Cultivos transgénicos:
la coexistencia imposible
A mediados del mes de julio, durante
el Consejo de Ministros realizado en la ciudad de San Carlos, el ministro
de Ganadería, Agricultura y Pesca, Ernesto Agazzi, anunció
el fin de la moratoria de 18 meses impuesta por el gobierno para definir
la nueva política sobre cultivos genéticamente modificados.
Esta moratoria implicó la no autorización de nuevos cultivos
transgénicos hasta no tener un marco regulatorio para determinar
en qué condiciones los nuevos cultivos serían aprobados.
En ese consejo, el ministro señaló
que Uruguay manejará una política de "coexistencia
regulada en la utilización de transgénicos, creando una
estructura institucional nueva".
Anunció también la
creación de un gabinete ministerial, conformado por Ganadería,
Agricultura y Pesca, Salud Pública, Economía y Finanzas,
Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente y Relaciones Exteriores,
que será el encargado de definir los lineamientos y aprobar las
autorizaciones. Es decir, que la sociedad civil no será parte
ni tampoco tendrá participación alguna en las decisiones
de dicho gabinete.
Es importante destacar que el levantamiento
de la moratoria viene acompañado de lo que se ha dado en llamar
la “coexistencia” entre los cultivos transgénicos
y los convencionales. ¿Es posible esa “coexistencia”?
La contaminación
genética
Lo primero a destacar es que la
contaminación genética del maíz ya ha sido ampliamente
comprobada a nivel mundial. Es decir, que se constató que el
polen del maíz transgénico fecunda las flores del maíz
no transgénico, cuyas semillas resultan por tanto contaminadas
con genes del maíz transgénico. Esto se conoce a tal punto
que ésta ha sido una de las razones por las que Francia y otros
países de la Unión Europea suspendieron a principios de
este año la siembra de maíz transgénico Mon 810
de la multinacional Monsanto, por no ser posible evitar la contaminación
hacia los cultivos no transgénicos y la no autorización
se estableció con respecto al maíz transgénico
Bt11 de la empresa Syngenta. Ambos maíces transgénicos
se cultivan en Uruguay desde 2003 y 2004, y a la fecha no se ha realizado
una evaluación de sus impactos, ni de la posible contaminación
que estos cultivos hayan causado, a pesar de que su consumo es tanto
para alimento humano como animal.
Uso masivo de agrotóxicos
El segundo aspecto a tomar en cuenta
para analizar la “coexistencia” es que los cultivos transgénicos
están asociados al uso masivo de agrotóxicos, en particular
herbicidas e insecticidas. Ello implica la imposibilidad de que estos
cultivos puedan coexistir con productores convencionales y orgánicos
dado que las fumigaciones tanto terrestres como aéreas son constantes
y realizadas con agrotóxicos altamente contaminantes.
Como prueba de lo anterior, cabe
señalar que ya se han registrado denuncias de productores hortícolas
en el departamento de Canelones por quema de sus cultivos como resultado
de las fumigaciones áreas de sojeros de esta zona. A su vez,
los productores apícolas y los pescadores se ven afectados por
los agrotóxicos asociados a los cultivos transgénicos,
habiéndose detectado muertes de cientos de colmenas y de peces
en distintos lugares del país causadas por los agrotóxicos
usados en estos cultivos.
A lo anterior se suman los impactos
sobre especies nativas de la flora y la fauna. A pesar de que el propio
decreto de la moratoria destaca que Uruguay tiene en su pastura natural
“una riqueza biológica única en el mundo”
(1) no se han evaluado los efectos sobre la biodiversidad
por el uso masivo de herbicidas (tales como glifosato, atrazina, paraquat
y 2,4D). Tampoco se han evaluado los impactos del uso de insecticidas
y funguicidas en los ecosistemas del país.
Por otro lado, el uso también
masivo de fertilizantes químicos está provocando la eutrofización
de los cuerpos de agua, es decir, que por un exceso de nutrientes, la
superficies del agua se cubre de plantas flotantes que consumen gran
parte del oxígeno del agua, afectando así a las especies
que allí habitan.
También se ha comprobado
que el uso de fertilizantes nitrogenados provoca efectos directamente
relacionados con el cambio climático, puesto que dan lugar a
la generación de óxido nitroso, un potente gas de efecto
invernadero.
Los cultivos transgénicos
también han demostrado no poder “coexistir” con las
personas y se ha registrado un aumento de intoxicaciones por el uso
de agrotóxicos vinculados a los mismos. Comunidades que habitan
en los departamentos de San José, Canelones y Soriano, entre
otros, han denunciado fumigaciones aéreas sobre escuelas y vecindarios.
Moratoria y después
Al decretar la moratoria, el Poder
Ejecutivo emitió un decreto, uno de cuyos artículos decía
que durante el año y medio que duraría ésta, el
grupo de trabajo asignado elaboraría un marco regulador que comprendería,
entre otros temas, los eventuales impactos para la salud humana, las
amenazas para el medio ambiente, la relación con la agricultura
tradicional, natural y orgánica y los mecanismos de información
al consumidor. (2)
Ahora la moratoria se ha levantado
y se ha decretado la “coexistencia”, pero esos puntos no
han sido tomados en cuenta. Con respecto al mecanismo de información
al consumidor, el ministro Agazzi anuncia que el etiquetado de los alimentos
transgénicos será voluntario: “nosotros hemos optado
por el etiquetado voluntario en el sentido de quien produzca alimentos
libres de transgénicos va a tener la voluntad de comunicarlo
y además el etiquetado va por cuenta de quien lo ofrece. Se supone
que en alimentos donde haya una demanda fuerte para que no sean transgénicos,
los consumidores van a estar de acuerdo en pagar un poco más,
teniendo la garantía de que no son transgénicos.”
(3)
Ello es doblemente injusto. Por
un lado, porque obliga a quienes producen alimentos naturales a gastar
un dinero que debería ser gastado por quien produce alimentos
transgénicos y por otro lado, porque obliga a los pobres a comprar
y consumir lo más barato: los transgénicos.
El que tiene dinero podrá
pagar por un alimento no transgénico, pero lo más increíble
es que aunque se tenga el dinero, llegará el momento en que no
será más posible adquirir alimentos no transgénicos,
ya que la “coexistencia” resultará, más a
la corta que a la larga, en contaminación genética.
En lo que respecta a los impactos
sobre la salud humana, las amenazas para el medio ambiente y la relación
de los transgénicos con la agricultura tradicional, natural y
orgánica, no tenemos noticias de que el grupo de trabajo establecido
al momento de establecerse la moratoria haya elaborado un marco regulatorio
que tome en cuenta esos aspectos.
En resumen, aceptar la coexistencia
de los cultivos transgénicos con los no transgénicos implica
aceptar sus impactos altamente negativos, que causan destrucción
al medio ambiente, a la salud de las personas y cierran el paso a la
producción de alimentos naturales y sanos. La coexistencia simplemente
no es posible y menos aún con el Uruguay Natural que en algún
momento el país quiso promocionar.
María Isabel Cárcamo
Agosto 2008
(1) http://webs.chasque.net/~rapaluy1/noticias/Moratoria.html
(2) http://www.presidencia.gub.uy/_Web/noticias/2008/07/2008071410.htm
(3) idem