La “coexistencia”
entre cultivos transgénicos y no transgénicos: un boomerang
contra la mayoría
El recientemente publicado Informe
GEO 2008 URUGUAY, iniciativa del Programa de las Naciones Unidas para
el Medio Ambiente, manifiesta en su resumen ejecutivo que “Es
necesario incorporar la temática ambiental en instituciones gubernamentales
cuyas políticas tienen una marcada influencia en el ambiente.”
El MGAP acaba de anunciar (14 de
julio) a través de su ministro, Ernesto Agazzi, una nueva política
de “coexistencia” entre los Organismos Vegetales Genéticamente
Modificados, más conocidos como transgénicos, y los que
no lo son, o sea la gran mayoría.
¿Cómo se regula esa
coexistencia a nivel de campo? Gran incógnita. En FRANCIA este
año se prohibió la plantación del maíz transgénico
MON 810 liberado en el año 1998, porque debido a descubrimientos
científicos nuevos, esta coexistencia se vuelve imposible de
sostener. La resolución francesa cita que: Los resultados han
demostrado la imposibilidad de una ausencia de polinización cruzada
entre campos OGM y sin OGM a una escala local (A. MESSEAN, 2006), la
diseminación de la toxina Bt y su persistencia han sido demostrados
y dependen de factores edáficos, climáticos y del ambiente
(Icoz et Stostky; 2007), se confirma la posibilidad de efectos tóxicos
a largo plazo sobre las lombrices, (Zwalhen et al. 2003), los isópodos,
los nemátodos y los rhopaloceros. (Hardwood et al. 2005, Prasifka
et al. 2007; Dutton et al, 2005.) Recordemos que este evento es uno
de los maíces transgénicos liberados en el país
con la opinión desfavorable en su momento de la Facultad de Agronomía.
¿Cómo se regula esa
coexistencia a nivel de la cadena productiva y de transformación?
Desde que se cosecha el grano o el producto final, hasta que este se
comercializa, no se establece ningún criterio que permita preservar
lo que no tenga transgénico, sino que aquello que no lo quiera
tener, deberá de generarse una cadena independiente propia, a
su costo
¿Cómo se regula esa
coexistencia para el consumidor? El estado uruguayo ha decidido el etiquetado
voluntario, o sea, que el que quiera decir que su producto tiene transgénico
que lo diga, el que no lo tiene, que lo etiquete, por la positiva o
la negativa. En realidad Agazzi aclaró más la intención
en conferencia de prensa: “nosotros hemos optado por el etiquetado
voluntario en el sentido de quien produzca alimentos libres de transgénicos
va a tener la voluntad de comunicarlo y además el etiquetado
va por cuenta de quien lo ofrece. Se supone que en alimentos donde haya
una demanda fuerte para que no sean transgénicos, los consumidores
van a estar de acuerdo en pagar un poco más, teniendo la garantía
de que no son transgénicos.” Los productos libres
de transgénicos tendrán por lo tanto que hacerse cargo
de la segregación y del etiquetado. ¿Cómo hace
un consumidor que no quiere consumir transgénicos en un lugar
donde los alimentos que los incluyen no están obligados a comunicarlo?
Volviendo al Informe GEO URUGUAY,
el mismo manifiesta que “Uruguay se encuentra en un cruce de caminos,
la opción de profundizar el “Uruguay natural” exige
nuevas visiones del mundo y del país, pero no debería
ser contradictoria con la visión del “Uruguay productivo”.
El gobierno ha innovado en la incorporación de la perspectiva
ambiental en la agropecuaria, basado en el discutible concepto “el
que contamina paga”. Sin embargo, insólitamente, en el
tema de los cultivos transgénicos, ha instalado el principio
de: “el que cuida el ambiente paga” reforzando estímulos
económicos en contra del desarrollo sostenible.
Estas medidas no estimulan el Uruguay
productivo ni el Uruguay Natural; por lo contrario, son un boomerang
donde los principales perjudicados serán los pequeños
productores rurales, la producción orgánica, los consumidores
concientes, y nuestros recursos naturales.
Por Alfredo BLUM
- Julio 2008
Ingeniero Agrónomo- UDELAR, Mastaire INP Toulouse.
Socio del Centro Interdisciplinario de Estudios sobre el Desarrollo,
Uruguay-CIEDUR