestras barras
de chocolates, galletas y pasteles nombran a la lecitina como un ingrediente
más sin relacionarla con la soya.
Por supuesto, no es solo el mercado “invisible”
de la soya el que ha gozado de un crecimiento rápido. La leche
de soya es una de las historias más exitosas de los últimos
años. Las ventas han subido un 20% anual y ahora es una de las
bebidas con mayor crecimiento en el país. Por ejemplo, Starbucks
ofrece espuma de leche de soya encima de sus capuchinos y los supermercados
han invertido en sus propias marcas de fábrica.
Para los que tienen alergia a la leche
de vaca o siguen una dieta vegana, la leche de soya ha sido siempre
una opción importante. Pero otros la beben como una alternativa
menos engordante que la leche de vaca. Lo que no saben es que también
reciben una inyección de un químico similar al estrógeno.
Una fuente industrial admitió que la entrada masiva de la leche
de soya se produjo cuando persuadieron a los minoristas a poner esta
leche en la congeladora, dando la impresión de ser un producto
fresco. Algunos anuncios de leche de soya señalan que deben buscarla
en la sección de alimentos frescos. En realidad, la leche de
soya no es más que el extracto de una leguminosa con un poco
de saborizante para hacerla más sabrosa.
Así como existe un aumento en la
popularidad de los productos de soya para el consumo humano, más
del 90% de las 200 millones de toneladas de soya producidas alrededor
del mundo cada año se utilizan para alimentar animales. Ya sea
carne de res, cordero, tocino o pollo procesado, es altamente probable
que dicha carne provenga de un animal alimentado con soya. En algunas
partes del mundo, la soya ha sido por mucho tiempo una pequeña
parte de las dietas animales, pero después de que la crisis de
BSE reveló las consecuencias de alimentar al ganado con partes
animales, la soya empezó a ser tomada con gusto. De manera que
cuando usted coma un pedazo de carne, es muy probable que también
consuma algo de soya.
Elevándose orgulloso como una torre
de iglesia, el silo color plata de 60 metros de altura en la ciudad
argentina de Las Lajitas, brilla con el sol sudamericano. Estos enormes
silos de almacenaje, llenos de soya seca se han convertido en los nuevos
templos de Argentina. Los actuales dueños de las plantaciones
escuchan el evangelio predicado por la corporación biotecnológica
estadounidense Monsanto.
Localizada a más de 1.000 millas
al noroeste de Buenos Aires y cercana a las fronteras chilenas y bolivianas,
Las Lajitas es la capital agrícola de una región que ha
vivido una ilimitada expansión en la producción de soya.
Donde hasta hace poco enormes bosques nativos llenaban el paisaje, ahora
todo lo que está entre Las Lajitas y los Andes son pastizales
verdes produciendo soya.
Las fotos satelitales de la región
demuestran el cambio dramático. Hace solamente 15 años
el área se veía desde el espacio como una alfombra verde,
ahora se parece a una manta cubierta con manchas dispersas de plantaciones
de soya. Las cifras hablan por sí mismas: en 1971 solamente 37.000
hectáreas estaban cultivadas con soya; ahora el área cubierta
es más de 14 millones de hectáreas y van en aumento. Actualmente,
la soya ocupa más tierra en Argentina que ningún otro
cultivo, cubriendo más de la mitad de la tierra agrícola
de ese país. Cada año 10.000 hectáreas de bosque
desaparecen - el equivalente a 20 canchas de fútbol por hora.
De continuar esta tendencia, en cinco años los bosques nativos
de ese país habrán desaparecido totalmente.
Es un panorama que está preocupando
a los conservacionistas. “Este es un hábitat invaluable
y es hogar de muchas plantas y animales raros. Estamos a punto de perderlo
todo por alimentar a los pollos europeos y chinos,” dice Emiliano
Ezcurra de Greenpeace. “¿Cuántos jaguares y tucanes
tendrán que ser matados para alimentar a los cerdos daneses?”
