Gobierno
aprobó la liberación comercial de cuatro nuevos eventos
transgénicos de maíz y soja con el voto en contra
de los ministerios de Salud y Ambiente
El Gabinete Nacional de Bioseguridad (GNB) aprobó el viernes
las solicitudes para usar ocho eventos transgénicos; la noticia
se conoció públicamente ayer, por una nota publicada
por Montevideo Portal. Se trata, en realidad, de 14 solicitudes
que el gabinete tenía pendientes: algunas para uso comercial,
otras para ensayo a campo, para ensayo del Instituto Nacional de
Semillas (Inase), o de laboratorio. En diálogo con la diaria,
el subsecretario del Ministerio de Ganadería, Agricultura
y Pesca (MGAP, secretaría que preside el GNB) catalogó
de muy importante la aprobación: “Veníamos con
cierto atraso y hoy quedamos al día con las solicitudes que
teníamos en la cartera”, saludó, subrayando
que algunas habían sido presentadas en 2010. “Es importante
respetar el marco regulatorio”, resaltó. Entre esas
ocho variedades hay una de papa transgénica, que está
siendo estudiada por el Instituto Nacional de Investigación
Agropecuaria. Los más polémicos son los cuatro eventos
que se liberaron para uso comercial, que contaron con el voto en
contra de los ministerios de Salud Pública (MSP) y de Vivienda,
Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente (MVOTMA); sí contaron
con el aval de los ministerios de Ganadería, Agricultura
y Pesca (MGAP), Industria, Energía y Minería, Economía
y Finanzas, y Relaciones Exteriores. Uno de ellos es el maíz
MON89034X- MON88017, de la empresa Monsanto, cuya liberación
a nivel comercial había sido solicitada en 2010; apila dos
eventos mediante los cuales la planta tiene resistencia a insectos
lepidópteros (la Diabrotica speciosa, llamada comúnmente
“vaquita de San Antonio”) y tolerancia al glifosato.
La otra variedad de maíz es la llamada TC1507XMON810XNK603,
solicitada en 2014, resistente a lepidópteros y a dos herbicidas
(glifosato y glufosinato). Las variedades de soja son DAS44406-
6, de Dow AgroSciences, cuya liberación comercial había
sido solicitada en 2012 y que tiene tolerancia a tres herbicidas:
glifosato, glufosinato y 2,4D. El evento de soja MON89788XMON87708,
de Monsanto, solicitado para liberar comercialmente en 2013, tiene
tolerancia a dos herbicidas: glifosato y dicamba.
Alejandro
Nario, responsable de la Dirección Nacional de Medio Ambiente
(Dinama, MVOTMA), explicó a la diaria que la aprobación
de eventos para investigación no provoca mayores problemas,
porque su uso está limitado (se permite sólo en chacras
de experimentación), pero dijo que otra cosa ocurre con los
que se liberan comercialmente y pueden plantarse en todo el país.
Comentó que era necesario estudiar las condiciones de coexistencia
de estos nuevos eventos de maíz con el maíz criollo,
por el gran riesgo de cruzamiento, que ya ocurre y que provoca la
pérdida de semillas de variedades nativas y criollas. Reprobó,
además, que las variedades sean resistentes a Diabrotica
speciosa, porque se trata de una especie que no es plaga en Uruguay.
“No nos parecía bien asumir el riesgo por algo que
no es plaga”, comentó. En cuanto a los eventos de soja,
lo que más preocupa a la Dinama es la dispersión masiva
de dicamba y 2,4D, que se suma a la amplia dispersión que
ya tiene el glifosato. “La ministra [Eneida de León]
planteó que no estamos en contra de los transgénicos,
pero nos parece que tenemos una responsabilidad ambiental; antes
de estudiar no se puede hacer ese tipo de liberación. Pero
se votó, y tanto Salud como Ambiente quedaron en minoría”,
lamentó. “Nos parece que no hay suficiente estudio,
en esas condiciones no estamos para aprobar eso”, afirmó,
y dijo que “no hay un monitoreo posterior” y tampoco
una solución duradera, puesto que las malezas que hoy son
resistentes al glifosato luego generarán resistencia contra
el dicamba y el 2,4D. La evaluación que hace el GNB no toma
en cuenta el paquete tecnológico asociado, y con eso discrepan
el MSP, el MVOTMA, y organizaciones ambientales.
