Uruguay: reuniones internacionales y uso de agrotóxicos

A nivel mundial hay Acuerdos Internacionales que evalúan y dan seguimiento a los impactos de las sustancias tóxicas utilizadas tanto en el agro como a nivel urbano, clasificándolas según su toxicidad y peligrosidad.

El Convenio de Estocolmo, tiene como objetivo la eliminación de sustancias denominadas Contaminantes Orgánicos Persistentes (COP). Tras un debate a nivel global, las sustancias químicas que por sus características de ser persistentes, bioacumulativas y tóxicas y, por lo tanto, provocar efectos adversos y significativos en la salud humana y el ambiente, son catalogadas como COP. Estas son incorporadas a una lista, que es parte del Anexo A del Convenio de Estocolmo, con el fin de que sean eliminadas con ciertas excepciones.

El Convenio de Róterdam, establece un procedimiento de Consentimiento Fundamentado Previo (CFP) para la importación de productos químicos considerados peligrosos, en el cual el país exportador debe informar al país importador cuáles son los riesgos de esa sustancia. Esto no implica la prohibición de la sustancia, sino que la misma pasa a ser parte del Artículo III del Convenio y debe cumplir con un procedimiento de CFP. 

En los meses de abril y mayo de este año ambos convenios celebraron sus reuniones periódicas en Ginebra, Suiza. Uruguay estuvo presente en estas reuniones con representantes de los Ministerios de Medio Ambiente y de Agricultura, Ganadería y Pesca y con representantes de la Misión Permanente de Uruguay ante la Organización de las Naciones Unidas.

La posición de Uruguay específicamente sobre el clorpirifós y el carbosulfán, dos insecticidas extremadamente tóxicos, durante estas reuniones fue contradictoria con el espíritu de estos Convenios y desesperanzadora.

A pesar de que el clorpirifós fue incluido en el Anexo A para ser eliminado por sus efectos adversos tóxicos en la salud humana, animal y en el ambiente ampliamente reconocidos mundialmente, durante la reunión Uruguay solicitó una exención de su uso en el cultivo de sorgo y maíz transgénicos.

En cuanto al carbosulfán, Uruguay apoyó su incorporación al Anexo III, mientras reconoce que se sigue utilizando en nuestro país para el control de plagas en diversos cultivos, principalmente en la papa.  

Uruguay asume compromisos a nivel internacional

Punta del Este fue sede -en junio de este año- de varias reuniones vinculadas al Marco Mundial sobre Productos Químicos (GFC por sus siglas en inglés).

El Marco Mundial sobre Productos Químicos por un planeta libre de los daños derivados de las sustancias químicas y sus desechos es un acuerdo multisectorial que enfatiza la importancia del involucramiento y la participación significativa tanto de los gobiernos como de las organizaciones no gubernamentales de una amplia gama de sectores en este tema. Este Marco internacional aborda la mayoría de las preocupaciones mundiales referentes a sustancias químicas. Aunque no es jurídicamente vinculante, expresa los compromisos -adoptados por los gobiernos y las múltiples partes interesadas- que se deben de respetar.

El enfoque principal de estas reuniones fue la puesta en funcionamiento de programas para la gestión de químicos y sus desechos, donde se destacó la necesidad de implementar el programa Alianza Global para la Eliminación de los Plaguicidas Altamente Peligrosos (PAP).

Uruguay, como país anfitrión, dio el discurso de apertura y participó activamente del proceso de negociaciones. El Director Nacional de Calidad y Evaluación Ambiental del Ministerio de Medio Ambiente, el Ingeniero Químico Alejandro Nario, comenzó diciendo que “nos alegra profundamente ver cómo este nuevo Marco se consolida como un espacio dinámico de cooperación y avance continuo”. Luego agregó que “Desde Uruguay, respaldamos plenamente el espíritu de este encuentro: avanzar hacia un planeta libre de daños por productos químicos y sus residuos. Resulta fundamental que el abordaje de las cuestiones de interés y los temas emergentes de política supere enfoques parciales o demasiado restringidos. Uruguay considera clave avanzar hacia miradas más integrales.”

Uruguay se comprometió a trabajar para eliminar los PAP: “Expresamos nuestro compromiso con trabajar sustantivamente en el tratamiento y control de plaguicidas altamente peligrosos, que representan una seria amenaza para la salud humana y los ecosistemas”.

Nario ve un gran potencial en el Marco Global y reconoce que “sin capacidades instaladas, sin reglas claras, sin mecanismos financieros y sin voluntad política sostenida, todo ese conocimiento no logra traducirse en cambios reales. Todas y todos los aquí presentes sabemos que hablar de implementación implica reconocer que los convenios por sí solos no alcanzan. La aplicación efectiva requiere herramientas concretas: acceso real a tecnologías limpias, cooperación técnica y financiamiento adecuado”.

Se refirió también al enfoque de Sostenibilidad desde el Diseño. “No podemos seguir atrapados en una lógica reactiva, tratando de mitigar los impactos una vez que los daños ya están hechos. Necesitamos anticiparnos. Apostar al diseño seguro desde el inicio —en los productos, procesos y materiales— es la única forma real de reducir riesgos, evitar residuos peligrosos y proteger la salud y el ambiente sin costos crecientes ni soluciones cada vez más complejas e inaccesibles. Diseñar bien desde el comienzo no es solo más eficaz: es más justo, más inteligente y más sostenible”.

¿Qué son los Plaguicidas Altamente Peligrosos?

Un plaguicida altamente peligroso (PAP) se define como aquel que presenta altos niveles de riesgo agudo o crónico para la salud humana o el medio ambiente, de acuerdo con sistemas de clasificación internacionalmente aceptados como, por ejemplo, los de la OMS. También se considera PAP a aquellos plaguicidas que, aunque no estén clasificados internacionalmente, causan daños graves o irreversibles a la salud o al medio ambiente en las condiciones de uso en un país determinado.

