Uruguay
aumenta su emisión de carbono a la atmósfera al transformar
sus pastizales en tierras de cultivo
Investigación arroja que el cambio de uso del suelo de pastizales
del sur del país a cultivos como la soja multiplica por siete
la emisión de carbono que hacemos a la atmósfera.
Es posible que el PIT-CNT no se haya enterado, pero hay otra LUC que
tal vez sumaría tantas o más adhesiones en su contra.
Claro que para ello por LUC no hay que entender “ley de urgente
consideración” sino “land use change”, que
en español vendría a ser cambio del uso del suelo (CUS).
La LUC o el cambio del uso del suelo está fuertemente asociada
a la pérdida de biodiversidad, de servicios ecosistémicos
y a varios de los factores que nos llevan al colapso de todos los indicadores
sobre la salud del planeta. ¿Problemas con la calidad del agua?
Seguro la LUC tiene algo que ver. ¿Especies de fauna y flora
amenazadas? Apuesta casi segura a que el cambio del uso del suelo tiene
alguna relación. ¿Tóxicos en el ambiente? ¿Plásticos?
¿Erosión de las dunas? LUC, LUC, LUC. O CUS, CUS, CUS.
El cambio
del uso del suelo abarca múltiples fenómenos, desde el
avance urbano sobre zonas naturales y costeras hasta la tala de bosques
para emprendimientos agrícolas o ganaderos como sucede en el
Amazonas. Sin embargo, en Uruguay el mayor problema ambiental no es
la deforestación, ya que de hecho tenemos una forestación
con monocultivos que no está exenta de varios problemas. Aquí
el paisaje más afectado por el cambio del uso del suelo (si quitamos
la urbanización) no son los bosques sino los pastizales.
“En
Uruguay, el cambio en el uso de la tierra ha sido relativamente moderado
en el contexto de los pastizales del Río de la Plata, pero la
conversión de tierras silvestres y pastizales en tierras de cultivo
(principalmente soja) y plantaciones forestales exóticas (principalmente
eucaliptos) se ha acelerado en las últimas dos décadas”,
decía un artículo científico de Alejandro Brazeiro,
Marcel Achkar, Carolina Toranza y Lucía Bartesaghi que
abordamos en una nota anterior. Allí quedaba claro que el
ecosistema dominante en nuestro país hasta la llegada de los
colonizadores, que abarca 80% del territorio de lo que hoy es Uruguay,
eran los pastizales, praderas y bosques abiertos. Para 2015 los investigadores
estimaban en 20% la pérdida de pastizales, ya que por aquel entonces
abarcaban apenas 60% del territorio. Alejandro Brazeiro declaraba a
la diaria que los pastizales “son de los ecosistemas
más vulnerables al cambio de uso del suelo, porque la agricultura
y la forestación se ‘ponen’, por así decirlo,
arriba del pastizal”.
Como el pastizal
no tiene tantos defensores como los bosques del Amazonas, recordemos
algunos datos crudos: en los pastizales de nuestro país viven
222 de las 351 especies de aves (62,67%) registradas para Uruguay, 55
de las 74 de mamíferos (74,32%), 36 de las 65 de reptiles (55,3%),
cuatro de las 48 de anfibios (8,33%) y 114 de las 315 especies de plantas
leñosas (36,19%). La reciente publicación de un artículo
en la revista JournalofLand Use Science aporta nuevos elementos sobre
algunos de los aspectos negativos de transformar pastizales en tierras
de cultivos.
Cambiar
no siembre es bueno
“Durante
décadas, ha habido una conversión del uso de la tierra
(LUC) en todo el mundo de ecosistemas de pastizales naturales a tierras
de cultivo para aumentar las ganancias agrícolas y satisfacer
la creciente demanda de alimentos, piensos y fibra”, afirman César
Izaurralde, José Castaño y Stephen Prince, del Departamento
de Ciencias Geográficas de la Universidad de Maryland, Estados
Unidos, en el artículo llamado “Las conversiones del uso
de la tierra de pastizales con manejo a tierras de cultivo en Uruguay
aumentan las emisiones netas de carbono a la atmósfera a mediano
plazo”.
En su artículo,
publicado este mes, señalan que los pastizales templados “representan
una gran fracción de la vegetación de la Tierra”
y que grandes extensiones de ellos, con tierras de cultivo asociadas,
“se encuentran particularmente en las latitudes medias de Asia,
América del Norte y América del Sur”. También
dicen que “los pastizales de la pampa son una de las regiones
de pastizales templados más grandes del mundo, ocupando más
de 700.000 km² en el este de Argentina, Uruguay y el sur de Brasil”.
