Argentina:
sojización y dengue, una mancha más para el complejo sojero
Por Alberto J. Lapolla (*)
"La sojización mantiene
una doble línea de influencia sobre la expansión del dengue.
Por un lado el complejo de agrotóxicos utilizados para el sistema
de la Siembra directa-sojaRR, se basa en el uso masivo de glifosato,
endosulfán, clorpirifos, 2-4-D, atrazina, paraquat, y otros pesticiadas.
Todos poseen una fuerte acción devastadora sobre la población
de peces y anfibios, predadores naturales de los mosquitos, transmisores
del dengue y la fiebre amarilla".
En los últimos dos años
la invasión de mosquitos de las especies Aedes sp y Culex sp.
invadieron amplios espacios de nuestro país especialmente de
Pampa Húmeda, extendiéndose mucho màs allá
del verano, que es la estación donde suelen aflorar masivamente.
El fenómeno fue particularmente notable en 2008 cuando la invasión
duró casi hasta el mes de mayo, pese a que la temperatura había
descendido lo suficiente como para acabar con ellos. Para quienes seguimos
de cerca el desarrollo de los hechos ambientales argentinos, el hecho
no pasó desapercibido y tratamos de llamar la atención
respecto de ¿qué ocurriría si la especie a propagarse
no fuera la perteneciente al Aedes común o al Culex 'doméstico'
sino el temible Aedes aegypti, vector de la Fiebre Amarilla y el Dengue?.
Incluso en 2007 y 2008 hubo casos de fiebre amarilla en Bolivia, Paraguay,
Brasil y Norte argentino, que se adjudicó a viajeros provenientes
de los países hermanos. En la oportunidad señalamos la
equivalencia del mapa correspondiente a la invasión mosquitera,
con el que la multinacional Syngenta llamaba de 'la Repùblica
Unida de la Soja', es decir, la región comprendida por las zonas
de Bolivia, Paraguay, Argentina, Brasil y Uruguay sembradas con el mágico
poroto transgénico forrajero producido por Monsanto, y rociado
abudantemente con su agraciado herbicida 'matatodo' glifosato, conocido
como Round up, acompañado por sus compañeros de ruta,
tales como el 2-4-D, la Atrazina, el Endosulfán, el Paraquat,
el Diquuat y el Clorpirifós, entre algunos otros. En ese momento
-junto a otros ambientalistas del resto del continente- señalamos
la rara coincidencia de ambos mapas, mucho mas notable en el caso de
la expansión de la epidemia de Fiebre Amarilla de 2007-2008 y
de la epidemia de mosquitos 'domésticos' de 2008. Así
las cosas, preferimos suponer, que cualquier vinculación del
raro fenómeno ambiental con la utilizaciòn masiva y descontrolada
del glifosato y el área sojizada , no podía sino ser parte
de una conspiración antimosnantiana o de mentes calenturientas
que ven catástrofes ambientales por todos lados y no creen lo
que dice la empresa multinacional o sus repetidoras de AAPRESID, la
FFA, o Clarín Rural, respecto de la 'absoluta inocuidad' de los
casi trescientos millones de litros de pesticidas arrojados por el complejo
sojero sobre el ambiente agropapeano. Pero.. que las hay, las hay..
Así llegamos a la epidemia
de dengue de 2009 y ¡oh, casualidad¡, la misma vuelve a
coincidir con gran parte del área sojera sudamericana, y se basa
en una expansión desorbitada de la población de mosquitos.
Cualquier profesor de Ecología o de Biología -no empleado
en una multinacional, o en un programa de investigación universitario
financiado por ellas- preguntaría, ¿es qué habrá
desaparecido algún predador natural del mosquito? o ¿es
que el mosquito habrá aumentado su fuente de alimentaciòn
de manera desorbitante? Pues la primera es la pregunta correcta y por
ende le corresponde la respuesta correcta, si es que el docente desea
hacerse la pregunta, claro está.
El glifosato, la Atrazina, el Endosulfàn,
el 2-4-D, el Clorpirifos, el Diquat y el Paraquat, casualmente matan
peces y anfibios -sapos, ranas, escuerzos, etc- es decir a los predadores
naturales de los mosquitos, a los que consumen tanto en su estado larval
como de adultos. Pero si esto es así cómo es que nadie
lo advirtió...
