Nuevos
cultivos transgénicos, tanto de soja como de maíz, serían
aprobados para esta zafra por la Comisión de Evaluación
y Riesgo del Gabinete Nacional de Bioseguridad.
La
aprobación de nuevos cultivos de soja estaría destinada
a la producción de semillas a ser exportadas a Estados Unidos,
para ser sembradas contra estación. Esta modalidad ya fue aplicada
en la zafra anterior y ahora se proyecta duplicar las áreas sembradas
con cultivos que no están aprobados para ser sembrados y comercializados
en Uruguay. Sin embargo, nada garantiza que estos nuevos cultivos de
soja –que tendrían tolerancia a más de un herbicida-
no contaminen a los cultivos ya aprobados.
Las
empresas semilleras han solicitado también ensayos de campo de
dos maíces “triples”, con tres modificaciones genéticas,
que combinan tolerancia a glifosato y con resistencia a diversos insectos.
El
Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, dependencia encargada
de presidir el Gabinete Nacional de Bioseguridad (creado en julio 2008
y conformado por los ministerios de Medio Ambiente, Economía
y Finanzas, Relaciones Exteriores, Industria y Energía y Salud
Pública), ha publicado en agosto en su página, bajo el
título “Participación ciudadana – Consulta
pública” una serie de informaciones con respecto a nuevos
cultivos transgénicos.
Primero
que nada llama poderosamente la atención el título, ya
que en dicha información no aparece la opinión de productores
y menos aún de la sociedad civil, o sea que mal podría
hablarse de participación ciudadana, si ni siquiera están
incluido los más afectados, los pequeños productores.
También
se hace mención sobre impacto en la biodiversidad de los cultivos
transgénicos. Con respecto al maíz dice que no son esperables
riesgos significativos, dado que el Uruguay no es centro de origen del
maíz, aunque en Uruguay existen variedades criollas y de desarrollo
local. Sin embargo pareciera que esto último no es importante
para el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca.
La
información agrega que, con respecto a la probabilidad de generación
de resistencia de insectos y malezas, si bien existe experiencia a nivel
nacional en el uso de cultivos transgénicos con características
individuales similares a las nuevas, se “enfatiza la importancia
de que los eventos con tolerancia al herbicida glifosato estén
acompañados de sus respetivos paquetes tecnológicos generados
en Uruguay, bien diferentes en el caso de enmalezamientos de verano
a las situaciones de Argentina y no extrapolables…” “…con
el compromiso de todas las Instituciones de colaborar para preservar
nuestro actual status de libre de resistencia a glifosato que es parte
del posicionamiento en el mundo del Uruguay Natural”.
Es
interesante resaltar que en ambos comentarios hay un reconocimiento
de deterioro a la biodiversidad: por un lado, contaminación de
los maíces criollos y de desarrollo local por transgénicos
y por otro lado temor de generar resistencia en insectos y malezas.
En
relación a la aparición de “malezas resistentes”,
autoridades de distintos organismos del estado están en conocimiento
de este hecho, y también se sabe que cada vez se deben hacer
mayores aplicaciones de herbicidas y más potentes para poder
controlarlas. O sea, que hablar de la supuesta pérdida del posicionamiento
en el mundo del Uruguay Natural, es un slogan de un tiempo pasado y
seguir utilizándolo es tratar de cubrir el sol con el dedo meñique.
La aparición de resistencia en insectos es cuestión de
tiempo, si es que aún no está registrada.
Pero
lo que más llama la atención es la pérdida total
de significado del slogan “Uruguay Natural”. ¿Cómo
puede un país “natural” basar dicho posicionamiento
en el hecho de ser “libre de resistencia a glifosato”? ¿No
sería más razonable que para ser “natural”
tuviera que ser “libre de glifosato y agrotóxicos en general?
Por
otro lado, cabe señalar que la biodiversidad de maíces
criollos o desarrollados localmente, no está protegida. El productor
que ha conservado estos maíces por generaciones y generaciones,
no tiene la posibilidad de saber si sus maíces han sido contaminados
por transgénicos o no, básicamente porque los registros
de los productores y los lugares donde el maíz transgénico
ha sido sembrado no son de acceso público.
Dicha
falta de acceso se produce a pesar de que la ley 18.981 establece que
esta información es pública.
La
Dirección Nacional de Medio Ambiente, organismo dependiente del
Ministerio de Medio Ambiente, encargado de llevar los registros de donde
y quien siembra maíz transgénico, al serle solicitad dicha
información en noviembre 2009, aprueba su acceso, pero la Cámara
de Semillas se opone. El Ministerio de Medio Ambiente solicita al Consejo
Ejecutivo de la Unidad de Acceso a la Información Pública,
que proceda frente a dicha negación y éste resuelve, en
abril 2010, que la misma se haga pública. Sin embargo, la Cámara
de Semillas se niega por segunda vez en mayo 2010.
A
la fecha, no se ha tenido respuesta positiva por parte del Ministerio
de Medio Ambiente, organismo que cuenta con los registros y además
es miembro del Gabinete de Bioseguridad. Es decir, que seguimos sin
saber donde se ha sembrado maíz transgénico por la sola
razón de que una cámara empresarial lo impide.
El
avance de los cultivos transgénicos sigue en ascenso, visualizándose
nuevas autorizaciones, con un mayor uso de agrotóxicos. Como
resultado, la población sufre los impactos del uso masivo de
los agrotóxicos, pérdida de la biodiversidad, poblaciones
rodeadas por fumigaciones áreas y terrestres y productores expulsados
de sus tierras, engrosando lenta y firmemente asentamientos irregulares
que crecen como hongos en distintos puntos del país.
Por
otro lado, en el campo y en la capital, se visualiza como las multinacionales
controlan no solo sus semillas y su paquete de agroquímicos,
sino también los hilos del control del estado. El Gabinete Nacional
de Bioseguridad, supuestamente creado para defender la biodiversidad,
solo apuesta a defender los intereses de las multinacionales, dejando
la bioseguridad, convertida en bio–inseguridad, en tanto que la
Cámara de Semillas sigue imponiendo su veto a la difusión
de información.
RAPAL
Uruguay
Agosto 2010