También afirman que esta unidad biogeográfica “ha
sido ampliamente modificada por las actividades humanas”, contribuyendo
hoy en día “significativamente al comercio nacional e internacional
de productos agrícolas, induciendo así cambios extensos
e intensivos en el uso y cobertura del suelo y, al hacerlo, afectando
el ciclo del carbono y las propiedades de los ecosistemas”.
Sobre Uruguay
señalan que “a diferencia de otras regiones, todavía
tiene un alto porcentaje de pastizales, por lo que son vulnerables al
cambio de uso del suelo” y reportan que entre 1999-2010 “Uruguay
expandió su área de cultivo de 200.000 hectáreas
a más de 1.000.000 de hectáreas, principalmente debido
al cultivo de soja (Glycine max) y trigo (Triticum aestivum)”.
En esa década, citando datos del Ministerio de Ganadería,
Agricultura y Pesca, del antiguo Ministerio de Vivienda, Ordenamiento
Territorial y Media Ambiente y de la FAO, sostienen que “el área
cubierta de pastizales disminuyó de 67,4% a 61,4%”, proceso
que “tuvo lugar principalmente en la región centro-sur
de Uruguay”.
Los autores
del artículo contrastan que pese a esos cambios “actualmente
se carece de una cuantificación de la intensidad y el alcance
de los impactos potenciales del uso del suelo y los cambios en el manejo
sobre la calidad del suelo y el ciclo del carbono”. Si bien hay
trabajos sobre varios de estos aspectos (por ejemplo, sobre
empobrecimiento de los suelos), la idea de cuantificar cómo
impacta este cambio del uso del suelo –¡la LUC!– en
el ciclo de carbono seduce. El dióxido de carbono es el principal
gas de efecto invernadero producido por la acción humana, y ello
es relevante porque el efecto invernadero nos lleva de las narices al
calentamiento global y el cambio climático.
¿Si
la pérdida de biodiversidad y de ecosistemas no fuera suficiente
razón para proteger o cuidar los pastizales, habrá cambios
en las emisiones de carbono por este cambio de uso del suelo? Esto último
es lo que el artículo ahora publicado pretende analizar: como
su segundo objetivo señalan “abordar los posibles impactos
en el flujo de carbono del cambio de uso del suelo si todas las áreas
adecuadas para cultivar se convirtieron de pastizales a tierras de cultivo”.
Para darse para adelante, agregan que, hasta donde saben, “esta
es una contribución original para simular la productividad de
los pastizales y los flujos de carbono en condiciones de cambio de uso
del suelo en los pastizales del Río de la Plata”.
Modelos
Para contestar
su pregunta los investigadores recurrieron a un modelo que calibraron
con datos locales. “Se seleccionó el modelo EPIC para simular
procesos agroecológicos clave asociados con las conversiones
de pastizales y tierras de cultivo, como el crecimiento de las plantas,
el rendimiento de las plantas, el balance hídrico, la erosión
del suelo, la dinámica del carbono del suelo, el ciclo de nutrientes
y emisiones de gases de efecto invernadero”, describen, aclarando
que si bien se trata de “un modelo de simulación de sistemas
de cultivo desarrollado originalmente en la década de 1980 para
estimar los efectos de la erosión en la productividad del suelo
en todo Estados Unidos”, se ha mejorado desde entonces “mediante
la adición de algoritmos para simular el ciclo del nitrógeno,
el carbono y el fósforo, la calidad del agua, el efecto de la
concentración de CO2 atmosférico y los cambios climáticos”.
El estudio
se basa en gran parte del territorio al sur del río Negro de
nuestro país, dejando por fuera Montevideo, San José,
Canelones y partes de Rocha, Colonia, Soriano, Cerro Largo y Treinta
y Tres. En esta zona usaron su modelo para estimar cuánta serían
las emisiones netas de carbono tanto en las zonas de pastizales con
ganadería como en las zonas de cultivo.
Tras dar
algunos datos sobre la ganadería en estos pastizales, sobre los
cultivos señalan que se trata de “un sistema de producción
de cultivos de secano. En promedio, las fincas tienen un tamaño
de 775 hectáreas y son de propiedad privada. Y una alta proporción
se alquila mediante contratos de corta duración”. También
dicen que “aproximadamente la mitad del área de cultivo
está bajo una rotación verano-invierno, mientras que la
otra mitad está bajo una rotación verano-verano”
y que “en el área de estudio, el principal cultivo de invierno
es el trigo y el principal cultivo de verano es la soja, seguida del
sorgo”.
Sobre el
“intercambio neto del ecosistema” definen que se trata de
“el flujo neto de CO2 entre el ecosistema terrestre y la atmósfera;
un signo negativo de intercambio neto de ecosistemas indica absorción
de carbono en la biosfera, mientras que un valor positivo denota emisión
neta a la atmósfera”, o dicho de otra forma, pasar raya
entre el consumo y emisiones de carbono tanto de los pastizales con
ganadería como de los cultivos de la zona.