Pero hay más, pues la cosa
no es tan directa, sino multivariada y compleja como todos los fenómenos
ambientales. Si bien la epidemia de dengue que sorpresivamente ha atacado
a nuestro país, tiene su origen en la propagación de la
epidemia que afecta a la hermana República de Bolivia, la misma
tiene su causa principal en el calentamiento global que afecta a nuestro
planeta, que al producir el aumento de las temperaturas mínimas
y medias extiende las enfermedades llamadas tropicales, (paludismo,
fiebre, amarilla, dengue, malaria y otras) hacia las regiones templadas,
es decir la Argentina. Esa es la razón principal de porqué
volvió el dengue a nuestro país, el cual había
sido eliminado durante los años cincuenta gracias a la encomiable
labor del Dr., Ramón Carrillo. Sin embargo, cabe ubicar algunas
otras relaciones causales del múltiple complejo ambiental que
afecta a la expansión de una enfermedad como el dengue.
A las políticas de destrucción
del Estado y sus controles aplicadas durante los noventa, que cesaron
las fumigaciones preventivas, y a la falta de nuevos productos químicos
para combatir al insecto vector Aedes aegypty, que las multinacionales
del negocio agrotóxico no desarrollan debido a que según
ellas ‘no es negocio, pues los países tropicales, principales
destinatarios de los productos son malos pagadores’, debemos en
el caso argentino sumar la tremenda expansión del área
sojizada en Pampa Húmeda y extensas regiones del NEA y del NOA,
lindantes con Bolivia, Brasil y Paraguay.
Así, la sojización
mantiene una doble línea de influencia sobre la expansión
del dengue. Por un lado el complejo de agrotóxicos utilizados
para el sistema de la Siembra directa-sojaRR, se basa en el uso masivo
de glifosato, endosulfán, clorpirifos, 2-4-D, atrazina, paraquat,
y otros pesticiadas. Todos poseen una fuerte acción devastadora
sobre la población de peces y anfibios, predadores naturales
de los mosquitos, transmisores del dengue y la fiebre amarilla.
Esto puede comprobarse por la casi
desaparición de la población de anfibios en pradera pampeana
y en sus cursos de agua principales, ríos, arroyos, lagunas y
bosques en galería, así como el elevado número
de peces que aparecen muertos en los mismos o por la aparición
de los mismos con fuertes deformaciones físicas y con graves
afectaciones en su capacidad reproductiva, como han informado reiterados
estudios e investigaciones de diversas instituciones de Pampa Húmeda.
Podríamos señalar sin exagerar que los anfibios –principales
predadores de mosquitos y otros insectos- son cosa del pasado en el
territorio sojizado, arrasado por el cocktail de agrotóxicos
utilizados por los productores en el sistema de Siembra Directa.
Un segundo elemento del relación
entre la sojización y la epidemia de dengue, se ubica en la enorme
deforestación producida en las áreas boscosas y de monte
de las regiones del NEA y del NOA, lo cual destruye el equilibrio ambiental
de esas regiones, liquidando el refugio y hábitat natural de
los predadores de otros predadores de los mosquitos, permitiendo el
aumento descontrolado de su población, tal como se viene comprobando
en los últimos años, sólo que en este último
correspondió a la población de Aedes aegypty y no al Aedes
común o al Culex, como en años anteriores. El crecimiento
desusado de la población de mosquitos es la causa principal de
la expansión de la epidemia del dengue según señalan
la mayoría de los especialistas y su relación con los
agrotòxicos de la soja es casi directa.
Esta relación no es una relación
causa-efecto simple, sino parte de las cadenas concatenadas de fenómenos
que caracterizan a los procesos ambientales, y que por lo mismo son
en general difíciles de estudiar o de señalar, mediante
una mirada simplista de la relación causa-efecto, sin embargo
es imposible negar la relación entre la destrucción de
los predadores de los mosquitos que provoca la sojización por
vía de los venenos que se usan para su cultivo, como por obra
de la depredación de los montes y bosques nativos que produce
su cultivo descontrolado, y por ende su responsabilidad central en la
existencia de la actual epidemia de dengue. Una mancha más a
cargar en el disparate sojero.
(*) Ingeniero Agrónomo genetista
e Historiador. Director del Instituto de Formación de la CMP
Fuente: http://www.biodiversidadla.org/content/view/full/48776
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