Pero los campañistas están
enfrentándose a una de las corporaciones más poderosas
del mundo que ahora tiene el control del mercado de la soya. A mediados
de los 90s, cuando Argentina enfrentaba una crisis económica,
Monsanto entró con una oferta de salvación. Su mensaje:
planten nuestra soya transgénica Roundup Ready que crece más
fácilmente que la soya convencional y el dinero vendrá.
Y eso fue lo que pasó. Para los pocos afortunados esto ha sido
un don del cielo. Un puñado de barones de la soya están
teniendo jugosas ganancias y el gobierno argentino está gozando
de mejores ingresos fiscales por exportar su soya a Europa y China.
Pero para muchos otros, la moda de cubrir
cada hectárea disponible con soya tiene un costo muy alto. Más
de 200 millas al norte de Las Lajitas se encuentra un pequeño
pueblo llamado Pizarro. Carlos Odonez y su familia son dueños
del supermercado principal. Hace unos pocos años la compañía
petrolera más grande del país le pidió la renuncia,
y con su liquidación llevó a su familia a Pizarro con
el sueño de ser un apicultor orgánico. Sin embargo, todo
lo que está alrededor del poblado, el bosque protector - donde
él aspiraba poner sus colmenas – ha sido destruido para
plantar soya. La comunidad de campesinos que ha vivido de esta tierra
por generaciones criando sus vacas, cerdos y pollos y también
produciendo queso, pronto será forzada a abandonar sus hogares
sin tener un lugar a donde ir.
“No hay futuro aquí”,
dice Odonez, pues explica cómo la pérdida de árboles
causará inundaciones y cambios en el clima local. Las comunidades
locales están también asustadas por las nubes de productos
químicos que han escuchado, son vertidos en la soya. “Hemos
oído muchas historias de otras comunidades que han vivido cerca
de las plantaciones de soya”, dijo Odonez. “Algunos afirman
haberse enfermado al inhalar esos químicos o tener afecciones
a la piel”.
Peor que los desbroces sobre la tierra
es el desplazamiento que están sufriendo comunidades indígenas
que han vivido por miles de años en los bosques. Los Wichi son
un grupo aborigen que vive de la caza y la recolección de frutos.
Ellos utilizan sus perros para buscar jabalís en los bosques
y para recolectar cuatro tipos distintos de miel de los huecos en los
árboles. Ellos hacen canastas y bolsos con las plantas locales
y utilizan la flora del bosque como medicina tradicional para curar
a sus enfermos. Ahora se están extinguiendo a medida que son
desplazados de sus tierras ancestrales.
A una milla de uno de sus campamentos está
ocurriendo la tala de árboles más reciente. Los enormes
tractores con gigantescas cadenas de metal avanzan a través de
los bosques arrasando literalmente con todo lo que está a su
paso. Los trozos de madera y hojas caídos son apilados en filas
de hasta 1km de extensión. Es duro para esta gente entender la
destrucción de un hábitat en el que han vivido en armonía
por tanto tiempo. “¿Por qué destruyen nuestras tierras
los hombres blancos?”, pregunta uno de los jefes de la tribu.
Es difícil explicar que serán utilizadas para alimentar
animales en Europa y China.
Si la revolución de la soya en Argentina
trajera ventajas económicas locales, quizás habría
menos hostilidad. Pero el éxito de la soya Roundup Ready de Monsanto
radica en que permite que el cultivo sea explotado intensivamente con
mano de obra mínima. Solo se necesita un trabajador por cada
400 hectáreas comparando con más de 70 en una finca tradicional
de frutas cítricas. Insertando un gen especial en el DNA de la
planta, los científicos de Monsanto descubrieron que podrían
hacerla inmune a un poderoso herbicida llamado glifosato. Los agricultores
pueden entonces rociarlo sobre sus cultivos una o dos veces al año
y todo, excepto la soya, es exterminado permitiendo que ésta
crezca vigorosamente con producciones altamente rentables y de poco
mantenimiento. De manera que más de 300.000 agricultores han
perdido sus trabajos. La mayoría emigra hacia grandes ciudades
como Buenos Aires o Salta en busca de empleo, pero por sus escasas habilidades
terminan desempleados y sin hogar.
