Contaminación
sustentable certificada
Se
ha conocido recientemente el interés de que los productores
de soja transgénica certifiquen su producción. Se
hará a través de la Asociación Internacional
de Soja Responsable (RTRS, por su sigla en inglés) con apoyo
y participación del Estado.
Empresas
agroindustriales, ONGs y algunos organismos del Estado han participado
en negociaciones con el objetivo de unificar criterios para la certificación
de la soja. Entre otros: la Dirección General de Recursos
Naturales Renovables (RENARE), dependencia del Ministerio de Ganadería,
Agricultura y Pesca (MGAP); Agronegocios del Plata (ADP); Cargill;
Alcoholes del Uruguay (ALUR, empresa agroindustrial de la petrolera
estatal ANCAP, con un 10 por ciento de participación de la
petrolera estatal venezolana PDVSA); Asociación Uruguaya
pro Siembra Directa (AUSID); Federación Uruguaya de Grupos
CREA (FUCREA, federación que agrupa a los grupos CREA, generalmente
integrados por pequeños propietarios, en todo el país);
Erro (empresa comercializador a de granos, semillas, agrotóxicos,
logística y servicios); Fundación Ecos (asociación
civil sin fines de lucro); Los Grobo/ADP (empresa agroindustrial,
gran productora de soja, con sede en Argentina y actuación
en ese país, Brasil y Uruguay); representantes del LSQA (Laboratorio
Tecnológico del Uruguay -LATU- y Sistemas Quality Austria)
y Campo Afuera. (1)
Por su
parte, RTRS son las siglas de la Round Table on Responsible Soy
(conocida en español como Asociación Internacional
de Soja Responsable) e integrada por los principales actores en
la cadena de la soja. Fue fundada en Suiza en 2006 y su Secretariado
Ejecutivo está radicado en Buenos Aires. Además de
su variopinta integración, cuando se observan las normas
y el proceso de certificación establecidos por la RTRS, claramente
se percibe que se trata de un oxímoron: “certificar
lo incertificable”.
Para
comenzar, el estándar RTRS se caracteriza por ser neutro
e incluyente. Certifica cualquier tipo de soja, ya sea esta transgénica,
orgánica o convencional y es aplicable tanto a grandes como
a pequeños productores. Con esto, se pretende dar la idea
de que los tres cultivos son iguales, como iguales son pequeños
y grandes productores.
La RTRS
justifica su existencia en la “preocupación de sus
miembros por la necesidad de una certificación que garantice
una soja responsable”. A continuación transcribimos
y comentamos esas seis inquietudes. (2)
1.- “Existencia
de sistemas de producción de soja con base en prácticas
agrícolas no sostenibles que puedan generar erosión
y contaminación de suelos y aguas”.
Consecuencias que han sido ampliamente discutidas tanto en el ámbito
internacional como nacional. En 2010, la Dirección General
de Recursos Naturales Renovables (RENARE) de Uruguay, presentó
un “Plan de uso y manejo de suelos” a partir de la constatación
de que se estaban erosionando grandes extensiones, sobre todo por
el cultivo de soja transgénica, el mayor cultivo del país.
Si ya existe un Plan elaborado por un organismo del Estado, ¿es
necesaria una certificación privada para que ese Plan se
cumpla? Si los que certifican son una minoría de los productores,
¿la mayoría podrá continuar erosionando y contaminando
impunemente?
2.- “Uso
irracional de agroquímicos”.
Sería importante qué la RTRS aclarara, ya que admite
que hay un uso “irracional” de agrotóxicos, ¿cuál
es su uso “racional”? Además de ser producida
en régimen de monocultivo -ya de por si “no sostenible”-
la soja transgénica demanda el uso masivo de agrotóxicos.
Su característica transgénica la dota de tolerancia
al glifosato -un herbicida que cada vez se utiliza en mayores dosis
debido a la resistencia que adquieren las hiervas no deseadas- además,
se le aplican insecticidas y funguicidas, generalmente mezclados,
con el resultado que se potencian entre sí. La soja transgénica,
especialmente la variedad RoundupReady (RR) de Monsanto (compañía
que es miembro de la RTRS) normalmente nunca podría figurar
como racional, responsable o sustentable.
