Otro Premio Nobel para la ingeniería genética

Octubre es la temporada de los Premio Nobel, y aunque mucha de la atención del público se centra en el Premio Nobel de la Paz, que este año fue otorgado, de manera muy merecida, a la jueza sudafricana Navy Pillay, poca atención se presta mucha atención a otras categorías, y sus implicaciones.

Sobre el Premio Nobel de Medicina 2026, que se lo resume como “el revolucionario avance que permite controlar la actividad neuronal -activar o silenciar neuronas- con luz”, fue otorgado a Karl Deisseroth, Peter Hegemann y Georg Nagel, quienes ganaron por “su trabajo en los canales iónicos activados por la luz y desarrollar la optogenética, una técnica que permite controlar neuronas con precisión de milisegundos mediante pulsos de luz”.

La optogenética convierte la luz en un interruptor que actúa sobre neuronas seleccionadas y permite comprobar, con precisión temporal, cómo un circuito específico interviene en una función del organismo.

Con ingeniería genética se puede introducir en las neuronas en las que se quiere intervenir, un interruptor de luz que puede pender o apagar la neurona. Podría decirse que se puede “hackear el cerebro humano”.

El cerebro humano opera a través de miles de células nerviosas llamadas neuronas, las cuales se comunican entre si mediante impulso eléctricos y químicos combinados. La farmacología ha desarrollado fármacos para controlar estas interacciones, pero con poca especificidad. La optogenética dice ser específica.

El origen genético del trabajo de los galardonados Peter Hegemann y Georg Nagel se hizo con algas verdes (que necesitan orientarse hacia la luz para sobrevivir) identificando la proteína canalrodopsina, sensible a fotones de luz. Estas proteínas funcionan como interruptores para el paso de iones en las células; son como compuertas que se abren en contacto con el fotón de luz hacia la célula.

A continuación, se introdujo la proteína en tejido neural de mamíferos con el uso de vectores virales. Las neuronas transgénicas empezaron a sintetizar canalrodopsina y de esa manera adquirieron estos interruptores lumínicos. El siguiente paso fue someterlas a luz láser, con una longitud de onda muy específica, para estudiar su comportamiento.

Se dice que esta tecnología permite activar o inhibir grupos exactos de neuronas para estudiar cómo influyen en el movimiento, la memoria, el sueño, las emociones y la conducta. Es importante señalar que hasta el momento, ninguna de estas tecnologías de manipulación molecular son exactas; puesto que se trabajan con células vivas que mutan, migran, se reproducen, a lo que se añade que hay una gran cantidad de vacíos en el conocimiento sobre el comportamiento celular y de la genética.

En principio se dice que esta tecnología va a facilitar la investigación de enfermedades neurológicas y psiquiátricas complejas (como trastornos afectivos o el autismo), recuperar funciones como la visión y entender cómo funcionan los recuerdos… pero también pueden darse aplicaciones muy peligrosas, pues se ha abierto una puerta para manipular el comportamiento humano.

Al Premio Nobel 2026 de Medicina, se suman una gran cantidad de otros, otorgados a científicos que dieron los pasos decisivos para la creación de organismos genéticamente modificados, como el Premio Nobel de Química 2020 que se le entregó a las dos científicas que desarrollaron la tecnología CRISPR o tijeras genéticas, con la que se trabaja la mayoría de investigaciones de edición génica.

Fuene: Red por una América Latina Libre de Transgénicos (RALLT)

Octubre 2026