La historia del auge de la soya en Sudamérica
no se limita solamente a la revolución transgénica en
Argentina. Aunque otros países no han degustado la leguminosa
de Monsanto como Argentina, están en una carrera por cobrar el
oro verde con panoramas similares en Brasil, Paraguay y Bolivia. Los
empresarios incluso han apodado a la región como la República
de la Soya.
Para Brasil las consecuencias ambientales
de la soya no transgénica han sido tan dramáticas como
en Argentina. Recientemente los datos satelitales revelaron un salto
del 40% en la tala de bosques tropicales en la Amazonía brasilera.
Este asalto masivo ha sido el peor escenario de pérdida de selva
tropical desde 1995, en gran parte debido a la destrucción ilegal
de bosques para la producción de soya.
En contraste con Argentina, la mayoría
de cultivos de soya del Brasil no son transgénicos, aunque algunas
partes del sur de Brasil se están contaminando con plantas transgénicas
debido a que los campesinos pasan de contrabando semillas de Monsanto
por las fronteras creyendo que son más rentables.
En septiembre, el Fondo Mundial para la
Naturaleza publicó un informe detallando el impacto de la expansión
de la soya en Sudamérica. Es deprimente leerlo. El WWF calcula
que casi 22 millones de hectáreas de bosques y sabanas sudamericanas
- un área casi del tamaño de Gran Bretaña –
estarán destruidas para el 2020. También revela que el
cultivo ha provocado erosión del suelo, sedimentación
de canales, aumento en el uso de agrotóxicos y pesticidas y construcción
de carreteras dentro de uno de los hábitats más delicados
del mundo.
En la carretera principal fuera de Las
Lajitas, se puede leer la frase “Mejor agricultura, mejor futuro”
en una valla publicitaria gigante. Para muchos habitantes sudamericanos
es una promesa con sabor a hueco.
“Dentro de la soya usted encontrará
el poder de alimentar a una familia y de alimentar al mundo. Usted encontrará
la capacidad de mejorar la salud y combatir enfermedades. Encontrará
una combinación única de características que hacen
de la soya un elemento importante para la nutrición animal y
la industria como para la salud humana. En suma, usted encontrará
la magia en la soya mágica”.
Éste es el mundo según un folleto publicado por la transnacional
Archer Daniel Midlands, una de las corporaciones que, junto a Monsanto,
controla actualmente la multimillonaria industria de la soya. Otras
incluyen Cargill, Bunge y Louis Dreyfuss.
Cada mañana a las 8:30 am suena
la campana en el Consejo de Comercio de Chicago para anunciar el inicio
de las actividades del día. Docenas de corredores de bolsa, vistiendo
sus famosas chaquetas café, levantan sus brazos frenéticamente
tratando de forrarse los bolsillos para sus clientes inversionistas
al adivinar cuál será el precio futuro de la soya.
Hoy en día la soya se comercializa
como una mercancía internacional, al igual que el petróleo
o el oro. Dependiendo de las estimaciones en los patrones climáticos,
la demanda de alimento para animales o las presiones geopolíticas
generales el precio puede subir o caer. Al final del día millones
de dólares se habrán ganado o perdido según estas
fluctuaciones momentáneas.
Con tantos intereses comerciales que dependen
del apetito continuo de soya en todo el planeta, aquellos que cuentan
una historia diferente enfrentan una lucha cuesta arriba para ser escuchados.