3.- “Pérdida
de biodiversidad y deforestación asociada a la producción
agrícola-ganadera”.
Algo que también a nosotros nos preocupa. Nuestro país
ha tenido -y sigue teniendo- un importante menoscabo de su biodiversidad
como consecuencia del monocultivo y el uso de agrotóxicos:
flora y fauna destruidas, montes nativos eliminados, es parte del
precio que se paga por cultivar soja destinada a la exportación.
4.- “Riesgos
para la salud y la seguridad de los trabajadores”.
A cuenta de mayor cantidad, nos gustaría se nos respondiera
a una simple pregunta: ¿Cómo la RTRS controla las
medidas adoptadas para eliminar estos riesgos? Nada se dice sobre
cómo se monitoreará el cumplimiento de estos criterios.
Si existe el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, con su Inspección
General del Trabajo y de la Seguridad Social, si el país
ha ratificado el Convenio 184 de la OIT, ¿es necesaria la
certificación para que estos riesgos se controlen?
5.- “Relaciones
de los productores de soja con las comunidades que los rodean (en
algunos casos, la existencia de conflictos sociales).
Las comunidades cercanas a los cultivos de soja son afectadas tanto
por las fumigaciones aéreas, como por las terrestres mediante
“mosquitos”-vehículos aplicadores de químicos
que llegan a “pasearse” por ciudades y poblados- según
surge de las denuncias originadas en distintos puntos del país.
Las medidas adoptadas por el Estado, cuando existen, no son suficientes
y en la práctica son los dueños o los arrendatarios
de los campos quienes “hacen la ley”. Las protestas,
denuncias y movilizaciones ciudadanas frente a las graves consecuencias
para su salud provocadas por las fumigaciones, no se acallarán
con certificaciones.
La
certificación: un engaño a ojos vistas.
La RTRS
argumenta que con su certificación se benefician: grandes
productores (El Tejar, Los Grobo, Grupo André Maggi, etc.);
compañías que controlan las semillas (Nidera, Louis
Dreyfus, etc.); supermercados europeos (Mark & Spencer, Carrefour,
etc.); transnacionales que controlan los alimentos para animales
(Nutreco, Cargill, Bunge, etc.) y los alimentos para humanos (Unilever,
Nestlé, Danisco, etc.); productores de agrocombustibles (BP,
Shell, etc.) y algunos grandes bancos internacionales (International
Finance Co., Santander, etc.).
¡
Y es precisamente por eso -y porque conocemos bien a algunos de
esos actores- que no confiamos en esta certificación! Además,
como muchos de ellos son a su vez miembros de la RTRS, la transparencia
en el otorgamiento de la certificación es más que
discutible.
Cuando
el 14 de noviembre de 2011 se realizó la Primera Jornada
de la RTRS en Uruguay, además de un representante de la misma,
habló Fabián Martínez, Gerente de Compras de
Commodites América de Unilever, quien manifestó el
interés de la empresa en adquirir materias primas 100 por
ciento sustentables y que por lo tanto apoya la certificación
de soja responsable. Como dato interesante, hay que señalar
que Unilever integra el comité ejecutivo de RTRS. También
habló Justo Domínguez, director ejecutivo de Caldenes
S.A., empresa agrícola argentina que piensa certificar unas
10.000 hectáreas de
soja,
toda transgénica, por supuesto.