El MGAP
no lo ve así. “Las recomendaciones de la CGR [Comisión
para la Gestión del Riesgo] es que no se podía evaluar
aspectos perjudiciales sobre el ambiente ni sobre la salud humana
y animal, y tampoco sobre los aspectos de negocio”, aseguró
el subsecretario Enzo Benech. En cuanto a la evaluación de
la dispersión de plaguicidas, explicó que “eso
no se evalúa, no es parte del Decreto 353”, que regula
la aprobación de vegetales transgénicos. Subrayó
que los plaguicidas “son una responsabilidad de nuestro MGAP,
a través de Dirección General de Servicios Agrícolas;
es ahí donde se registra y se indican las formas de uso de
los agroquímicos, no es en este gabinete donde se evalúa.
[...]el marco legal que tenemos no nos habilita a eso”. En
cuanto al riesgo de perder variedades de maíz criollo, Benech
reconoció que el cruzamiento de variedades es un problema
y que “hay que regular eso de alguna forma”. Para eso,
los productores de maíces criollos tienen que registrar en
el Inase las variedades que quieren proteger. En cuanto a la Diabrotica,
reconoció que no es plaga en Uruguay y que no hay datos sobre
si provoca, o no, un daño económico.
Desde
el punto de vista sanitario, las principales objeciones contra los
eventos de maíz tienen que ver con el aumento de la exposición
a proteínas Cry del biopesticida (detectado ya en sangre
de mujeres embarazadas y sus fetos), el aumento de reacciones inmunoalergénicas
y la falta de información de lo que ocurre al apilar tres
eventos transgénicos, como ocurre con el TC1507XMON810XNK603.
Benech refutó las objeciones, diciendo que él suspendió
por un año el tratamiento de uno de esos eventos luego de
que el MSP dijera que era “potencialmente alergénico”,
pero lo avaló al cabo de un año “cuando el MSP
volvió a presentar la misma información”.
¿A
qué precio?
Una declaración
de Casa Grande (Frente Amplio), impulsada por Círculo Verde,
manifiesta la posición contraria de ese sector a la resolución
del Gabinete Nacional de Bioseguridad (GNB) por la cual fueron aprobados
14 nuevos eventos transgénicos. El texto divulgado por Casa
Grande hace un repaso histórico de los cambios introducidos
por la biotecnología desde que en 1996 un grupo de científicos
anunciaba, en Escocia, la clonación exitosa de una oveja,
y recuerda que tres meses después en Uruguay se autorizaba
el uso de soja genéticamente modificada para resistir al
glifosato. “Desde entonces, a ese primer evento transgénico
[el GTS 40-3-2] se le sumaron cuatro eventos más de soja
y diez eventos de maíz. Además, la superficie plantada
de soja pasó de unas 14.000 hectáreas en la zafra
1999-2000 a más de un millón de hectáreas en
la 2016-2017”, afirma. La declaración cuestiona que
se prioricen “los beneficios económicos a corto plazo,
por sobre la salud de la población y los derechos a saber
y decidir sobre las maneras de producir nuestra comida”, y
admite que, tal como denunciaba la Asociación Rural del Uruguay
en setiembre de este año, ese posicionamiento crítico
obedece a “motivos ideológicos”. Finalmente,
Casa Grande declara su apoyo a las carteras de Medio Ambiente y
Salud Pública, rechaza la resolución del GNB (y, en
particular, “la actuación de las carteras que impulsaron
la liberación de los eventos”), solicita al gobierno
que suspenda la aplicación de la resolución y promueva
“el más amplio debate” sobre los riesgos implícitos,
considera beneficiosa “la aprobación de una ley nacional
de etiquetado transgénico”, llama a la reflexión
pública sobre bioseguridad, con el objetivo de legislar al
respecto, y afirma la necesidad de contar con una “estrategia
integrada de ambiente y salud”.
Amanda
Muñoz
Diciembre 2017