Tal vez la ilustración más
gráfica de esta situación ocurrió en EEUU hace
tres años. Después de un enorme esfuerzo de cabildeo por
parte de la industria de la soya, la Administración de Alimentos
y Medicinas de EEUU aprobó que el comer 25 gr de proteína
de soya al día podía ayudar a bajar el colesterol y reducir
los riesgos de afecciones cardíacas. Posteriormente, esta posición
fue apoyada por la Agencia de Estandarización de Alimentos de
Gran Bretaña.
Siendo el ataque al corazón una
de las mayores causas de muerte en Occidente, es obvio que esto es un
beneficio más de la soya y ha permitido que las compañías
alimenticias estampen sus anuncios en los productos de soya diciendo
que ayuda a reducir el colesterol. En una cultura tan obsesionada por
la salud y la dieta esto constituye un enorme espaldarazo para la industria
de la soya. Sin embargo, para cualquier ser humano es muy difícil
ingerir los 25 gramos de soya necesarios – esto equivale a cinco
yogures de soya o tres vasos grandes de leche de soya.
No obstante, para dos expertos científicos
en alimentos que trabajaron en la FDA, el respaldo oficial por la salud
– el cual ignoró el impacto de los fitoestrógenos
presentes en la soya – es potencialmente peligroso. En un acto
inusual los doctores Daniel Sheehan y Daniel Doerge escribieron una
carta de protesta al departamento de Salud y Servicios Humanos de la
FDA criticando el anuncio de esta entidad, debido a que los problemas
por consumo de soya fueron ignorados.
Un extracto de su carta publicado en el
Observer Food Monthly (OFM) dice: “Nos oponemos a este anuncio
por la salud porque existe bastante evidencia de que algunas de las
isoflavonas (fitoestrógenos) encontradas en la soya demuestran
toxicidad en tejidos sensibles a los estrógenos y en las tiroides.
Esto es un hecho real para un sinnúmero de especies, incluyendo
los seres humanos. Adicionalmente, los efectos adversos en los humanos
ocurren en varios tejidos y, aparentemente, por varios mecanismos distintos...Por
eso, durante el embarazo, las isoflavonas per se podrían ser
un factor de riesgo para un desarrollo anormal del cerebro y del tracto
reproductivo”.
Añade que: “Existe un número
significativo de datos en animales que demuestran la goitrogenia (efecto
en la glándula tiroidea) e incluso efectos carcinógenos
de los productos de soya”.
Sheehan estaba particularmente preocupado
por el aumento de bebés alimentados con fórmula a base
de soya. “Estamos llevando a cabo un enorme experimento incontrolado
y no monitoreado en los infantes humanos”.
OFM contactó a los científicos
pero se le dijo que ellos no tenían el permiso para comentar
públicamente sobre los riesgos a la salud de la soya. Doerge
le sugirió hablar con otro experto, el Dr. Bill Helferich, profesor
de alimentos en la Universidad de Illinois, quien descubrió un
vínculo posible entre el crecimiento de ciertos tumores de mama
que requerían de estrógeno y los químicos encontrados
en la soya. Helferich no quiso comentar si una mujer en riesgo por dicho
cáncer debía parar de comer productos a base de soya.
Pero, cuando se le preguntó cuáles eran las implicaciones
a la salud por el aumento en las cantidades ingeridas de soya en la
dieta occidental, él contó a OFM: “Es como una ruleta.
Simplemente no sabemos”.
No sólo cruzando el Atlántico
el consumo creciente de soya está preocupando a las autoridades.
En Gran Bretaña, la Agencia de Estandarización de Alimentos
delegó a la Comisión sobre Toxicidad de Químicos
en los Alimentos realizar una investigación sobre este asunto.
Publicado en mayo de 2003 y titulado “Fitoestrógenos y
Salud”, la cubierta de este reporte de 400 páginas venía
ilustrada con una planta de soya.
En su introducción el reporte dice:
“En 1940 se detectaron efectos adversos en la fertilidad de animales
que fueron alimentados con plantas ricas en fitoestrógenos. A
inicios de los 80s fue evidente que los fitoestrógenos podían
producir efectos biológicos en los seres humanos”.