Las empresas
que adquieran soja certificada RTRS estarán autorizadas a
utilizar este logo
La
sospechosa flexibilidad de la certificación RTRS
La aplicación
del estándar RTRS se realiza según las características
de cada país (al parecer, lo que es irracional en uno puede
resultar racional en otro) y para ello en cada país se crea
un Grupo Técnico Nacional. En el caso de Uruguay este Grupo
Técnico, congruente con la mezcolanza que practica RTRS,
estuvo integrado por representantes del RENARE, Agronoegicios del
Plata (ADP), Cargill, ALUR, AUSID, FUCREA, Erro, Fundación
Ecos, Grobo/ADP, LSQA, LATU y Campo Afuera. Nos detendremos en tres
de ellos:
RENARE
– Es un organismo del Estado responsable de formular la estrategia
nacional sobre el uso y manejo sostenible de los recursos naturales
renovables y regular su uso. Además, en el MGAP también
funcionan la Dirección General de Servicios Agrícolas,
cuya responsabilidad es desarrollar y ejecutar las políticas
fitosanitarias y de calidad vegetal, así como de calidad
e inocuidad de los alimentos vegetales; la División de Protección
Agrícola, siendo sus funciones principales proponer, desarrollar,
coordinar y dar seguimiento a las acciones referidas a vigilancia
y mejora fitosanitaria y la certificación para la exportación;
la División Protección de Alimentos Vegetales, con
los objetivos de defensa de la buena fe y economía del productor,
garantía contra la competencia desleal al industrial e importador
honesto, preservar la salud animal y humana, desarrollar coordinar
y dar seguimiento a los sistemas de control de calidad de alimentos
vegetales, elaborar normas técnicas de alimentos vegetales
(cuenta con un laboratorio analítico) y el Sistema Nacional
de Certificación de la Producción Orgánica.
¿Qué
hace entonces un organismo como el RENARE participando en una iniciativa
de dudosa finalidad y efectividad? ¿No piensan las autoridades
del MGAP que sus funcionarios, en lugar de estar ocupados en cabildeos
destinados a beneficiar a grandes capitalistas, deberían
estarlo en cumplir con lo que la ley les mandata y para lo cual
perciben un salario?
Quien
como la RTRS se denomina “responsable”, no ignora que
responsable es el obligado a responder de algo o por alguien, de
manera que lo que realmente procura es la responsabilidad ante sí
misma. Un productor que no cumpla con los criterios de la RTRS tendrá
como única sanción perder su certificación,
medida mucho más benigna que cuando no se cumple una ley.
Además, aquel productor que no desee seguir siendo certificado
podrá, sin ningún impedimento, salir del sistema y
utilizar métodos y prácticas que el mismo no le permitía,
algo muy distinto a las consecuencias que conlleva el desconocer
una ley.
En consecuencia,
el objetivo no confesado de la RTRS y su certificación, es
eliminar al Estado en cualquier control sobre la producción
de soja, sustituyéndolo por un dudoso e inocuo autocontrol.
Lo increíble es que organismos del propio Estado se presten
a este juego.
ALUR
– Produce etanol y el llamado biodiesel, utilizando como materias
primas caña de azúcar, maíz y sorgo dulce.
Si la soja no figura entre sus insumos, ¿qué hace
ALUR integrando el Grupo Técnico? ¿Acaso ALUR piensa
que la RTRS sirve tanto para un fregado como para un barrido y terminará
certificando sus agrocombustibles?
Fundación
Ecos – Esta ONG tiene su sede en Uruguay, en las cercanías
de Punta del Este en el departamento de Maldonado, donde el cultivo
de soja es marginal. Es la sede local de una organización
internacional, fundada en 1994. Su objetivo es “convertir
en acción los principios del desarrollo sustentable”
y sus beneficiarios “los decisores de la comunidad: empresarios,
sindicalistas, profesores y funcionarios, entre otros. Su presupuesto
anual es de 150.000 a 200.000 dólares provenientes de la
ONG World Wildlife Fund (WWF). Esta controvertida ONG (certifica
desde palma aceitera a productos pesqueros y está solicitando
créditos de carbono para la soja RR de Monsanto certificada
por RTRS) integra la RTRS.
¡Linda
familia la certificadora!
Notas: (1) Pese a nuestros
esfuerzos, no hemos podido identificarla.
(2) Soja responsible RTRS, El valor de la certificación,
El País, Montevideo, 25.1.12 http://www.elpais.com.uy/suplemento/agropecuario/el-valor-de-la-certificacion/agrope_620560_120125.html
RAPAL Uruguay - UITA
Enero 2012