En las últimas décadas, contribuir a mejorar la calidad de vida a través de la producción de alimentos sanos, se hace una difícil tarea como resultado de la contaminación generada por el uso masivo de plaguicidas.

Su utilización se da en toda la cadena productiva, desde la germinación de la semilla hasta la cosecha del alimento, y tienen la capacidad de causar distintos impactos, siendo todos ellos de gran preocupación. Efectos tóxicos agudos, o síntomas graves de intoxicación a las pocas horas de trabajar con ellos, si entran al organismo por la piel, ojos, o si son inhalados o ingeridos, pudiendo incluso causar la muerte. Efectos crónicos, que se desarrollan lentamente, generalmente como consecuencia de estar expuestos de manera repetida, por un tiempo prolongado, meses o años y a bajas dosis.

¿Cómo está Uruguay en cuanto a los PAP?

Entre los PAP que se siguen comercializando en Uruguay nos interesa destacar 5 de ellos que son extremadamente tóxicos, que afectan el sistema nervioso de los insectos y que han sido noticia en los últimos tiempos.

La Dirección General de Servicios Agrícolas resolvió la obligatoriedad de presentar recetas a los profesionales que recomienden el uso de neonicotinoides (clotianidin, imidacloprid, tiametoxam) y clorpirifós. Estableció las especificaciones para el uso de estas sustancias,  reconociendo que el uso de estos insecticidas puede ser potencialmente riesgosos para abejas, aves y la vida acuática. En dichas recetas se debe describir el producto, la dosis a usar, el cultivo y la ubicación exacta del lugar donde el producto va a ser aplicado.

El imidacloprid, el tiametoxam y el clotianidin pertenecen a la familia de los neonicotinoides, son utilizados como pesticidas sistémicos, es decir que actúan afectando el sistema nervioso de los insectos, sobreestimulando sus células nerviosas y/o causándoles una parálisis que les lleva a la muerte, generalmente, en pocas horas.

Los neonicotinoides tienen además un efecto residual prolongado. Recientemente el uso de ciertos productos químicos de esta familia está siendo restringido en algunos países debido a una posible conexión con el desorden del colapso en colonias de abejas.

En nuestro país, en mayo de 2024 se autorizó el uso de los productos registrados y formulados a base de algunos ingredientes activos, entre ellos: imidacloprid, tiametoxam y clotiniadin, de forma excepcional para combatir la chicharrita del maíz.

Además se utilizan como insecticidas, curasemillas y hormiguicidas en una amplia gama de cultivos, como ser granos, frutales, verduras, pasturas, ver detalles en el cuadro a continuación.

El clorpirifós es un insecticida organofosforado de amplio espectro, que mata los insectos por contacto, al dañar su sistema nervioso. Actúa inhibiendo la enzima acetilcolinesterasa, causando envenenamiento por colapso del sistema nervioso del insecto, provocando su muerte. Es altamente tóxico para abejas, peces y organismos acuáticos y muy tóxico para las aves. Esta enzima también está presente en las células nerviosas de los humanos, esto significa que la neurotoxicidad del Clorpirifós no se limita a los insectos.

A pesar de haberse incluido al clorpirifós en el Anexo A del Convenio de Estocolmo para ser eliminado por sus efectos adversos tóxicos en la salud humana, animal y en el ambiente ampliamente reconocidos mundialmente, Uruguay solicitó una exención para su uso en el cultivo de sorgo y maíz transgénicos.

También se utiliza en cultivos de cebolla, cítricos, soja, girasol, tomate, tabaco, papa, trigo, cebada, arándanos, manzana, pera, durazno, ciruela, avena y alfalfa.

Nos interesa destacar también al carbosulfán, insecticida y acaricida sistémico pero de la familia de los carbamatos, utilizado en la agricultura para controlar plagas en cultivos de pera, papa y cítricos. Los carbamatos tienen la capacidad de inhibir la acetilcolinesterasa, una enzima crucial en el sistema nervioso, lo que los convierte en neurotóxicos. El carbosulfán es efectivo tanto por contacto como por ingestión y tiene un efecto residual prolongado.

Si bien esta sustancia no está dentro de las que necesitan receta profesional, destaca porque los representantes de gobierno uruguayo si bien apoyaron su incorporación al Anexo III del Convenio de Rotterdam, al mismo tiempo reconocen que se continúa usando en el cultivo de la papa en nuestro país.

Fuente: Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca

Del dicho al hecho… Compromisos difíciles de cumplir

A pesar de la participación de Uruguay en estos procesos, lamentablemente vemos como el uso de estas sustancias químicas peligrosas sigue en aumento en nuestro país.

La situación se agrava aún más con el uso de Plaguicidas Altamente Peligrosos, dejando como resultado contaminación en el suelo, agua, aire, poblaciones linderas donde se aplica, y no menos importante a la población toda, al consumir alimentos a los que les han sido aplicados estas sustancias.

RAPAL-Uruguay concuerda con lo manifestado por el representante del Ministerio de Medio Ambiente, Alejandro Nario, durante la apertura de las reuniones realizadas en Punta del Este, “el papel clave de las organizaciones de la sociedad civil y de la comunidad académica como impulsores de la innovación y aliados fundamentales para una transformación sostenible. Su labor fortalece la legitimidad de los procesos al aportar evidencia, promover la participación y asegurar transiciones informadas y centradas en las personas”.

Es por eso que hoy destacamos la peligrosidad de estas sustancias y esperamos que el Ministerio de Medio Ambiente y el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca se pongan de acuerdo para la eliminación de las mismas a la brevedad posible.

RAPAL Uruguay

Julio 2025