Lo que sigue a continuación es un
análisis complejo y extenso de cada estudio científico
realizado sobre los fitoestrógenos. El ámbito es considerable:
interacción con el sistema inmunológico, con el sistema
nervioso central, glándulas tiroideas y sistema cardiovascular.
Analiza evidencia a favor y en contra de los químicos de la soya
con respecto al cáncer de mama, cáncer de próstata,
cáncer de estómago, cáncer rectal y cáncer
pulmonar.
Los hallazgos no son concluyentes. Algunos
estudios de caso demuestran que la soya reduce el riesgo para un cáncer,
pero posiblemente eleva el riesgo de otro.
El profesor Frank Woods era el director
del grupo de trabajo que realizó este reporte. Él es uno
de los toxicólogos más prominentes del país y ha
sido un asesor clave del gobierno. Si alguien merece ser llamado un
experto en la soya, es él. Sin embargo, él no quiere dar
una opinión sobre si el aumento de la soya en la dieta occidental
es bueno o malo. “Nosotros todavía tenemos mucho que cortar”,
señaló. Pero existe un área en la que él
ya tiene una opinión formada. “Si mi hija me pide consejo
sobre si ella debería alimentar a su bebé con fórmula
de soya, yo le diría que no, a menos que la pediatra haya aconsejado
específicamente hacer eso”. Incluso si el bebé tuviera
alergia a los lácteos, él le daría otras opciones
más seguras, tales como proteína de leche de vaca hidrolizada.
“La soya ha sido consumida por miles
de años como la base de la dieta asiática”, dijo
Dominic Dyer de la Asociación Británica para la Proteína
de Soya. “No existe evidencia de fertilidad reducida en estas
poblaciones o un mayor riesgo para cualquiera de los problemas que dicen
estar relacionados con la soya. De hecho, lo contrario es la verdad.
Ellos son más saludables, viven más años y tienen
menos probabilidad de morir por enfermedades como el cáncer de
mama”.
Este es un poderoso argumento a favor de
la soya, pero los científicos tales como el profesor Woods, que
han estudiado este asunto como parte de un reporte de la FSA, señalan
que es mucho más complejo que solo atribuir estos hechos al consumo
de soya.
La nutricionista estadounidense Kaayla
T Daniel, quien ha estudiado la historia del consumo de soya desecha
esta comparación argumentando que la soya consumida en China
y Japón, en forma de tofu o miso, es muy diferente de la variedad
industrialmente procesada usada en la comida occidental. “Las
afirmaciones sobre la soya como una parte fundamental de la dieta asiática
por más de 3 mil años o desde tiempos inmemoriales simplemente
no son ciertas”, afirma ella.
La soya se originó en China y según
Daniel los antiguos chinos la llamaban “la joya amarilla”
pero la utilizaban como “forraje verde” para enriquecer
el suelo al cultivarla con otras plantas. Ella dice que la soya no era
parte de la dieta humana hasta mucho después en la Dinastía
Chou en 1134 A.C. cuando los chinos desarrollaron un proceso de fermentación
que transformaba a la leguminosa en una pasta mejor conocida como miso.
El líquido resultante de la producción de miso era conocido
como salsa de soya. El proceso tradicional de productos con soya fermentada
tales como el tofu o el tempeh destruye muchos de los químicos
peligrosos presentes en la soya, al contrario que los métodos
modernos utilizados hoy en día.
Para Daniel, los ambientalistas y un creciente
número de científicos, el punto no es que la soya es completamente
mala, pero tampoco es la cura para todos los males de Occidente. Y ciertamente
su impacto ambiental es innegable.
Fuente: The Observer, Reino Unido, por
Anthony Barnett
http://observer.guardian.co.uk/foodmonthly/story/0,9950,1342291,00.html
7 Noviembre 2004