Emitiendo
Tras aplicar
su modelo y calibrarlo, los investigadores tuvieron datos sobre el flujo
netos de carbono de cada uno de los dos sistemas. Y lo que vieron, como
habrán adivinado por la introducción de la nota o por
el título, le da un espaldarazo al pastizal.
“El
modelado del intercambio neto del ecosistema mostró que, en promedio,
las emisiones de carbono de los pastizales eran casi neutrales (0,1
Mg CO2 por hectárea al año), mientras que las tierras
de cultivo contribuían casi 7 veces este valor”, señalan
en el trabajo publicado. Dado que un Mg es un millón de gramos,
es decir, 1.000 kilos o una tonelada, nuestros campos con pastos emiten
100 kilos de dióxido de carbono al año por hectárea,
mientras que los cultivos de soja y otros emiten unos 700 kilos al año.
Por eso dicen que “ambos ecosistemas emitieron CO2 a la atmósfera
o actuaron como fuente de carbono del suelo; sin embargo, mientras que
el pastizal estaba cerca de ser carbono neutral, los cultivos emitían
una cantidad considerable”.
En su trabajo
pretendían evaluar cómo impactaría el cambio de
uso del suelo el flujo del carbono. Para ello analizaron “el impacto
probable de cambios hipotéticos en el uso del suelo en los flujos
de carbono del ecosistema cuando toda el área potencialmente
cultivable se convirtió de pastizal a tierra de cultivo, considerando
el monocultivo de soja como la opción con más probabilidades
de causar el impacto más negativo en el medioambiente”.
Para estas estimaciones, lo que hicieron fue basarse en datos de las
tierras más aptas para los cultivos y asumieron que en el mediano
plazo –unos 15 años– todas serían convertidas
a plantaciones de soja (algo no muy alocado, ya que en un artículo
reciente se habla de sojaceno, algo así como “la época
de la soja”, parafraseando al “antropoceno”).
Tras hacer
sus estimaciones, basados en las emisiones de carbono de uno y otro
ecosistema, informan que “la conversión a tierras de cultivo
produjo una alteración significativa del ciclo del carbono en
toda la región de estudio. En promedio, las emisiones netas de
carbono de las tierras de cultivo contribuyeron con siete veces más
carbono a la atmósfera (y mostraron una mayor variabilidad) que
las emisiones de los pastizales”.
Por esto,
dicen que sus resultados “resaltan el riesgo potencial de una
conversión extendida del uso del suelo en el ciclo del carbono,
cambiando de un sistema de carbono casi neutro (pastizales) a una fuente
de carbono (tierras de cultivo)”. De todas formas, dejan la puerta
entreabierta: “Esto podría mejorarse si, antes de la conversión,
se adoptan estrategias de mitigación que consideren la idoneidad
de los diferentes cultivos del suelo en las diferentes escalas espaciales
(región, finca y parcela)”, dicen en el artículo.
También
destacan que “en los ecosistemas de pastizales, el pastoreo del
ganado juega un papel importante en la regulación del stock y
la dinámica del carbono” y dejan constancia de que en su
modelado asumieron “un pastizal bien manejado con una tasa de
carga fija que cubre los requerimientos de nutrientes de los animales
anualmente”. Pero dado que observan que “los pastos en la
región de estudio, bajo pastoreo continuo durante todo el año,
están sujetos a ciclos de sobrepastoreo y subpastoreo, y estos
procesos ocurren en escalas temporales y espaciales” se ven llevados
a afirmar que “aunque el manejo actual de los pastizales fue cercano
al carbono neutral, se puede mejorar mediante el manejo del pastoreo
y ajustes de la tasa de carga ganadera”, algo en lo que varios
investigadores de nuestro país ya vienen trabajando desde hace
tiempo.
Más
allá del modelo que utilizaron y de sus posibles limitaciones,
más allá de que hay varios trabajos que evalúan
las emisiones de carbono de nuestros pastizales, el trabajo aporta una
nueva mirada al poner el foco en el cambio del uso de la tierra. Transformar
más pastizales en plantaciones de soja puede ayudar a la balanza
comercial en el corto plazo. El asuntopasa por levantar un poco la mirada.
Leo Lagos
22 de junio
de 2021
Artículo:
“Land-use conversions from managed grasslands to croplands in
Uruguay increase medium-term net carbon emissions to the atmosphere”
Publicación: Journal of Land Use Science (junio de 2021) Autores:
José Castaño-Sánchez, César Izaurralde,
Stephen Prince.
La
diaria